Este monólogo recorre la historia de la televisión en clave de humor con un comunicador que ha convertido la nostalgia pop en un refugio sociológico.
Por Estíbaliz Cazorla
Sebastián Gallego se sube al escenario para demostrarnos que la cultura televisiva de los 2000 es mucho más que un placer culpable: es nuestro verdadero patrimonio emocional. Hay un territorio difuso, casi un no-lugar, en el que toda una generación ha decidido instalarse de forma clandestina. Un espacio donde conviven, sin pudor ni contradicción, el ritual estético de un matcha latte de especialidad y la memoria vívida de una tarde de domingo viendo El diario de Patricia. Durante mucho tiempo, hemos creído que la madurez intelectual consistía en renegar de nuestro pasado para abrazar la sofisticación, pero la realidad es que somos el producto exacto de esa mezcla.
Somos vulnerabilidad y contradicción, es decir, viejóvenes. Y si hay alguien capaz de decodificar esta identidad colectiva y elevarla a la categoría de manifiesto cultural, es Sebastián Gallego.
Conozco su voz, su agilidad mental y su afiladísima ironía como uno de los comunicadores más audaces de nuestro país. Sin embargo, ahora Sebastián da un salto al vacío. Se despoja de la red de seguridad del estudio de grabación para subirse en solitario a las tablas del Teatro Sofía de Madrid con Operación Viejoven.

Lejos de plantear un monólogo de comedia al uso, Sebastián nos propone un ensayo sociológico hilarante y catártico. Utilizando la historia de nuestra televisión como hilo conductor, reconstruye el relato de quiénes éramos justo antes de que el mundo entero cupiera en la pantalla de un smartphone. Reivindica una época en la que la intelectualidad miraba a la farándula por encima del hombro, demostrando que aquellos protagonistas televisivos fueron los auténticos pioneros de la creación de contenido: los arquitectos del lenguaje y los memes con los que hoy nos comunicamos.
En las páginas de Slocum Magazine defendemos a menudo que el verdadero lujo contemporáneo reside en la pausa, en el diseño consciente y en la capacidad de encontrar espacios que nos aíslen del ruido externo. Y, sorprendentemente, la nostalgia bien curada es uno de los refugios más poderosos y cálidos que existen.
Operación Viejoven es exactamente eso: una burbuja de oxígeno que nos permite detener el reloj.
Hoy charlo con él con la intención de rasgar la superficie del entretenimiento y mirar al creador detrás del escenario, converso con un Sebastián íntimo sobre el vértigo de las tablas, el valor del silencio cuando se apagan los focos, y la belleza sanadora de perdonarnos el paso del tiempo mientras seguimos celebrando, con orgullo, nuestros orígenes pop.
Slocum Magazine: En Slocum hablo a menudo de la importancia de la pausa en un mundo hiperestimulado Sebastián, y yo creo que tu mente es un archivo vivo y fascinante de la cultura pop. Un lugar lleno de referencias, memoria televisiva y estímulos constantes. Pero detrás de ese comunicador, locuaz y rapidísimo, tiene que existir un contrapeso. ¿Cómo es el silencio de Sebastián Gallego? Cuando se apagan los focos, se cierra Netflix y el móvil se queda en otra habitación, ¿dónde o en qué encuentras tu propia pausa?
Sebastián: El silencio es necesario. Como decía Lola Flores, «es muy cansado estar todo el rato en el personaje». Quiero decir con esto que yo frente a la cámara soy yo, pero también tengo un yo que necesitar estar un domingo en casa, leyendo, limpiando y ordenando. O desayunando solo en un bar, yendo solo al cine… me gusta hacer bastantes cosas solo. Disfruto mucho de la compañía de mis amigos y de mi familia, pero la pausa es super necesaria.
Incluso la pausa previa al monólogo. El sábado, yo no querré ver a nadie porque quiero estar lleno de energía y a tope para la fiesta flamenca que montaremos luego.
