Tributo a una de las mentes más audaces del siglo XVII con la reapertura de la sala que custodia su colección escultórica. Un otoño cultural que aúna arte táctil, debate académico y la literatura de Theodor Kallifatides.
Por Rebeca Anjou Valenzuela
En la convulsa Europa del siglo XVII, la reina Cristina de Suecia no se conformó con gobernar. Ella eligió pensar, cuestionar y atesorar belleza. Aficionada a la ciencia, ávida lectora y coleccionista implacable, su figura se erige como el arquetipo de la mujer intelectual que rompió los moldes de su tiempo con una libertad inaudita. Cuatro siglos después de su nacimiento, su huella histórica trasciende la mera anécdota para presentarse como una auténtica lección de vanguardia.
Para conmemorar este cuarto centenario, el Museo Nacional del Prado, en sintonía con la Embajada de Suecia, ha orquestado una programación cuyo epicentro de este homenaje es la reapertura de la Sala 74, un espacio remodelado que vuelve a sacar a la luz las esculturas clásicas que la monarca reunió con devoción durante su etapa en Roma, y que posteriormente adquiriría Isabel de Farnesio. Este tesoro marmóreo vertebra ahora un itinerario especial diseñado para entender su faceta como mecenas y visionaria.

Fiel a la vocación de hacer de la cultura una experiencia integradora, la pinacoteca ha impulsado además una aproximación sensorial a esta colección. A través de visitas táctiles dirigidas a personas con discapacidad visual, el museo permite palpar la historia y decodificar los valores estéticos de las obras originales. Una iniciativa que materializa la belleza del legado de una soberana que concebía el arte, precisamente, para estimular los sentidos. El tributo trasciende las galerías de escultura para expandirse hacia el debate académico y las letras. Mientras el auditorio del museo acoge las voces de expertos como Tomasso Montanari y David García Cueto: quienes analizan los vínculos de Cristina de Suecia con el genio de Bernini o sus estrategias políticas con España, la agenda cultural teje un puente contemporáneo con la literatura a través de Theodor Kallifatides.

La figura del escritor, griego de nacimiento y sueco de adopción, subraya ese eterno diálogo entre el pensamiento nórdico y la cultura mediterránea que la propia reina encarnó al abandonar Estocolmo rumbo a Italia. Reconocido recientemente con el Premio Euskadi de Plata 2026 por Una mujer a quien amar, que se suma a su aclamada novedad El amor, editada por Galaxia Gutenberg, Kallifatides aporta la hondura literaria perfecta a esta celebración.
Sumergirse este mes de octubre en las propuestas del Prado supone redescubrir a una mujer que entendió el coleccionismo no como ostentación, sino como una herramienta para afilar el espíritu. Una cita ineludible para quienes conciben el arte y el conocimiento como el mayor acto de libertad.
