ENTREVISTA A MERITXELL SOLÉ, DIRECTORA EJECUTIVA DE LA FUNDACIÓN RICARDO FISAS NATURA BISSÉ

En esta charla llena de luz, Meritxell me abre las puertas de su día a día y nos invita a redescubrir el autocuidado como una herramienta poderosa.

Por Estíbaliz Cazorla


Con motivo del Día Mundial contra el Cáncer de Mama, que este 2026 conmemoramos el 19 de octubre, sentía que una de las voces imprescindibles a escuchar era la de ella, Meritxell Solé. Para abordar esta realidad desde el cariño y el respeto, sabía que teníamos que hablar con quienes han convertido el cuidado de la piel en un auténtico acto de amor. Todos conocemos a Natura Bissé como un referente indiscutible de la alta cosmética a nivel mundial, un emblema de innovación, lujo y excelencia. Pero hay una faceta de la marca que brilla con una luz aún más especial y humana: la Fundación Ricardo Fisas Natura Bissé.

A través de ella, la firma ha logrado algo extraordinario: trasladar todo su saber hacer científico y cosmético a las salas de los hospitales, ofreciendo tratamientos de estética oncológica que devuelven confort, calma y autocuidado a las pacientes cuando más lo necesitan.

Al frente de este proyecto se encuentra Meritxell Solé, su Directora Ejecutiva, con quien he tenido el inmenso privilegio de sentarme a conversar. Bajo su liderazgo, la Fundación no solo forma a profesionales para que sepan cómo tratar de manera segura una piel altamente sensibilizada, sino que educa en el arte de la escucha, creando refugios donde las mujeres pueden bajar la guardia. Ella conoce de primera mano el poder de un tacto experto.

En esta charla llena de luz, Meritxell me abre las puertas de su día a día y nos invita a redescubrir el autocuidado como una poderosa herramienta. Y nos recuerda que la belleza, lejos de ser algo frívolo, es un ancla vital para reconstruirnos por dentro y por fuera. Su visión, al igual que el inmenso legado de la familia Fisas, es un abrazo reconfortante para cualquier mujer que esté buscando el camino de vuelta hacia su propio reflejo.

Slocum Magazine: Meritxell, la Fundación Ricardo Fisas nace del deseo de devolver a la sociedad parte de lo que ha dado a Natura Bissé, transformando la excelencia de la alta cosmética en una herramienta de acompañamiento humano. ¿Cómo vivís desde dentro esa maravillosa transición de convertir el cuidado de la piel en un refugio emocional que ayuda a las mujeres a sanar más allá de lo físico?

Meritxell: Desde dentro vivimos esta transición con una enorme responsabilidad, pero también con mucha emoción. Cuando nace la Fundación Ricardo Fisas, lo hace precisamente con la voluntad de devolver a la sociedad parte de lo que Natura Bissé ha recibido a lo largo de los años, poniendo nuestro conocimiento sobre el cuidado de la piel al servicio de las personas que más lo necesitan. Y en el caso de la estética oncológica, descubrimos muy pronto que cuidar la piel es solo una parte de algo mucho más profundo.Los tratamientos oncológicos pueden generar cambios visibles en el cuerpo y en la piel que, en ocasiones, hacen que la persona deje de reconocerse frente al espejo. Recuperar pequeños gestos de autocuidado, aprender a tratar una piel más sensible o simplemente dedicar unos minutos a sentirse bien puede convertirse en un espacio de conexión con una misma. No hablamos de vanidad ni de belleza entendida desde la apariencia, sino de autoestima, dignidad y bienestar emocional.Por eso, desde la Fundación trabajamos para que la estética oncológica sea un acompañamiento integral y respetuoso. A través de nuestros talleres y programas, enseñamos pautas específicas para cuidar la piel durante y después de los tratamientos, pero también ofrecemos un espacio de escucha, cercanía y normalidad. Muchas veces, ese momento de cuidado permite a las mujeres volver a sentirse protagonistas de su propio cuerpo, recuperar confianza y recordar que siguen siendo ellas mismas más allá de la enfermedad.Para nosotros, ahí está el verdadero valor de la cosmética: en su capacidad para acompañar. Un producto no va a curar un cáncer, pero el gesto de cuidarse, sentirse escuchada y recuperar una parte de la propia identidad puede tener un impacto muy significativo en cómo se afronta el proceso. Y comprobarlo día a día, acompañando a tantas mujeres, es probablemente una de las experiencias más transformadoras que vivimos en la Fundación.

S.M: A través de vuestro programa de Estética Oncológica, habéis logrado algo precioso: introducir el mimo, la calma y el bienestar en entornos clínicos que habitualmente son muy fríos. ¿Qué significa para la Fundación ver cómo la piel de las pacientes recupera su confort y ellas vuelven a sonreír tras pasar por vuestras manos en los hospitales?

