Lo que hay que tener en cuenta, curiosidades e ideas para quienes aman el verano.
Por Valentina Cicconelli
Empezamos este amplio artículo de Slocum Magazine, con diferentes curiosidades acerca de esta maravillosa época del año. Una vez hayas leído esas curiosidades, encontrarás recomendaciones e ideas para disfrutar plenamente en estos meses y en tus vacaciones. Vamos allá.
¿Por qué hace tanto calor en verano? La razón radica en la inclinación de los rayos solares que inciden sobre la Tierra. En verano, los rayos inciden perpendicularmente al suelo, por lo que están más concentrados y calientan más la zona afectada.
Las fuertes olas de calor del verano pueden afectar negativamente nuestras capacidades mentales. Esta cifra surgió, por ejemplo, de un estudio de la Universidad de Harvard en un bochornoso verano de 2016 (temperaturas entre 28 y 33 grados).
Algunos estudiantes que durmieron en dormitorios más frescos por la noche se desempeñaron mejor que otros en las pruebas de aritmética y reconocimiento visual. Investigaciones anteriores y posteriores han encontrado una caída importante en la eficiencia y productividad del trabajo cuando las temperaturas comienzan a superar los 23-24 °. Parece que estos fenómenos se deben a que el cuerpo, al reaccionar al fuerte calor, utiliza mucha glucosa para regular la temperatura interna. La glucosa es también el «combustible» que utiliza el cerebro para sus procesos. Por tanto, las habilidades de razonamiento y la eficiencia podrían disminuir bastante durante las olas de calor.

También existe un vínculo entre la estación estival y el estado de ánimo: la exposición a la luz solar aumenta la liberación de serotonina en el organismo, un neurotransmisor que induce sensaciones de bienestar. Aprovechamos para recordar que no son necesarios periodos muy largos exponiéndonos al sol y que es muy importante contar con las protecciones adecuadas, teniendo en cuenta también la tipología y tonalidad de nuestra piel.
Algunos investigadores científicos han especulado que en verano aumenta el riesgo de delincuencia, debido a las fluctuaciones hormonales relacionadas con el calor, que harían a las personas más agresivas. De hecho, la regulación de la temperatura corporal conduce a un aumento de la adrenalina y de la testosterona. Sin embargo, no se ha probado el vínculo entre estos fenómenos y los delitos. ¡Por tanto, podemos centrarnos en el lado positivo del verano!
¿Por qué nos bronceamos? En realidad, el bronceado corresponde a una acumulación de melanina liberada por la piel como mecanismo de defensa tras la exposición a los rayos solares. El bronceado dorado que adquirimos con gran sacrificio tumbados al sol no es más que un filtro natural que nos protege de los rayos a los que nos exponemos.

¿Por qué es azul el mar? El agua es transparente; sin embargo, vemos el mar de color azul. Esto se debe a la propiedad particular que tiene el agua de reflejar las ondas luminosas emitidas por el sol. El agua las absorbe, unas más rápido y otras menos. De esa forma, los colores se pierden poco a poco: los primeros en desaparecer son el rojo y el amarillo, porque tienen menos energía; después vienen el verde y el violeta. En cambio, la luz azul dura más que las demás ondas luminosas. A diferencia de las otras ondas luminosas, la luz azul tiene una mayor capacidad de penetración.
Además, donde el mar es más profundo, hay una mayor cantidad de agua y, por tanto, una mayor absorción de las ondas luminosas, lo que confiere al mar un color azul todavía más intenso; donde hay una menor cantidad de agua, cerca de la playa, por ejemplo, hay una menor capacidad de absorción y, por tanto, un color más claro.
¿Por qué el agua de mar es salada? Originalmente, el agua del mar era tan dulce como el agua de los ríos. Los mares se formaron hace unos cuatro mil millones de años, cuando la Tierra empezó a enfriarse y el agua procedente de las frecuentes lluvias se depositó en las depresiones de la corteza terrestre, formando así los primeros mares. Mientras tanto, el agua dulce de lluvia acumulada en la tierra se enriqueció con sales minerales extraídas de la Tierra y se vertió en los océanos que estaban en formación.

