UN BENEFICIO INESPERADO DE LA ACTIVIDAD FÍSICA: SU CAPACIDAD PARA REGENERAR ÓRGANOS Y TEJIDOS

Hacer deporte de forma regular estimula la regeneración de los tejidos y la producción de nuevos vasos sanguíneos.

Por  Joana Cachoeira Machado 


¿Por qué el deporte es tan bueno para la salud? Entrenar el cuerpo significa mejorar la eficacia física, es decir, la fuerza muscular, la eficacia cardiorrespiratoria y la composición corporal. Sin embargo, esto representa solamente una parte del os beneficios del realizar actividad deportiva con constancia.

Inicialmente destinada a adquirir conocimientos útiles para mejorar el rendimiento de los atletas profesionales, la fisiología del deporte ha desvelado los complejos mecanismos bioquímicos a través de los cuales la actividad física favorece la salud de todo el organismo, incluido el cerebro, al regular determinados procesos vitales. Conocerlos en profundidad permite identificar moléculas capaces de reproducir el efecto cuasi farmacológico del deporte, proporcionando así todos los beneficios de la actividad física a quienes, no por pereza, sino por enfermedad o vejez, ya no pueden moverse.

La actividad física pone en circulación moléculas que presiden, con su función reguladora, mecanismos vitales, de la inmunidad a la inflamación, que deben aprovecharse en términos preventivos y terapéuticos. Mientras tanto, las investigaciones revelan asombrosos poderes de regeneración de los tejidos. Por eso, el deporte va mucho más allá de la eficacia física: es un medio lúdico, al alcance de todos, poco costoso, pero sobre todo poderoso para proteger nuestra salud.
La contracción del músculo esquelético y el estrés mecánico producido por la actividad física promueven la secreción de moléculas y proteínas que se liberan en el torrente sanguíneo. Éstas inician una cascada de señales complejas que regulan las funciones de diversos órganos, como la neurogénesis, la angiogénesis, la síntesis de nuevas mitocondrias, la oxidación de los ácidos grasos y la regulación de la inflamación. 

Además, la actividad física aumenta los niveles de factor neurotrófico cerebral, una proteína neuroprotectora que estimula la neuroplasticidad y la neurogénesis, mediando los efectos positivos del deporte sobre la memoria y la cognición; mejora la capacidad de transporte de glucosa y la utilización de triglicéridos, y a nivel hepático ayuda a mantener bajo control la acumulación de grasa. Por último, reduce la inflamación, a pesar de su aumento inicial en la adaptación funcional aguda al estímulo del entrenamiento».

En resumen, la importancia de la actividad física radica en sus numerosos beneficios para la salud.  Recientemente, se ha puesto de manifiesto un beneficio inesperado de la actividad física: su capacidad para regenerar órganos y tejidos.

El primer tejido que obviamente se regenera con la actividad física es el tejido muscular. El ejercicio regular también contribuye a la regeneración del músculo cardíaco que, a diferencia del músculo esquelético, es un músculo involuntario que normalmente sufre un proceso de deterioro natural con el avance de la edad.

Las células que componen el hígado y garantizan su funcionamiento también se ven estimuladas por la actividad física, que contribuye así a la regeneración del órgano desintoxicante más importante de nuestro cuerpo.

Además, el ejercicio regular t tiene un impacto positivo sobre el sistema nervioso central y periférico. La actividad física regular requiere más sangre: se ha observado que el ejercicio estimula la producción de células madre hematopoyéticas, es decir, las células progenitoras de la sangre y de todos sus componentes.

La actividad física regular estimula el reciclaje del tejido cartilaginoso y óseo, y estimula la producción de nuevos vasos sanguíneos, lo que acelera la reparación tanto del cartílago como del tejido óseo. Estas respuestas fisiológicas se desencadenan tanto con el entrenamiento de potencia anaeróbica como con el de resistencia aeróbica. Las directrices internacionales, que no contemplaban el trabajo de sobrecarga, indican ahora que deben incluirse dos sesiones semanales de entrenamiento de fuerza. Sin embargo, no se trata sólo de hacer un paseo. No basta con moverse! Hay que cruzar ese umbral crítico a partir del cual el ejercicio puede desempeñar su función crucial. Para establecer el nivel mínimo adecuado para cada individuo y modular en consecuencia la frecuencia, la intensidad, el tiempo y el tipo de actividad sin riesgo de lesiones, incluso en caso de edad avanzada y enfermedad, hay que consultar a un médico

Por último, recordar que cuando hablamos de actividad, nos referimos a cualquier movimiento del cuerpo que implique al sistema muscular y requiera un gasto de energía. Puede incluir ejercicios como correr o levantar pesas, pero también actividades cotidianas como subir y bajar escaleras o trabajar en el jardín.

 

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