M: Para la Fundación es una de las partes más emocionantes de nuestro trabajo. Entrar en un hospital con un programa de Estética Oncológica significa llevar algo tan sencillo, pero a la vez tan necesario, como un momento de pausa, cuidado y atención personal a una persona que está atravesando una situación muy compleja.Cuando vemos que una paciente nota que su piel está más confortable, que vuelve a tocarse el rostro sin miedo, que se relaja durante unos minutos o que simplemente vuelve a sonreír, entendemos que estamos consiguiendo algo que va mucho más allá de mejorar una sensación física. Estamos ayudándola a recuperar pequeños espacios de normalidad y a reconectar con una parte de sí misma que, durante el tratamiento, puede quedar en segundo plano.Además, el entorno hospitalario tiene una carga emocional muy importante. Por eso intentamos que nuestros talleres y sesiones sean también un espacio cálido, cercano y seguro, donde no se hable únicamente de enfermedad, sino de la persona. A través de un masaje, de unas pautas para cuidar la piel o de un sencillo ritual de autocuidado, generamos un momento en el que la paciente puede parar y dedicarse atención a sí misma.Y hay algo especialmente bonito: muchas veces son esos pequeños gestos los que permanecen. Una mujer puede salir de una sesión con la piel más confortable, pero también con la sensación de haber sido escuchada, cuidada y acompañada. Para quienes trabajamos en la Fundación, comprobar que podemos contribuir a que durante unos minutos se sientan simplemente ellas mismas, y no solo pacientes, es una de las mayores recompensas de nuestro trabajo.

S.M: Natura Bissé es un referente mundial de belleza, pero con vuestra labor demostráis que la belleza real es, ante todo, salud, autocuidado y reconexión. ¿De qué manera ayuda este enfoque compasivo e integral a que las mujeres dejen de ver su cuerpo como un campo de batalla y vuelvan a mirarse al espejo con amor tras los tratamientos?

M: Creo que uno de los aprendizajes más importantes que nos ha dado la Estética Oncológica es precisamente entender que no se trata de volver a tener el cuerpo de antes, sino de aprender a mirarlo y cuidarlo desde una nueva realidad. Después de un tratamiento oncológico, el cuerpo puede cambiar de muchas maneras y, en ocasiones, esos cambios son un recordatorio constante de todo lo vivido. Por eso, reconciliarse con la propia imagen requiere tiempo, acompañamiento y mucha sensibilidad.Nuestro enfoque parte de algo muy sencillo: devolver a la mujer la posibilidad de cuidar su cuerpo desde el respeto y no desde la exigencia. Enseñamos a conocer una piel que puede estar más sensible, seca o reactiva, a adaptar las rutinas de cuidado y, sobre todo, a recuperar el placer de dedicarse unos minutos a una misma. Son pequeños gestos que pueden ayudar a transformar la relación con el propio cuerpo.También es importante cambiar la mirada sobre la belleza. Para nosotros, la belleza no consiste en ocultar las huellas del tratamiento ni en intentar cumplir unos determinados cánones, sino en sentirse bien en la propia piel, reconocerse y recuperar la confianza. Cuando una mujer vuelve a mirarse al espejo con cariño, no necesariamente porque su cuerpo haya vuelto a ser como antes, sino porque ha dejado de juzgarlo, estamos ante una forma muy poderosa de recuperación.Por eso hablamos de un enfoque compasivo e integral. Porque cuidar la piel es también cuidar la autoestima, la identidad y el bienestar emocional. Y nuestro papel como Fundación es acompañarlas en ese proceso, ofreciéndoles herramientas y un espacio seguro para volver a conectar con ellas mismas, sin exigencias y respetando el ritmo de cada una.

S.M: Meritxell, el equipo de la Fundación está en contacto continuo con historias de una enorme inmensa. De todas las experiencias que compartís con las mujeres durante su proceso oncológico, ¿cuál dirías que es la enseñanza más bonita que os lleváis y que os sigue inspirando cada día?

M: Nuestro equipo está en contacto con muchas historias que, de una manera u otra, se quedan con nosotras. Alicia Gil, Blanca Vergés y las voluntarias son quienes acompañan semana tras semana a las personas en tratamiento oncológico. Si tuviéramos que elegir una enseñanza, sería la enorme capacidad que tenemos las personas para reconstruirnos, incluso en los momentos más difíciles.

Las mujeres que conocemos a través de la Fundación nos enseñan que recuperarse no significa olvidar lo vivido, sino aprender a convivir con ello y volver a encontrar espacios de bienestar, confianza y alegría.

Nos inspira especialmente comprobar cómo algo tan sencillo como aprender a cuidar una piel que ha cambiado o dedicar unos minutos al autocuidado puede convertirse en un primer paso para recuperar la conexión con una misma. Hay mujeres que llegan a nuestros talleres sintiendo que han dejado de reconocerse y que, poco a poco, vuelven a sentirse cómodas en su propia piel. También nos enseñan que no hay una única manera de vivir un proceso oncológico. Cada persona tiene su ritmo y su propia historia. Por eso, acompañar significa escuchar, ofrecer herramientas y respetar esos tiempos.

Creo que esa es una de las enseñanzas más bonitas que nos llevamos: que el cuidado, cuando nace de la empatía, tiene un valor enorme y que, a veces, un pequeño gesto puede ayudar a alguien a volver a reconocerse y sonreír.

