ENTREVISTA CON VICENTE FERRIO, MENTOR, FORMADOR Y AUTOR DE ‘SOY MÁS QUE MI TRABAJO’

En este nuevo ensayo, pone el dedo en una de las llagas más dolorosas de nuestra generación: hemos fusionado quiénes somos con lo que hacemos.

Por Estíbaliz Cazorla


Puede ser que la pregunta más inofensiva del mundo sea también nuestra trampa más peligrosa. Llegas a una cena, te presentan a alguien y, casi en automático, dejas caer: «Y tú, ¿a qué te dedicas?». Con esa frase, y sin darnos cuenta, estamos resumiendo la complejidad inmensa de un ser humano a la etiqueta de su contrato laboral. Hoy hablo con Vicente Ferrio, y no puedo evitar pensar que la primera norma de esta conversación debería ser dejar nuestro currículum en la puerta.

Vicente no es un teórico que hable de la frustración desde la barrera. Es ingeniero, formador y comunicador, pero sobre todo, es alguien que ha estado en el ojo del huracán. Durante años, navegó por los mares del mundo corporativo, ocupando puestos de responsabilidad y acumulando estatus. Desde fuera, la foto era perfecta. Desde dentro, como él mismo confesó con una valentía inusual en su anterior libro, El síndrome del buscador (2025), la realidad era muy distinta: «Yo lo tenía todo y me sentía vacío».

Se dio cuenta de que la sociedad nos había arrastrado a buscar nuestro valor siempre en el siguiente hito, condenándonos al estrés y a la insatisfacción crónica. Aquel proceso de desaprender y de pasar de ser un «buscador» angustiado a un «descubridor» de su propio presente es el cimiento de su nueva obra. Y es desde esa trinchera de honestidad desde donde nos presenta Soy más que mi trabajo: Rompe con la insatisfacción laboral crónica y toma el control de tu carrera y tu vida.

Nos han convencido de que la seguridad laboral es un refugio y hemos hipotecado nuestra autoestima a la espera del próximo ascenso. Con mucha claridad, el autor deconstruye estos dogmas y nos lanza un salvavidas: el trabajo ideal no existe, pero una identidad profesional sólida, independiente de la empresa que te pague la nómina, sí se puede construir.

Hoy no busco en él consejos sobre cómo escalar en la pirámide corporativa. Lo que quiero es charlar con el Vicente que un día pisó el freno, con el experto en dejar de externalizar nuestro valor, y con el hombre que divulga que la vida no empieza los viernes por la tarde al salir de la oficina, sino en el instante exacto en el que decides que eres mucho más que un perfil en LinkedIn.

Slocum Magazine: Vicente, hace tiempo acuñaste dos términos que son brillantes y a la vez aterradores: la «bulimia de experiencias» y la «eventomanía», es decir, esa necesidad moderna de tener una agenda incluso para nuestro tiempo libre. Pero claro, eres humano. Como experto que ahora nos enseña a parar, ¿alguna vez te pillas a ti mismo un domingo por la tarde intentando sobreprogramar tu descanso? ¿Cuál es tu truco para pisar el freno cuando te pasa?

Vicente: Sí, claro que me pasa. Creo que todos llevamos dentro un pequeño planificador de eventos frustrado, empeñado en organizarlo todo e incluso convertir el descanso en una lista de cosas por hacer. A veces me descubro pensando que el fin de semana tiene que cundir, inspirarme, compensar la semana y dejarme anécdotas, fotos, experiencias y momentos compartidos. Mi truco, cuando me noto así, es recordarme que descansar no es incompatible con producir. No todos los momentos tienen que ser rentables. A veces el mejor plan de un domingo es que no pase gran cosa. Pasear sin móvil, leer, tomar un café sin prisa, estar con la familia o con amigos o simplemente aburrirme un poco. Ese vacío que antes me agobiaba ahora lo veo como higiene mental. No siempre me sale, pero cada vez me sale más.

S. M: Has sido tremendamente honesto al admitir que tú mismo fuiste víctima de la inercia corporativa. El pensamiento recurrente de «Lo tenía todo y me sentía vacío», a pesar del estatus y los grandes puestos. Hace falta mucha valentía para bajarse de ese tren cuando va a toda velocidad. Si hoy pudieras invitar a tomar un café a ese Vicente del pasado que vivía ahogado en el éxito profesional y el estrés, ¿qué es lo primero que le dirías? 

V: Le diría algo sencillo para que lo recuerde siempre: “No tienes que aguantar tanto para sentirte merecedor de cosas buenas”. Creo que durante años confundí éxito con plenitud, reconocimiento con identidad y no parar con encontrar sentido a mi vida. Desde fuera parecía que todo iba bien, pero por dentro había cada vez más ruido y desconexión. A ese Vicente le diría que no crea que tiene un problema, que no es un desagradecido por sentirse vacío, y que no tiene por qué esperar a no poder más para empezar a escucharse. También le diría que empezara cuanto antes a construir espacios propios, aunque sean pequeños. Un plan B al camino establecido, una voz propia, una forma de vivir menos condicionada a un título o a una etiqueta social. Porque mi gran error no fue trabajar mucho sino creer que mi valor dependía demasiado de lo que conseguía a través de ese trabajo.

