Mario C. Salvador, psicólogo clínico y Olga Prieto, autores de ‘Reflexiones para una psicoterapia esencial’, acompañados por los mapas visuales de Belén Rincón, desarticulan la rigidez de la terapia puramente intelectual para atestiguar que la sanación nace cuando dejamos de sobrevivir y empezamos a sentir.
Por Estíbaliz Cazorla
¿Es esta una época marcada por la inmediatez, donde el sufrimiento emocional a menudo se silencia, se enmascara o se despacha mediante diagnósticos y etiquetas clínicas precipitadas? No lo sé. Pero sí sé que frente a este paradigma centrado en la supresión del síntoma, el libro ‘Reflexiones para una psicoterapia esencial’ irrumpe a favor de la profundidad, la escucha y, sobre todo, la humanidad en el ámbito clínico.
Fruto de las conversaciones entre Mario C. Salvador, que es psicólogo clínico y referente internacional en el tratamiento del trauma, y la psicóloga y terapeuta Olga Prieto, esta obra llega a las bases de la curación. A través de sus páginas, magistralmente acompañadas por los mapas visuales de la arteterapeuta Belén Rincón, los autores desarticulan la visión puramente mecánica y teórica de la terapia para devolverle su estatus de encuentro genuino entre dos personas.
El texto nos sumerge en un viaje que va más allá de lo intelectual, abordando el papel del cuerpo como registro físico del trauma, la regulación del sistema nervioso y un tema rara vez expuesto con tanta honestidad en los manuales de psicología: las dudas, los miedos y la propia vulnerabilidad del profesional.
Me siento con Mario y Olga para explorar los límites de la técnica tradicional, analizar la narrativa contemporánea sobre la salud mental y descubrir cómo se redefine el éxito terapéutico cuando el objetivo ya no es «arreglar» al paciente, sino acompañarlo para que logre integrar su propia historia.

Slocum Magazine: Mario, después de 40 años habitando el dolor ajeno, imagino que has visto el alma humana en sus momentos de mayor vulnerabilidad. Habrás experimentado. Sin embargo, en el libro reivindicas que la curación genuina reside en la presencia y la relación humana. Cuando una persona llega con mecanismos de defensa inquebrantables y la técnica clínica se agota, ¿cómo se construye ese espacio de seguridad donde la persona se permite dejar de sobrevivir para empezar a sanar?
Mario: Lo que he ido aprendiendo en mi experiencia es que las defensas han sido recursos importantes para poder sobrevivir y seguir adelante después de haber vivido experiencias terribles y devastadoras. Así que defiendo que, primero, son recursos y, segundo, que forman parte de una inteligencia para sobrevivir. Quiero difundir esto entre los profesionales para que podamos ofrecer una actitud respetuosa y de honra a esa inteligencia. Las defensas tiene los recuerdos de una mala historia en las relaciones humanas. Así que ahora, en la relación terapéutica, hemos de ofrecerles la experiencia de una buena historia en la relación, una que contiene respeto y compasión hacia las propias defensas y la herida que protegen.
En la relación terapeutica recreamos un error en la predicción. Las defensas van a predecir que el humano que está delante va a volver a fallar o dañar. Así que el antídoto es ofrecer una presencia siempre compasiva y respetuosa, pero que también contiene coraje de acompañar el sufrimiento del otro, la confianza en ir siempre juntos y la esperanza de que se saldrá transformado.
Estos son requisitos para que las defensas puedan percibir que la relación presente es diferente, puedan relajar su función y puedan permitir el acceso al dolor. Solo así el dolor podrá curarse y transformarse.
S. M: Olga, sin duda el libro destaca por traducir conceptos clínicos complejos, como el trauma o la neurocepción por ejemplo, a un lenguaje accesible y humano. Noto que la sociedad actual tiende a patologizar rápidamente cualquier malestar o síntoma, ¿no? Demasiada información sin un filtro fiable a veces. Me pregunta, ¿de qué manera el uso de un lenguaje centrado en la compasión y la validación altera el proceso de una persona que ha llegado a percibirse a sí mismo como alguien «roto»?