S.M: Lideras un equipo excepcional de profesionales y voluntarias que son el auténtico motor de este proyecto. A la hora de estructurar vuestros procesos y formar a las esteticistas, ¿cuál es ese valor humano indispensable que les transmites para que logren crear un espacio de tanta confianza, paz y seguridad en la cabina?

M: Si tuviera que resumirlo en una palabra, diría que es la escucha activa. La formación técnica es fundamental y, por supuesto, las esteticistas reciben una preparación específica para conocer las necesidades de la piel durante y después de los tratamientos oncológicos. Pero en este contexto, saber hacer no es suficiente: también hay que saber estar.Trabajar con una persona que está atravesando un cáncer requiere escuchar sin juzgar, observar, respetar los silencios y entender que cada mujer vive su proceso de una manera diferente. Les transmitimos la importancia de no dar nada por sentado y de preguntar siempre, porque detrás de cada piel hay una historia y unas circunstancias distintas.Queremos que la cabina sea un espacio seguro, donde la persona en tratamiento oncológico pueda sentirse tranquila y no tenga que adoptar ningún papel.

S.M: Desde vuestra experiencia más personal acompañando a tantas mujeres en el proceso de «volver a ser ellas», y sabiendo lo abrumador que puede ser ese primer paso, ¿qué pequeño ritual de cuidado o mensaje de luz le regalariáis a una lectora que justo hoy necesita un abrazo para empezar a reconciliarse con su propia imagen?

M: Le diríamos que empiece por algo muy sencillo: que se regale cinco minutos al día, sin expectativas y sin exigirse nada. Puede ser aplicar una crema con suavidad, acariciarse el rostro, hidratarse la piel o simplemente detenerse un instante frente al espejo y respirar. No para buscar lo que ha cambiado ni para intentar recuperar la imagen de antes, sino para agradecerle a su cuerpo todo lo que ha atravesado y empezar a tratarlo con la ternura que merece.A veces, después de un proceso oncológico, sentimos que tenemos que volver a ser quienes éramos antes, como si ese fuera el único camino posible. Pero creemos que es importante recordar que no tenemos que volver a ser exactamente las mismas. Podemos descubrir una nueva manera de reconocernos, de cuidarnos y de sentirnos bien con nosotras mismas. Y ese camino no tiene plazos: cada mujer necesita su tiempo y merece vivirlo sin presiones. Desde la Fundación acompañamos a muchas mujeres en ese proceso y, si algo hemos aprendido de ellas, es que los pequeños gestos pueden abrir la puerta a grandes cambios. Por eso, mi mensaje sería que no esperen a sentirse bien con su imagen para empezar a cuidarse. Que se cuiden precisamente porque merecen sentirse bien, hoy y tal como son.Y, sobre todo, que recuerden que su belleza no ha desaparecido, aunque a veces les cueste reconocerla. Su cuerpo cuenta una historia, pero esa historia no las define por completo. Detrás de cada cambio sigue estando la mujer que son, con sus sueños, su fuerza, su sensibilidad y todo lo que aún le queda por vivir. Ojalá puedan mirarse algún día con la misma comprensión y el mismo amor con los que mirarían a alguien a quien quieren profundamente. Porque reconciliarse con una misma no empieza por gustarse todos los días, sino por aprender a tratarse con cariño incluso en aquellos en los que cuesta más.

S.M: Por último, me encantará saber: ¿qué es lo que más te gusta de Slocum Magazine?

M: Lo que más me gusta de Slocum Magazine es su capacidad para dar espacio a historias que nos invitan a mirar más allá de lo superficial, poniendo en valor a las personas, sus experiencias y aquello que realmente importa. Creo que es muy necesario contar con medios que aborden la belleza desde una perspectiva más amplia, vinculada también al bienestar, la autoestima y el cuidado personal. Poder compartir nuestra experiencia y dar visibilidad a la labor de la Fundación Ricardo Fisas en un espacio así es una oportunidad muy bonita para acercar la estética oncológica a más personas y contribuir a que el cuidado se entienda, cada vez más, como una forma de acompañamiento humano.

La belleza nunca ha sido un concepto vacío, es un salvavidas. La alta cosmética trasciende su formulación para convertirse en empatía, en tiempo de calidad y en ese abrazo que toda mujer necesita.

Te invito a descubrir la labor de la Fundación Ricardo Fisas Natura Bissé y a conocer cómo sus programas de estética oncológica están cambiando la vida de tantas mujeres. Y si quieres trasladar esa filosofía del bienestar y el respeto hacia tu piel, la línea NB·Ceutical de Natura Bissé es una colección formulada para reconfortar, calmar y restaurar las pieles más sensibilizadas, demostrando que el lujo más elevado es, sencillamente, sentirnos en paz habitando nuestro propio cuerpo. Te dejo más, aquí.

Estíbaliz Cazorla, jefa de Redacción. Es especialista en comunicación estratégica e identidad verbal para marcas. Fundadora de la agencia boutique Mirar para Crear. Más aquí.

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