Las vacaciones, tal y como las entendemos hoy, no siempre han estado ahí. Aparecen en el siglo XIX, con la llegada de la industrialización, que aumenta la población en las ciudades y la necesidad de abandonarlas en verano, al menos durante un tiempo.
Las primeras vacaciones eran solo para la clase muy alta que, sin embargo, no iba muy lejos: se contentaba con mudarse al campo (en la época se llamaba «en la villa») para escapar del calor de la ciudad.
Aunque son una costumbre bastante reciente, el nombre de «vacaciones» es antiguo: proviene del latín «vacare», que significa «estar vacío». Al principio se refería a un puesto o trabajo (todavía decimos «vacante»), pero luego pasó a indicar también el tiempo libre. El antepasado de las vacaciones fue el Grand Tour, un largo viaje por Europa (¡podía llevar años!) que hacían los jóvenes aristócratas para perfeccionar su cultura. En el siglo XVIII se convirtió en una verdadera moda entre los jóvenes de las clases más altas del viejo continente. El destino más deseado era Italia, debido a la gran cantidad de obras de arte y a la riqueza de sus paisajes. En aquella época, el país más en auge era Italia y fue entonces cuando se le empezó a definir como el Bel Paese.

Se puede oír realmente el mar en las conchas? Los más románticos se decepcionarán al saber la verdad. La percepción del sonido del mar en las conchas es sólo fruto de nuestra ilusión. De hecho, el viento que pasa entre nuestro oído y la concha rebota en las paredes de ésta, provocando un eco que recuerda el chapoteo del mar. Se puede conseguir el mismo efecto con sólo apoyar la mano en la oreja.
¡En el mar aumenta el cansancio! Es cierto: según algunos estudios, el mar nos cansa más, principalmente debido a dos factores: en primer lugar, porque nuestro cuerpo experimenta demasiados cambios de temperatura y, en segundo lugar, porque hay mucho yodo en el mar, que activa la glándula tiroides, acelerando nuestro metabolismo hasta el punto de que sentimos hambre. El sol también estimula nuestro cuerpo más de lo normal, cansándolo.
Así que es muy importante aprovechar bien los días de vacaciones cerca del mar, para favorecer el descanso aun más de lo normal, para dar espacio al relax, a la dulzura del ocio, al confort de una buena hamaca, a los sueños reparadores y a la desconexión.
El verano es sinónimo de vacaciones, horarios más flexibles, largos días de sol y más libertad. Es el momento perfecto para desconectar un poco y recuperar de los esfuerzos que has realizado en los últimos meses. Permítete sin remordimientos entregarte un poco a la dulce ociosidad. La alegría de no tener que seguir las aburridas tareas cotidianas no tiene precio y resultará una gran inversión para tu bienestar.

Escúchate a ti misma. A menudo tendemos a no complacer las necesidades de nuestro cuerpo y de nuestra mente. «¡No puedo tomarme un descanso! Tengo mil cosas que hacer». ¿Cuántas veces has tenido pensamientos como éste? Probablemente sea porque es lo que espera de ti la sociedad: el deber primero y el placer después (y se ignoran nuestros problemas). Así que aprovecha el verano para darte ese respiro.
Aburrirse y no hacer nada es una gran inversión. El aburrimiento, a pesar de ser percibido como una emoción «negativa», es muy útil: te ayuda a vaciar la mente y a encontrar soluciones creativas para la vida cotidiana. No llenes tu día de actividades a toda costa. Permítete también momentos de ocio, para aliviar tu mente y tu cuerpo del estrés acumulado durante el año. En el ocio nos enfrentamos cara a cara con nosotros mismos y nuestros pensamientos y, a menudo, esto nos ayuda a encontrar respuestas a porqués o a situaciones difíciles donde antes no podíamos ver ninguna.
Deja espacio para la despreocupación. Al alejarnos de la vida cotidiana también nos desprendemos de las famosas máscaras, aquellas según las cuales nos convertimos en un «yo» diferente para encajar en el patrón social. El verano es el momento ideal para desprenderse de ellas. Esa época del año, o por lo menos los días de vacaciones, representa el momento ideal para dejar espacio a la despreocupación, a la espontaneidad y a la ligereza.

Redescubre la naturaleza. «Observa con qué previsión la naturaleza, madre de la humanidad, se encargó de esparcir un toque de locura por todas partes. Ella infundió al hombre más pasión que razón, para que todo fuera menos triste, difícil, feo, insípido, molesto». Esta frase de Erasmo de Rotterdam encierra un concepto clave: la unión que el ser humano tiene con la naturaleza. Sumergirse en la naturaleza ayuda a relajarse y a redescubrirse. Túmbate en un prado oliendo la hierba, escucha los sonidos que te rodean, admira las vistas y verás que todo eso te pondrá de buen humor.
El verano es el momento perfecto para disfrutar de las actividades al aire libre y ponerse en forma; a ser posible, rodeados de naturaleza. Pero, ¿cuáles son los deportes de verano ideales para elegir y cuáles son sus beneficios?
El deporte de verano que hay que probar en la ciudad es el patinaje. Los parques y carriles bici son el lugar perfecto para patinar y trabajar los músculos de las piernas, especialmente la parte interna y externa de los muslos. Además, el equilibrio que requiere el patinaje lo convierte en un excelente ejercicio para entrenar la postura erguida.
Surf: ejercicio perfecto para el abdomen y el equilibrio. Se trata de un deporte de verano muy técnico, que requiere el esfuerzo de todo el cuerpo. Entrenamiento muy útil para el abdomen y el equilibrio. Brazos para remar, piernas para mantener el equilibrio y, además, el esfuerzo necesario para alcanzar las olas y cabalgarlas. Alcanzar un nivel básico requerirá paciencia y perseverancia. Pero, te aseguramos, merecerá la pena.

Senderismo. Caminar por la naturaleza es una actividad perfecta para relajarse y desconectar. Por eso, practicar senderismo en un parque, en el campo o en la montaña es uno de los deportes de verano ideal para desconectar de la vida cotidiana. El esfuerzo principal recae sobre los músculos de las piernas. La marcha cuesta arriba es perfecta para entrenar los músculos de los glúteos, mientras que la marcha cuesta abajo estimula los cuádriceps.
Es una actividad que puede practicarse sin tener una base de estado de forma física óptimo. Puede practicarse de forma gradual, con calma, sin excederse.
El ciclismo se recomienda para quemar el exceso de calorías mediante una actividad de alta intensidad. Se trata principalmente de un entrenamiento cardiovascular, al que se añade el esfuerzo muscular que proporciona el pedaleo, especialmente cuesta arriba. El ciclismo es una forma divertida de adquirir gradualmente un excelente estado de forma.

Puedes poner a prueba tu equilibrio con el Stand Up Paddle (o SUP): un deporte en el que te mantienes de pie sobre una tabla; utilizas un remo para desplazarte. A medio camino entre el surf y el piragüismo, el stand-up paddle es el deporte que debes probar cuando te encuentres cerca de un lago o del mar. ¿Cuáles son los beneficios de este deporte? Para mantener el equilibrio sobre la tabla, es necesario utilizar el Core, es decir los músculos del abdomen y la espalda, que son esenciales para mantener el equilibrio. Además, se ejercitan los brazos que mueven el remo, y la ligera torsión necesaria para remar también estimula los músculos oblicuos del abdomen. La cintura será una de las partes del cuerpo que más se beneficiará de esta divertida actividad, que además no requiere una gran base inicial de estado de forma para ser practicada.

Por supuesto, también hay que tener en cuenta deportes como la natación, el pádel y el tenis, además de la corsa y de cualquier otra actividad que mejore el estado de forma y permita disfrutar del verano. Lo importante es crear una rutina y divertirse.
Otros aspectos muy importantes, fundamentales, a tener en cuenta a la hora de practicar deporte en verano son: hidratarse bien, proteger la piel de los rayos solares, nunca excederse en el esfuerzo físico y evitar las horas de más calor.
Si a todo esto añadimos un poco de atención a una dieta sana y completa (evitando en la medida de lo posible el alcohol y los productos procesados) en muy poco tiempo empezaremos a notar los beneficios: un estado físico y mental significativamente mejor.

El sol brilla, las temperaturas suben, sudamos bastante más. El verano es la estación de las vacaciones, de la vida al aire libre, del sol, pero también en la que con más frecuencia corremos el riesgo de deshidratarnos.
Es un riesgo que debe mantenerse bajo control, ya que tener la cantidad adecuada de agua en el cuerpo es fundamental para muchas funciones corporales.
Descubramos cómo mantenerse hidratados, incluso en la estación más calurosa del año.
El agua es un elemento fundamental para toda forma de vida, animal o vegetal, y para nuestro organismo, este preciado líquido es fuente fundamental de salud.
Cuando nacemos, nuestro cuerpo está compuesto por un 75% de agua. En la edad adulta este porcentaje alcanza alrededor del 60%; el porcentaje es ligeramente superior en los hombres y ligeramente inferior en las mujeres. En los ancianos esta cantidad disminuye aún más. Estos números ya nos hacen entender muy bien que nuestro cuerpo necesita agua para funcionar de la forma correcta. Y cuanto es importante que este porcentaje de líquido debe mantenerse lo más constante posible.

De hecho, una hidratación adecuada sirve a nuestro organismo para una serie de funciones fundamentales para nuestro bienestar. El agua es importante para mantener los músculos en forma y para la circulación sanguínea. Tiene un papel protagónico en el proceso digestivo, ya que es determinante en la función de transportar y facilitar la absorción de los nutrientes.
Sirve para proteger nuestra piel y tiene una importante función de drenaje. Además, una hidratación adecuada beneficia a la mente, ayudándonos a mantener la concentración y, por último, pero no menos importante, ayudándonos a mantener el hambre bajo control si lo que queremos es perder peso.
La falta de agua en nuestro cuerpo puede por tanto llevarnos a sufrir no solo de piel seca, sino también de ralentización de la función intestinal, calambres, caídas de concentración, debilidad, hasta consecuencias más graves que afecten a la función renal y hepática o provoquen calor y agotamiento.

Para evitar todas estas consecuencias, solo recuerda beber la cantidad adecuada de agua todos los días. Un compromiso que puede parecer fácil de cumplir, pero en la práctica, para la mayoría de las personas, no lo es en absoluto.
¿Puedes decir cuántos vasos bebes todos los días? Probablemente no, porque no te das cuenta. Sin embargo, este pequeño gesto es de fundamental importancia para tu salud, especialmente en la temporada de verano.
Dado que no resulta tan fácil para todos beber la cantidad adecuada de agua todos los días, es importante saber que, además de esto, existen otras formas de garantizar que nuestro cuerpo esté hidratado. Una necesidad que el cuerpo siente durante todo el año pero que se vuelve más importante de satisfacer en verano con el aumento del calor.

Durante el verano, los líquidos se pierden mucho más rápido a través del sudor y hay que reponerlos rápidamente. La deshidratación es un proceso muy rápido, al que nuestro organismo es especialmente reactivo. De hecho, el 1% de tu peso corporal por deshidratación es suficiente para sufrir algunas de las desagradables consecuencias que hemos descrito. ¿Cómo puedes evitarlo? La hidratación se logra en primer lugar bebiendo la cantidad adecuada de agua todos los días, pero no solo.
Pero, ¿cuál es la cantidad mínima de agua que debemos beber para mantenernos saludables, especialmente en la temporada de verano?
Como muchas cosas que afectan a la salud de nuestro cuerpo, incluso en este caso, no hay una respuesta única y no puede haberla. Cada uno de nosotros tiene una constitución, hábitos y problemas diferentes. En términos generales, el cuerpo de los hombres contiene más agua que el de las mujeres, por lo que un hombre adulto tendrá que beber, en promedio, más que una mujer de la misma edad.

Según los expertos médicos la cantidad promedio de agua a beber en el transcurso de un día debe ser de unos 2 litros para las mujeres y 2,5 litros para los hombres. Pero estos son valores puramente indicativos. En caso de aumento de la temperatura y actividad física intensa, se deben aumentar estas cantidades para asegurar la reposición de todos los líquidos perdidos por el sudor. No es fácil para todos beber tanto todos los días. Los niños y los ancianos, por ejemplo, sienten menos sed, por lo que deben recordar beber incluso en ausencia de estímulos.
Los adultos, a menudo en el frenesí de sus días, mientras sienten sed, subestiman el estímulo y posponen el momento de beber. Así, al final del día apenas alcanzan la cantidad mínima de agua que garantiza el bienestar.

La primera forma de beber más agua es darnos cuenta de cuántos vasos consumimos cada día. Si encontramos que la cantidad no es suficiente en comparación con lo que debería ser, debemos introducir nuevos hábitos en nuestra rutina diaria.
Por ejemplo, obligarnos a beber al menos un vaso al levantarnos y otro antes de acostarnos, así como beber durante las comidas, y en todos los momentos del día en que sintamos la necesidad.

Si hacemos deporte, debemos beber abundantemente al final de la sesión de entrenamiento.
Además de estas precauciones, debemos tener en cuenta que no introducimos agua en nuestro organismo sólo bebiendo, sino también comiendo.
El reto contra la deshidratación en época de calor también se gana en la mesa. Las frutas y las verduras son alimentos muy ricos en agua, por lo que en verano debemos aumentar su consumo, con el objetivo de elegir las verduras que más contribuirán a nuestras necesidades de hidratación. Luz verde para deleitarse con calabacín, tomate, sandía, pepino, apio, lechuga, melón… Todos los alimentos cargados del precioso líquido.

Y si te cuesta beber la cantidad de agua que necesitas, puedes ayudarte alternándola con otros líquidos, como tisanas, té, batidos o aguas de sabores, todas bebidas sabrosas, pero sin añadir azúcar.
Con estos pequeños trucos y la posibilidad de centrarse en estas variantes, seguro que te resultará más fácil mantener el cuerpo hidratado y en forma incluso en los días más calurosos del verano.

Por último: ¿Viajas sola? Viajar sola puede resultar una experiencia muy enriquecedora. A veces asusta un poco, pero es una experiencia que se debe hacer al menos una vez en la vida. ¿Has probado alguna vez?
Un ser humano que decide viajar solo suele ser independiente, fuerte, autónomo, pero ¿No tiene miedo? ¿Cómo lo hace?» «¿Qué pasa por la noche?»
Viajar solas nos permite crecer, mejorar, descubrir tanto nuestros límites como nuestras fortalezas. Viajar es bueno. Existen cosas que solo podrías aprender viajando sola.

Viajar sola te permite poner el mundo en una perspectiva diferente. En primer lugar, aprendemos lo que es importante, empezamos a cambiar el orden de las prioridades y comprendemos que, muchas veces, los problemas que nos aquejan no son tan grandes como parecen.
Piensas en ti misma y en sentirte bien sola. De esta forma apreciarás más la compañía de los demás, aquella sana, verdadera, regeneradora y no la tóxica y negativa. Tener más tiempo disponible permite que fluya tu pensamiento, analizar aspectos de nuestra vida que, hasta ese momento, eran sólo marginales.

Viajando aprendes qué es lo esencial: qué llevarás contigo, a quién contactarás o echarás de menos en ese período.
Viajar te permite, en realidad, llevar a cabo más que un solo viaje: no solo el viaje físico en los lugares elegidos, sino también aquello dentro de nosotras mismas.
Nos damos cuenta de que muchas veces llevamos con nosotras un montón de objetos inútiles, sin valor real, si no económico.
Viajando sola, aprendes a vivir sin muchas cosas y objetos que, hasta ese momento, nos parecían imprescindibles. Aprendes a entender lo que realmente necesitas frente a lo que crees que quieres.
Viajar sola te permite también ganar independencia y ser más responsable.
Aumentan las responsabilidades que tienes que gestionar. ¿Pero por qué? Sencillo: porque todo depende de ti y no lo puedes delegar en otra persona. Sin embargo, el viajar sola, también te permite ser más flexible y adaptarte a las necesidades del momento. Planeaste un día en la playa, pero ¿está lloviendo? No hay problema: visitas un museo u organizas otra actividad. Tú tienes tu vida, tu tiempo en tus manos, tu estás al timón, tú decides cómo moverte y eso es una gran ventaja, ¿no crees?

Viajar sola te permitirá aumentar la tolerancia por lo que crees que es diferente a ti.
Personas, culturas, religiones, hábitos y costumbres: viajar te permite entrar en contacto con realidades diferentes. Entrar en contacto con diferentes culturas nos hace comprender cuán pequeña es la visión que tenemos del mundo y cuántas cosas todavía tenemos que aprender.
Y recuerda que viajar sola significa ponerte a prueba y crecer.
Viajar solas nos hace crecer más que a través de un viaje hecho en compañía: nos pone a prueba, nos hace chocar con todos nuestros límites y, en ocasiones, incluso nos hace superarlos. Nos hace aprender sobre nuevas culturas, un nuevo idioma, tal vez.

Ampliamos nuestros conocimientos y relaciones sociales. Viajar solas puede llegar a convertirse en un hermoso escenario en el que nos movemos libremente y aprendemos en cada momento.
Estas son algunas de las cosas que podríamos aprender al viajar solas. Organiza ese viaje que sueñas con hacer desde hace unos años, tu nueva aventura, única, rica e inolvidable. Sin miedo.
Y quizás, tu alma gemela también estará viajando sola en el mismo momento que tú…