S.M: Operación Viejoven, un viaje por los grandes hitos de nuestra televisión. Desde Sorpresa, sorpresa hasta OT o Aquí hay tomate. Durante mucho tiempo, la intelectualidad miró a este tipo de entretenimiento con cierta condescendencia. Sin embargo, en tu obra lo elevas a la categoría de patrimonio cultural. ¿Por qué crees que esos programas, que algunos tacharon de «telebasura», han envejecido hasta convertirse en el pegamento emocional y en la zona de confort de toda una generación?
S: Siempre he estado en contra del término “telebasura” porque para mi es un tipo de televisión que miente deliberadamente. Creo que lo que ha hecho Sálvame, Operación Triunfo, Aquí hay tomate o Sorpresa sorpresa, es entretener a la gente con distintos recursos. Sorpresa sorpresa y con Operación Triunfo, fueron programas con más presupuesto, y Aquí hay tomate, Sálvame o ¡Qué tiempo tan feliz! lo fueron con otros recursos, pero me parece que fue un hito que durante tanto tiempo entretuviesen a la gente.
No es que hayan envejecido bien o mal, es que recordamos cuando hemos sido felices y, la primera edición de Operación Triunfo, Sorpresa sorpresa, algunos memes de Sálvame, algunos memes de Aquí hay tomate… nos han hecho muy felices. Nos hemos reído y nos hemos emocionado. Todo el mundo recuerda a Rosa en la semifinal de OT uno con el “me he equivocao”. Hay momentos que son claves, y que no se entiende la historia pop de España sin recurrir a estos formatos.
Quizás no tan premiados, pero sí que han tenido, como diría la Esteban “el cariño de toda esta gente”.

S.M: Tu obra habla de ese espacio sin nombrar entre el café y el cóctel, entre las Popstars y Aitana. Reivindicar el término «viejoven» parece casi una resistencia contra la obligación moderna de tener que elegir a qué época pertenecemos. Para quienes estén dudando si hacerse con su entrada para este sábado 9 de mayo en el Teatro Sofía, ¿qué se van a encontrar en esa «burbuja de oxígeno»? ¿Es esta obra un grito para perdonarnos por hacernos mayores sin querer dejar de ser modernos?
S: Para quien esté dudando, quedan muy pocas entradas. Aunque volvemos con fechas en septiembre y en noviembre en Madrid. Y también en noviembre vamos a Valencia. En octubre estamos en Córdoba y en Sevilla y en enero a Málaga, en mayo en Barcelona…
Operación Viejoven es un homenaje que yo le hago a la televisión por todos los momentos que he me ha dado. Por el acompañamiento, por lo que me ha hecho soñar con otros mundo y otras realidades. Es un repaso a los últimos veinticinco años de la televisión y la prensa rosa.
S.M: Habitar esa frontera entre lo vintage y lo moderno te da una perspectiva privilegiada sobre quiénes somos, ¿no crees? Has analizado a los «creadores de contenido» de la época analógica y los contrastas con los de ahora. A nivel profundamente personal, y más allá de la comedia, ¿qué te produce más melancolía: la velocidad a la que olvidamos y consumimos todo hoy, o la fuerza casi desesperada con la que nuestra generación se aferra a los recuerdos de hace veinte años?
S: ¡Qué buena pregunta! Es verdad que hoy consumimos todo rapidísimo, y que personalmente, tengo que hacer un verdadero esfuerzo por ver una serie en Netflix y no tener el móvil en la mano viendo TikTok o Instagram. Y esto en un rollo. Por eso me gusta tanto ir al cine porque desconecto al cien por cien y no miro el móvil durante la película.
Ha cambiado todo mucho, pero tampoco puedes aferrarte a lo antiguo sin adaptarte a lo nuevo. Puedes recordarlo, reivindicarlo, pero lo nuevo te tiene que nutrir. También es verdad que mi generación, yo tengo 35 años, se aferra mucho a esos momentos. De hecho en el monólogo pongo frente a frente Masiel con Las Pombo, por ejemplo.

