Domina a la perfección la combinación de curiosidad, belleza y paciencia, y esto lo ha convertido en el fotógrafo que mira para entender, para narrar y sin interrumpir.
Por Estíbaliz Cazorla
Cualquiera puede sostener una cámara, pero no todo el mundo puede sostener una mirada. Él sí. Hablamos de Victor Cucart, fotógrafo. Desde niño supo que observar era una forma de amor: miraba a su madre hojear revistas de moda como si le leyera el futuro, y se colaba en el cuarto de revelado de su padre, donde la magia ocurría en silencio y bajo una potente luz roja.
Esa combinación, la de curiosidad, belleza y paciencia fue la primera chispa de lo que después se convirtió en una vocación feroz: mirar para entender, mirar para narrar, mirar sin interrumpir.
Abandonó arquitectura, cruzó medio país con sus negativos bajo el brazo, y terminó retratando a quienes están acostumbrados a ser vistos pero no necesariamente a ser mirados. Han posado para Víctor estrellas, actrices, diseñadores, políticos, vedettes y reinas. Pero si algo define su trabajo no es el quién, sino el cómo.

Víctor Cucart hace de la cámara un refugio. Su fotografía es la que espera, no la que invade. Por eso cuando una persona se abre frente a él con una risa, una arruga, una duda o una rendición, no le hace falta nada más.
Hoy hablo con el fotógrafo que convirtió la elegancia en lenguaje propio. Lo conocerás como el fotógrafo de las estrellas. Una persona que cree que la belleza no solo está en el resultado, sino en la conexión. Y que nunca ha perdido de vista lo más importante: que la mirada no es solo un sentido, es un gesto.
Slocum Magazine: Victor, de niño jugabas entre negativos y revistas de moda. ¿Recuerdas cuál fue tu primera imagen favorita, ese que te hizo pensar: “yo quiero hacer esto”?
Victor: Recuerdo que desde pequeño, en mi casa ya se respiraba el ambiente de la moda y de la fotografía la moda por mi madre comprando revistas. Adoraba los vestidos, y por mi padre en su laboratorio fotográfico porque tenía montado en una habitación que no usábamos en la casa.
Mi padre recibió una de las revistas de fotografía francesa a la que estaba abonado, y al ver una fotografía de portada me quedé alucinado. Recuerdo que era de Peter Lindbergh, la modelo era Isabella Rosellini y estaba impactante. Era en blanco y negro y súper contrastada. Yo estaba acostumbrado a revelar fotos y positívalas en el laboratorio y sabía perfectamente todo el proceso que había hecho este fotógrafo para dejar la imagen así.

S.M: Has retratado a cientos de rostros conocidos. Pero, ¿qué convierte a una fotografía en un buen retrato? Qué tiene que suceder entre tú y la persona. ¿Es energía, es técnica, es silencio?
V: Cuando me hacen un encargo de una fotografía o reportaje fotográfico para una revista, siempre me gusta conocer al personaje para saber sus gustos y saber si es cercano o divo jejeje (ríe).
A la hora de trabajar con ellos lo importante es que todo fluya. Yo soy mucho de dirigir al personaje y decirle exactamente lo que tiene que hacer. A veces es exagerado por mi gran obsesión son los cuellos, y a todos les hago sacar el mentón hacia delante y no todo el mundo sabe hacerlo y creo que es lo que más le sigue costando a todo el mundo hasta la actualidad, porque la gente no va andando por la calle sacando el cuello.
Vuelvo a repetir que soy bastante duro cuando hago fotos pero el resultado siempre intento que sea natural y muy elegante por eso necesito que todo esté en su sitio. Yo quería ser arquitecto, y dejé la carrera a mitad para dedicarme a la fotografía por completo. Un profesor fue el que me dijo “deja la carrera y vete a estudiar fotografía” porque había visto unas fotos que había hecho unos compañeros de clase y le dejaron con la boca abierta. No se podía creer que hubiese sido yo el que las había hecho. De ahí mi perfeccionismo.

S.M: He leído que dices que lo más valioso en un fotógrafo es tener su mirada, una mirada propia. ¿Cómo construiste la tuya? ¿Cuáles fueron tus influencias, algún artista, canción, película o libro que desencadenara todo?
V: Para mí, lo más importante es tener un estilo propio. Me da igual que guste más o menos, pero sé que cuando la gente vea mis imágenes las reconocerá porque son únicas por la luz, por la colocación antecámara por los gestos.
No sé por qué, pero debe de ser así, es algo que siempre lo he tenido en mi cabeza y no lo voy a cambiar nunca.
Hay varios fotógrafos que han marcado mi carrera como Peter Lindbergh, Herb Ritts o Ellen von Unwerth. Me encanta mirar revistas de todo tipo ver el trabajo que han hecho los fotógrafos de todo el mundo. Me compro desde Vogue España a Vogue China, y están diferente todo y ahí. El éxito es no copiar pero seguir las tendencias que se están moviendo bajo tu ojo. Richard Avedon es el que más me ha impactado a nivel de imagen por ser tan camaleón su blanco y negro. Aún lo tengo en la pupila desde que vi la foto de Marilyn Monroe hace mas de 50 años. Con qué fuerza y estilo la retrató, así que me dije: “si tú quieres ser único nunca copia a ningún grande porque como dijo un profesor nunca le llegarás a la suela del zapato” jajajaja (ríe).
También me dijo: “ellos tienen las mejores modelos, los mejores maquilladores y peluqueros. Grandes localizaciones y no hablemos de las Top Model que eligen, que tú jamás vas a tener”.
Cuanta razón tenía.