Olga: ¡Sentirse visto es una de las mejores medicinas! Me refiero a profundamente visto y comprendido, más allá de las etiquetas diagnósticas o de los síntomas. Es uno de los aprendizajes que me llevo de esta forma de hacer psicoterapia esencial, que la mirada del terapeuta hacia el sufrimiento de los pacientes y el suyo propio es parte de la cura. Nadie se cura en el desprecio, suele decir Mario, abrazar nuestras heridas y la forma en que tuvimos que aprender a sobrevivir es parte fundamental del proceso de cambio y de conseguir un bienestar y lo que llamamos salud mental, amarse a uno mismo.
La compasión es una de las cualidades fundamentales a desarrollar tanto para los psicoterapeutas como para las personas. Escuchamos tantas veces «quítame esta ansiedad» «no quiero estar enfadado» «quiero olvidar todo aquello», y de esa forma nos quitamos la posibilidad de escucharlo, de curarlo, de acompañarlo.

S. M: Belén, ¿es el arteterapia un puente al inconsciente? Quiero decir, como arteterapeuta, defiendes que la creación a través del dibujo nace de un lugar íntimo para dar forma a lo invisible, a aquello que no se puede expresar con palabras. Tendemos a intelectualizar nuestras emociones
para mantener el control, ¿cómo logra el arteterapia saltarse esa barrera racional para conectar directamente con la herida y facilitar la sanación?
Belén: Efectivamente, la Arteterapia con sus distintas formas de expresión nos conecta con ese mundo interno que no siempre llegamos a través de las palabras. Además, no necesitamos comprenderlo todo de antemano para empezar a relacionarnos con lo que nos pasa. La creación se convierte puente entre aquello que sentimos y aquello que todavía no sabemos cómo nombrar, permitiéndonos acercarnos a nuestra dimensión más íntima desde un lugar más intuitivo y menos racional.
El proceso de creación y el objeto creado además de podamos observar desde fuera sin identificarnos y desde ahí, tratar con él y facilitar la sanación.
Cuando hemos vivido experiencias traumáticas, no siempre disponemos de palabras para contar lo que nos sucede. Es bien sabido que en el cuerpo, las sensaciones, las imágenes o las emociones quedan guardadas en el cerebro subcortical (reptiliano) y llegan antes que el propio lenguaje. Y ahí el dibujo puede convertirse en un territorio intermedio permitiendo dar forma a algo que hasta entonces permanecía difuso, interno o incluso innombrable.
S. M: Mario, uno de los ejes fundamentales del enfoque es abordar el trauma desde el cuerpo, entendiendo que el organismo registra aquello que la mente consciente bloquea. Cuando el sistema nervioso de un paciente lleva décadas anclado en la hipervigilancia, ¿cuál es el mayor desafío clínico para lograr que ese cuerpo vuelva a evaluar el entorno como un lugar seguro?
M: Esta respuesta está conectada con la que he dado anteriormente sobre las defensas. Nuestro sistema nervioso es, desde el comienzo, altamente sensible a lo que ofrece el ambiente en el que estamos. Esto comienza ya en la vida intrauterina, sabemos que la bioquímica del estres en el que vive la madre, si este es crónico, traspasa la placenta y penetra en el cuerpo y la bioquímica del bebé. Así que nuestro sistema nervioso acarrea una larga historia de lo que ha vivido en los entornos en los que nos hemos desarrollado. Si alguien ha crecido en un ambiente de agresividad, abandono, negligencia, ha tenido que adaptarse a ello. La hipervigilancia es como una alarma que está sonando continuamente, señalando peligro incluso cuando ya no lo hay. Una alarma así ya no nos es util a la hora de avisarnos de los peligros reales. Por otro lado, está sosteniendo un sistema en continuo estrés.
De nuevo, el terapeuta ha de tratar explícitamente con esta alarma como una defensa que está prediciendo un peligro que en realidad es un recuerdo de algo ocurrido en un contexto del pasado. Está tomando datos de la interocepción (las sensaciones que vienen del cuerpo) que se activan ante la presencia de otros humanos y que son recuerdos de algo vivido con otros. El terapeuta ha de ayudar a incorporar datos que pertenecen al contexto actual, a leer y observar lo que el terapeuta que está ahora delante ofrece en su actitud y estar, que ha de contener ese respeto amoroso del que hablé. De esta manera podrán coexistir las sensaciones que todavía informan de un pasado doloroso con las señales y sensaciones que vienen de la relación presente. Es como tener un pié en un presente nuevo, fuera del trauma, y otro todavía en un pasado que, aunque se recuerda vívidamente, ya acabó en términos cronológicos. Desde un presente seguro podemos mirar y curar la herida del pasado.