S.M: Describes la obra como un talent show de los 2000 donde tú lo das todo sobre el escenario para seducir al público y, quizá, escuchar ese ansiado «¡Cruza la pasarela!». Yo creo que el entretenimiento consciente es aquel que te ancla al presente y te hace olvidar el reloj. Ese el verdadero lujo moderno. Cuando cae el telón y el espectador abandone el teatro para volver al ruido de Madrid, ¿con qué sensación, con qué emoción te gustaría que se fuera a dormir esa noche?
S: Aspiro a que la gente se entretenga y se divierta. Me parecen dos aspiraciones bastantes elevadas, que pudieran parecer nimias, pero ojalá lo consiga.
En el mundo real, el teatro se está yendo a la mierda a gran velocidad. Estamos cada vez más crispados, más enfrentados. Entonces, que en sea hora y media la gente se olvide de todo lo que hay fuera, y pasen un buen rato, ese es el mayor logro.
S.M: Llevas años acompañando a miles de personas a través de los auriculares, creando una intimidad casi mágica gracias al formato podcast. Sin embargo, dar el salto a un escenario en solitario es un acto de vulnerabilidad extrema. Ya no hay edición, eres tú frente a tu propia memoria y al público. En este momento vital, con un Ondas en la estantería y una voz consolidada, ¿qué te ha enseñado de ti mismo este salto al vacío? ¿Da más vértigo el silencio de una butaca que el de un micrófono?
S: Da muchísimo mas vértigo el silencio de una butaca. Muchísimo más.
He presentado formatos, he sido colaborador de otros, he hecho podcast y en la mayoría de casos, hay situaciones evitables, como volver a retomar si hay alguna equivocación. Y te diré que yo estoy bastante a favor de la equivocación, de decir “oye que me he equivocado y vuelvo a retomar” y que se quede en el programa, pero se puede quitar.
Sin embargo, Operación Viejoven son 90 minutos yo solo hablando con el público, con algún punto de interacción, pero casi todo solo. Tiendo a minimizar lo que hago, probablemente por pudor. Por ejemplo me hablan del podcast y yo digo “una vez que le coges el tranquillo, es fácil”. O usar pinganillo cuando presenté el dating show El loco amor, una vez que lo ensayé y lo aprendí y di clases, te acostumbras y es fácil.
Creo que esto, este monólogo, es la primera vez que admito a todo el mundo que es complicado. Es cierto que todo me ha traído hasta aquí, quiero decir, los teatros que hice con el podcast me dieron tablas para ahora poder hacer esto, tener bastante seguridad y tenerlo bastante claro. Me siento como en la película Slumdog Millionaire, en la que todo le lleva al protagonista al momento actual, me siento justo así.
S.M: Y para terminar, me encantaría saber: ¿qué es lo que más te gusta a ti de Slocum Magazine?
S: Me gusta que hacéis bastante buen trabajo a la hora de entrevistar. Hacéis unas preguntas pensadas, certeras y dais en la diana de lo que queréis obtener del entrevistado. Se nota que habéis estudiado previamente a la persona. Y te lo dije en privado, pero te lo digo ahora en público, la introducción es lo más bonito que han escrito de mi en mi vida, le voy a pasar el texto a mi madre.

Con Operación Viejoven, Sebastián se sube al escenario para demostrarnos que la cultura televisiva de los 2000 es mucho más que un placer culpable: es nuestro verdadero patrimonio emocional.
Nos regala el inmenso lujo de una pausa nostálgica, recordándonos que no hay mayor acto de modernidad que reconciliarnos con aquello que nos hizo felices frente a la pantalla. Cruzar su pasarela no es solo un ejercicio de memoria. Es, al fin y al cabo, un abrazo generacional entre los que tenemos alrededor de los treinta y cinco.
No te puedes perder Operación Viejoven, así que te dejo las entradas aquí.
Y las redes de Sebastián, aquí por si aún no le sigues la pista.
Estíbaliz Cazorla es especialista en comunicación estratégica e identidad verbal para marcas. Fundadora de la agencia boutique Mirar para Crear. Más aquí.