S.M: Has retratado a personas que forman parte del imaginario colectivo de varias generaciones: Penélope Cruz, la Reina Sofía, Isabel Preysler, Ana Obregón, Carolina Herrera… También al recientemente fallecido genio de la moda Giorgio Armani. Todas personas muy distintas, todas muy observadas. ¿Qué sucede en ese instante en que una figura tan expuesta baja la guardia ante tu cámara?
V: No te creas que es fácil. Ante todo siempre digo que el reportaje comienza cuando abro las puertas de mi estudio o el lugar donde se vaya a hacer.
Debes de saber si es simpático serio, divertido o antipático. Depende mucho de su carácter. Lo importante es ser psicólogo más que fotógrafo. Eso es algo que tengo en cuenta cada día cuando agarró mi cámara.
Entonces hablo poco o hablo mucho, o soy más simpático o soy más callado, o soy muy rápido o me recreo. Los pequeños detalles dependen del personaje, porque lo debes de haber percibido, y rápidamente actuar disparando fotos que te gusten. Ya cuando las ves, prefiero no borrarlas y dirigir de otra manera a la persona para conseguir lo que quiero.

S.M: En tus fotos se ve paciencia, la espera de la luz o el gesto justo ¿Cómo es tu proceso antes de disparar? ¿Tienes rituales, música pausas?
V: Absolutamente cierto. Recuerdo que cuando iba a hacer las fotos de el calvo de la lotería de Navidad estaba súper emocionado. Yo hice a partir del segundo anuncio y me conocía perfectamente el personaje, la música y lo bonito que era el spot, así que cuando me dieron la imagen estática de este gran señor fue uno de los días más felices de mi vida.
Me acuerdo perfectamente que le pregunté qué tipo de música quería escuchar, y él me dijo que clásica. Yo tenía como 100 CD de música clásica, jajajaja (ríe), y le dije que eligiera el que quisiera, y así lo hizo. Las fotos fueron magnificas, y él se dejó en mis manos absolutamente.
Me hizo firmar un contrato para que solo yo fuera el que le hiciera fotos durante el contrato para hacer este trabajo. Creo que ganarte al personaje, como en este caso, es lo más importante. Ser sencillo, cercano, preguntar sin ser insolente y que la persona que tienes delante no se preocupe más que de posar. Hacer exactamente lo que tú le indicas parece fácil, pero no lo es.

S.M: Hoy todo el mundo se retrata a sí mismo. Vivimos en una era de filtros, exposición constante y narcisismo digital y, sin embargo, yo creo que el trabajo del fotógrafo, el que sabe lo que hace, nunca ha sido tan necesario como ahora. ¿Qué le queda al fotógrafo frente a esa saturación de imágenes? ¿Tiene aún más sentido el retrato profesional e intimo?
V: Tienes razón, ahora mismo todo el mundo es fotógrafo, haya estudiado o no fotografía. pPero yo creo que al tener yo un estilo tan marcado, los clientes me llaman porque saben lo que van a recibir, y eso es impagable.
Cuando me mandan hacer grandes trabajos por el mundo, nunca dudo porque antes ya he estudiado al personaje, y muchísimas veces son muy amigos míos. Llevamos años haciendo imágenes juntos, y siempre me han dejado libertad para sacarlos guapísimo. Se ha creado un vínculo aparte de profesional, de amistad absoluta.

S.M: Por último, ¿qué es lo más que te gusta de Slocum Magazine?
V: La revista es elegante, con un toque de creatividad total. Lo que más destaco es que dejéis a los profesionales que sean ellos mismos. Eso es una maravilla y os lo agradezco muchísimo. Me hubiese encantado hacer fotos a Giorgio Armani en exclusiva para vosotros. Eso hubiera sido impresionante porque sé que la revista a Giorgio le habría encantado. Agradezco muchísimo la deferencia de haberme hecho esta magnifica entrevista, y estoy deseando a trabajar con vosotros porque os admiro mucho. Gracias de nuevo.
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Estíbaliz Cazorla es especialista en comunicación estratégica e identidad verbal para marcas. Fundadora de Mirar para Crear, desarrolla proyectos de social media y PR. Más aquí









