CRISTOBAL BALENCIAGA MUSEOA, EL SANTUARIO DE LA COSTURA ETERNA

En Getaria está el legado de Cristóbal Balenciaga, y su eco como maestro.

Por Estíbaliz Cazorla


Si alguna vez has sentido que la moda es algo superficial o pasajero, tienes que venir a Getaria. Allí está el Cristóbal Balenciaga Museoa, un lugar que es otra cosa: es el sitio donde el silencio de un genio es en una conversación contigo.

Para entender por qué un abrigo de Balenciaga es capaz de cortarte la respiración, tienes que mirar primero el paisaje que le rodeó. El peso de las telas, esas líneas que parecen arquitectura pura. Todo nace de aquí, de la luz y la piedra de su pueblo natal.

Si subes la colina que domina el pueblo, te vas a encontrar con un eco que se niega a apagarse. Hace pocos días, el 23 de marzo, el mundo de la moda se quedó un poco huérfano en 1972. Y en 2011 pasó algo que lo cambió todo: al abrir este museo, la moda dejó de ser vista como un capricho de cada temporada para ser tratada, por fin, como una de las Bellas Artes. Fue la primera vez que un edificio de este nivel se dedicaba a un solo modisto. Y el contraste es increíble: empiezas el recorrido en el Palacio Aldamar, donde un Cristóbal niño se deslumbraba viendo los vestidos de las marquesas, y terminas en un edificio de cristal y acero negro que parece el futuro.

Lo que lo hace especial es cómo cuidan lo que tienen. Bajo la dirección de Miren Vives, miman más de 3.500 piezas con una precisión que te pone los pelos de punta. Y tiene sentido, pues tratar estas prendas con un rigor casi quirúrgico es el mayor homenaje que se le puede hacer a un hombre que era un perfeccionista obsesivo.

Pero no pienses en este sitio como algo estático. Es un lugar que respira. Las exposiciones cambian todo el tiempo. Con la muestra “Técnica, Materia y Forma”, puedes ver de cerca cómo Balenciaga era capaz de esculpir sobre el cuerpo humano usando solo tela. Hay algo que me encanta, que este museo sea como un faro. Tienen su propia «Escuela de Moda» donde enseñan a los jóvenes que hacerlo bien significa hacerlo despacio. Es la resistencia del oficio de toda la vida frente a las prisas del siglo XXI.

A Cristóbal le llamaban «el monje de la alta costura». No daba entrevistas, no salía a saludar tras los desfiles y se escondía de los focos. Su única voz era el ruido de sus tijeras cortando la tela de un solo trazo.

Por eso, la paradoja es preciosa: es aquí, en el silencio de estas salas, donde el maestro por fin nos habla de tú a tú. Nos cuenta secretos a través de la curva de una manga o de la caída libre de un vestido. Si buscas entender qué es el lujo de verdad, tienes que venir a Getaria. Te prometo que no volverás a mirar una prenda de la misma forma.

Lo tienes todo, en cristobalbalenciagamuseoa.com

Estíbaliz Cazorla es especialista en comunicación estratégica e identidad verbal para marcas. Fundadora de Mirar para Crear. Más aquí.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *