CONSTRUYE UN SALÓN INFINITO

Tu casa en verano ya no se divide entre lo que ocurre bajo techo y lo que sucede a la intemperie.

Por Raquel G. Sacristán


Durante cuatro meses al año, la terraza o el porche dejan de ser el exterior para convertirse en el epicentro del hogar: un salón infinito donde el diseño no busca fundirse con el paisaje. Hablamos de trasladar la sofisticación, el confort y la tecnología afuera. Es aquí donde la iluminación, el mobiliario estructural y la memoria olfativa se convierten en las mejores inversiones para alargar las noches estivales y bajar las revoluciones cognitivas tras un año de consejos de administración.

Para construir este «salón infinito», nos apoyamos en firmas que entienden el Mediterráneo no como un estilo decorativo, sino como una actitud vital.

La luz es nómada y el perímetro emocional. La iluminación exterior también es escenografía, por eso,  la firma Nedgis lidera esta lectura con piezas que permiten construir la noche por capas, huyendo del foco invasivo. Para marcar el perímetro arquitectónico, el aplique Ice Cubic de Moretti Luce en latón envejecido aporta una pátina de honestidad a los muros de piedra. En la mesa de centro o acompañando nuestros pasos hacia la piscina, la luminaria portátil In Vitro de Flos (en un rotundo rojo terracota) actúa como un farol contemporáneo, combinando el cristal soplado con tecnología LED de vanguardia. Es el diseño al servicio de la libertad de movimiento.

La conquista del confort estructural. Para que un salón exista al aire libre, necesita una arquitectura que lo sostenga. En este borrado de fronteras, el mobiliario debe mantener el mismo rigor estético que una pieza de museo, pero soportando la salinidad del mar y el sol de agosto. La casa barcelonesa Kettal se ha consolidado como el gigante del diseño exterior. Sus sistemas de sofás modulares diseñados por titanes como Patricia Urquiola o Vincent Van Duysen, permiten crear auténticas estancias sin paredes. Es la sofisticación de tener un sofá con tapicería de alta costura que respira a la intemperie.

Anclar el espacio con el tacto bajo los pies. Ningún interiorista concibe un salón sin algo que delimite el espacio y aporte calidez a la pisada. En el exterior, esta regla sigue intacta. La firma Nanimarquina ha revolucionado el concepto de la alfombra de exterior, utilizando técnicas ancestrales y materiales reciclados, como el PET tratado, para crear piezas que a la vista y al tacto parecen lana o seda pura, pero que son inalterables a la lluvia. Colocar una de sus alfombras bajo la mesa del porche es el ancla visual definitiva: es el gesto que le dice al cerebro que, aunque haya estrellas en el techo, seguimos estando en nuestro salón.

La capa invisible la da la memoria y el fuego. El diseño no se termina en lo que vemos o tocamos. En la casa mediterránea, la memoria olfativa es la última capa del interiorismo. Aquí entra en juego la maestría de Mar de aromas, la firma española que ha elevado la cerería artesanal a la categoría de alta perfumería para el hogar. Sus velas no solo complementan a la perfección la luz baja también construyen una arquitectura en el aire. Encender una de sus piezas en el centro de nuestra terraza no es solo un gesto decorativo, es el ritual que sella nuestro salón infinito y marca la frontera entre el tiempo de los negocios y el tiempo del descanso.

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