S. M: Olga, el libro incorpora los mandalas y mapas visuales de Belén Rincón para favorecer una integración de los contenidos que trasciende lo
intelectual. Permíteme felicitarte, a ambos, por ello. Es muy interesante. En la práctica clínica contemporánea, donde a menudo se racionaliza en exceso el sufrimiento para no sentirlo, ¿qué papel exacto juegan los recursos visuales y simbólicos para desbloquear áreas a las que el lenguaje verbal no logra acceder?
O: Muchas gracias. Fue una idea que me surgió desde el principio en que propuse a Mario este proyecto. Si fuéramos solo cabezas pensantes nos bastaría con entender lo que nos pasa, pero tenemos cuerpo, sensaciones, emociones. Nuestro cerebro es complejo y no registra las experiencias solo de forma intelectual, sino también a través de imágenes. Mario lo llama el «mundo límbico», el lenguaje de los simbólico que también nos pertenece.
Cuando somos niños percibimos el mundo en este código y así lo registramos. Por eso, al aproximarnos al origen de nuestras heridas infantiles hemos de poder hacerlo también en ese lenguaje. Estoy recordando ahora una paciente que decía «no recuerdo nada de mi infancia»; Validé esta amnesia como forma de supervivencia y entonces me dijo «sólo veo a una niña encerrada en una vitrina de cristal, sin cerradura». ¡Está contando tantas cosas en esta imagen! Su niña interna está hablando pero en otro código no racional, que es igual de importante y con el que se puede trabajar. Continuamos acompañando a esta niña en la vitrina y simbólicamente podíamos quedarnos al otro lado saludándola, dejando una velita en la puerta o mostrándole el mundo del otro lado. Esa vitrina y esa niña encerrada también pueden habitar en el cuerpo de la paciente en algún lugar en forma de sensación…
S. M: Belén, tus mandalas y mapas visuales acompañan las profundas reflexiones de Mario y Olga, transformando la lectura en una experiencia
que va más allá de lo intelectual. ¿Cómo fue el proceso creativo para traducir conceptos psicológicos tan complejos y dolorosos como el trauma o los mecanismos de defensa en obras visuales que logran resonar, desde la belleza, en el sistema nervioso del lector?
B: En mis creaciones nunca buscaba un resultado final, ni una obra decorativa o bonita. Simplemente me dejaba llevar, sin expectativas, permitiendo así conectarme con una parte más intuitiva y creativa y dejar que se expresara a través de mi mano. Esa ha sido mi manera de transmitir cada uno de los mapas visuales.
Los mandalas, aun teniendo un proceso de creación parecido al de los mapas visuales, los iba creando a partir de los relatos que cuentan las historias de Olga. Desde ahí, se iba produciendo cada trazo, cada forma, cada color… sin intelectualizar y tratando de dejarme llevar por sus palabras.
He de decir que, cuando se acababa cada encuentro, mis sensaciones corporales pasaban por estar en una especie de letargo, como si me acabara de despertar. A pesar de que había escuchado todo el contenido de la entrevista, no era capaz de desarrollarlo en ese momento, pues me sentía en un registro diferente al de Mario y Olga.
Con estas ilustraciones no pretendo explicar de una manera literal las conversaciones del libro, sino acompañarlas y permitir que dialoguen con las palabras, enriqueciendo así la experiencia de quien lee.

S. M: Mario, resulta inusual que un manual sobre psicoterapia dedique un espacio tan franco a abordar las dudas, los miedos y los límites del propio terapeuta. Históricamente, la disciplina exigía al profesional mantener una fachada de neutralidad infalible casi. ¿Cómo impacta en la eficacia y credibilidad del tratamiento el hecho de que el psicoterapeuta asuma y gestione su propia vulnerabilidad en la sesión?
M: Lo primero, no existe tal cosa como la neutralidad. Incluso si compartimos nuestra vida íntima con una pared, no es neutro, nos dejará la sensación de vacío e insatisfacción. Los físicos han demostrado esto con el principio de la incertidumbre: el observador está influyendo siempre lo que observa. La cuestión es más bien entonces ¿cómo queremos influir el sufrimiento del otro que estamos observando y acompañando? No deberíamos querer influirlo con nuestras propias historias, modelos, conceptos de lo que es o consejos baratos. Lo que será curativo es aceptar que la experiencia del otro ya es lo que es, con una actitud radical de cómo el paciente se ha estructurado y organizado. Es a partir de aquí que la experiencia que se quedó fija en un tiempo pasado comenzará a ponerse en moviento, empezará a expresarse y podrá acabarse y transformarse. La transformación también ocurre porque esta vez se encuentra con alguien presente, compasivo, curioso de saber lo que fue ocultado y validador de la inteligencia de haber sobrevivido. Este ingrediente no estaba en el momento de la traumatización.
