LETRAS QUE GERMINAN, LIENZOS COMESTIBLES Y VOCES LITERARIAS

Para este verano, la creación contemporánea busca interactuar directamente con nosotros, proponiendo formatos que nos alimentan tanto de forma literal como intelectual.

Por Redacción Slocum


La agenda cultural de las próximas semanas nos plantea un ejercicio muy estimulante: difuminar fronteras. A través de tres citas ineludibles en Bilbao, Santander y Madrid, exploramos este nuevo concepto donde el arte se convierte en un cultivo vivo.

En Bilbao, la palabras de acero dan de comer. A partir del 11 de junio en el Parque de la República de Abando, frente a la Torre de Iberdrola, estará la nstalación ESTO NOS SALVARÁ de Ghada Amer. La artista egipcia saca la reflexión de la galería y la planta en pleno tejido urbano con ESTO NOS SALVARÁ. La propuesta de Ana Serratosa Gallery consiste en una escultura-jardín formada por grandes letras de acero corten. La brillantez de la obra reside en su interior: cada letra funciona como un macetero que contiene hortalizas autóctonas del País Vasco.

Aquí, el lenguaje escrito trasciende su función comunicativa para convertirse en un contenedor de vida. Una llamada de atención rotunda sobre la sostenibilidad y la conexión entre el asfalto y la tierra, demostrando que reverdecer la ciudad es una necesidad inmediata.

Tras reflexionar sobre la instalación, camina unos pasos hacia la calle Iparraguirre y haz una pausa en Cokooncafé. Su café de especialidad y su repostería artesanal, elaborada con el mismo mimo orgánico que defiende la obra de Amer, son el complemento perfecto para un plan de mañana.

El lienzo como experiencia efímera en Santander con Nicola Costantino en la 34.ª edición de ARTESANTANDER. Estará Del 2 al 5 de julio en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Santander. La feria cántabra apuesta este año por lo sensorial y lo efímero. Su obra dinamita la idea de la pieza intocable para ofrecer arte que, literalmente, se deshace en la boca.

A través de Tortas Costantinopla, Costantino utiliza postres helados a modo de lienzos, fundiendo el color y el movimiento en una acción performática compartida con el público. La experiencia visual se completa con su Quiosco de flores, donde despachará piezas cerámicas inspiradas en formas vegetales utilizando la técnica milenaria japonesa del nerikomi. El arte abandona la pared para servirse en bandeja.

Y a Madrid llega el fallo del IV Premio Lumen de novela el próximo 16 de junio en la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón. El Premio Lumen, heredero de un galardón histórico que revolucionó la edición en los años noventa, anunciará su nueva voz ganadora tras evaluar casi 700 manuscritos de todo el mundo hispanohablante.

Con un jurado compuesto por nombres como Ángeles González-Sinde, Elena Medel o Sabina Urraca, este certamen funciona casi como un semillero literario. Su objetivo sigue intacto desde su fundación: descubrir, cuidar y proyectar el talento de autoras que tienen historias inéditas que contarnos, demostrando que las palabras, al igual que las hortalizas de Ghada Amer, necesitan el terreno adecuado para florecer y nutrir a la sociedad.

La cultura que nutre y vivimos un momento en el que el arte contemporáneo ha dejado de ser un monólogo colgado en una pared en blanco para convertirse en una conversación vibrante, táctil y, como hemos visto, hasta comestible. Ya sea a través de las raíces de una hortaliza en el asfalto bilbaíno, el dulce deshielo de un lienzo helado en Cantabria o el nacimiento de una nueva voz literaria en el corazón de Madrid, la creación es, en esencia, el alimento más importante que podemos consumir. Una invitación en toda regla no solo a mirar nuestro entorno, sino a saborearlo con mucha más intención.

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