Todo trauma contiene en su esencia la creencia de ‘estoy solo’, ‘no hay nadie que me comprenda’, ‘tengo que bastarme por mi mismo’. La terapia ha de proporcionar el antídoto de estas creencias: ‘ahora estoy acompañado con alguien que va conmigo’.
El terapeuta ha de escuchar su propio mundo interno, ser consciente de cuando ha hecho una intervención equivocada, no sintónica. Y así podrá reparar la relación cuando esto ocurre. Este solo hecho puede ser muy curativo: que el cuidador asuma su responsabilidad y las acciones para reparar el vínculo, porque este vínculo le importa.
Son maneras en las que el terapeuta integra su propia vulnerabilidad y la pone al servicio del paciente, entre otras.
S.M: Olga, el libro insiste continuamente en mirar a la persona mucho más allá del síntoma, los diagnósticos y las etiquetas. Si el objetivo final de esta «psicoterapia esencial» no se limita a la simple supresión de la ansiedad o el malestar, ¿cómo defines, desde este modelo, el éxito del alta terapéutica una vez que la persona logra integrar su historia?
O: Es una de las grandes preguntas para mí y que aparece en el libro. ¿En qué consiste la cura? ¿Cuándo una persona ha integrado su historia? Para mí, tiene mucho que ver con habitar en el presente con bienestar, detallando más esta idea sería como estar en paz con nosotros mismos. Esto se consigue cuando no reaccionamos a lo que nos sucede con demasiada intensidad emocional o sensaciones que nos invaden. Si la realidad no se convierte en un disparador de nuestras heridas antiguas o defensas, podremos responder desde nuestro «yo adulto» y no desde el niño herido que fuimos, el adolescente rebelde, o el bebé desamaparado. Integrar la propia historia es un proceso, igual que la terapia, no es lineal, podemos estar un tiempo de nuestra vida tratando con intensidad con síntomas, luego sentirnos bien y de nuevo volver a topar con matices más profundos de nuestro dolor que aún requieran atención y cuidado. No todas las terapias van a lo esencial de lo que nos sucede, esto también me gustaría decirlo. Yo creo profundamente en la cura de nuestro dolor pero para ello hace falta ir al origen, revisitarlo y liberar el dolor en un contexto de acompañamiento terapéutico.
S.M: Por último, me encantará saber: ¿qué es lo que más os gusta de Slocum Magazine?
M: Mario. A mi lo que me gusta de la revista es su cobertura de diferentes áreas de la belleza y la estética, que van desde la moda, la música, el arte y la literatura. Particularmente, el enfoque en las vivencias de los protagonistas de estas disciplinas y su mirada humana.
O: Me ha sorprendido el contenido tan diverso a nivel cultural de las áreas que abarcáis. También la profundidad de vuestra mirada, es de agradecer que vayáis más allá de estereotipos o tratamientos superficiales de los asuntos que tratáis e invitéis al lector a reflexionar.

Habitar el presente en paz, sin que las heridas del pasado dicten de manera inconsciente nuestras reacciones, se erige hoy como uno de los mayores lujos. Por eso creo que ‘Reflexiones para una psicoterapia esencial’ trasciende la categoría de manual clínico para convertirse en un manifiesto sobre la vulnerabilidad humana, el poder sanador de la compasión y el valor incalculable de sentirse profundamente visto.
Esta obra conjunta de Mario C. Salvador y Olga Prieto, enriquecida por la sensibilidad visual de Belén Rincón, supone una lectura imprescindible para quienes buscan comprender la compleja arquitectura del dolor y el camino hacia su integración. El libro ya se encuentra disponible para aquellos que deseen adentrarse en este viaje de autoconocimiento y puede adquirirse aquí.
Estíbaliz Cazorla, jefa de Redacción. Es especialista en comunicación estratégica e identidad verbal para marcas. Fundadora de la agencia boutique Mirar para Crear. Más aquí.