S.M: Entrando de lleno en Soy más que mi trabajo, atacas una costumbre que tenemos tatuada. Vamos a una cena, nos presentan a alguien y la primera frase siempre es: «Y tú, ¿a qué te dedicas?», como si fuéramos un perfil de LinkedIn con patas. Si pudieras borrar esa pregunta de nuestro vocabulario social, ¿cuál propondrías que fuera la nueva pregunta estándar para conocer a alguien sin reducirlo a su puesto de trabajo? 

V: Yo propondría esta: “¿Qué te ilusiona últimamente?”. Me gusta porque abre muchas opciones y no encasilla a la persona. No obliga a nadie a presentarse con una etiqueta ni con un cargo, y además deja entrar a la persona real. Alguien puede responder hablándote de su trabajo, pero también de un libro, de un proyecto, de su familia, de una curiosidad, de un viaje, de una idea o de una pequeña alegría cotidiana. Esa pregunta me parece mucho más humana. Nos recuerda que una persona no es solo lo que factura, ni lo que produce, ni lo que pone en su curriculum. A veces hemos reducido tanto la identidad a la profesión que parece que, si te quitan el trabajo, te quitan el nombre o la identidad. Y eso no es así. Todos somos bastante más interesantes que nuestro cargo.

S.M: El libro resuena muchísimo porque todos hemos tenido un día pésimo en la oficina y, al llegar a casa, nos ha arruinado la cena. Precisamente porque nuestra identidad está demasiado fusionada con el trabajo te pregunto: para ese lector que te está leyendo en el metro, volviendo a casa tras un día horrible en el trabajo, ¿cuál es el «cortocircuito» mental rápido que puede aplicar antes de meter la llave en la puerta para dejar al profesional fuera y que entre solo la persona? 

V: Yo le propondría parar diez segundos antes de entrar y decirse por dentro: “Hoy he tenido un mal día en el trabajo, pero yo no soy ese mal día, ni va a ser siempre así”. Parece poca cosa, pero cambia bastante. Porque una cosa es vivir algo desagradable y otra muy distinta es llevarlo pegado a la piel como si te definiera. Después de esa frase, ayuda mucho hacer una pequeña transición física como exhalar largo, bajar los hombros, soltar la mandíbula o notar los pies. El cuerpo también necesita enterarse de que ya has salido del campo de batalla. A veces necesitamos recordar que nuestro falso-yo profesional no debe entrar en casa y debe dejar su lugar a la persona auténtica que somos.

S.M: Este libro forma parte de la colección Hazlo Simple, y es cierto que el mensaje es directo. Sin embargo, pelear contra nuestra propia programación mental es complejo. Imagina que alguien termina tu libro esta misma noche. Mañana por la mañana suena el despertador y tiene que ir a trabajar. Antes de encender el ordenador o entrar en la oficina, ¿cuál es el acto más simple pero poderoso que puede hacer para recordarse a sí mismo que es mucho más que el trabajo que está a punto de empezar? 

V: Le diría que, antes de mirar el móvil, el correo o el calendario, se haga una pregunta muy corta: “¿Quién soy yo hoy, además de mi trabajo?”. Y que se obligue a responder con tres palabras o tres identidades: padre, amiga, hijo, creadora, caminante, lector, persona curiosa, lo que sea. Parece una tontería, pero no lo es. Es una manera de no arrancar el día entregando toda tu identidad a la primera reunión. A mí me gusta mucho esa idea de recordar por la mañana que el trabajo ocupa una parte de tu vida, pero no se le puede permitir que se apodere de toda ella. Esa pequeña pregunta te recoloca, y aunque no te quita problemas, te cambia al jefe y te devuelve al centro antes de empezar la jornada.

S.M: Tu gran mantra vital es que debemos dejar de ser ‘buscadores’ compulsivos e insatisfechos para convertirnos en ‘descubridores’ de lo que ya tenemos. Suena liberador, pero el mundo ahí fuera sigue gritándonos que produzcamos y compitamos. En tu día a día, ¿cómo pones en práctica este descubrimiento? ¿Qué pequeñas cosas te hacen sentir que hoy la vida ya es suficiente? 

V: Tu gran mantra vital es que debemos dejar de ser ‘buscadores’ compulsivos e insatisfechos para convertirnos en ‘descubridores’ de lo que ya tenemos. Suena liberador, pero el mundo ahí fuera sigue gritándonos que produzcamos y compitamos. En tu día a día, ¿cómo pones en práctica este descubrimiento? ¿Qué pequeñas cosas te hacen sentir que hoy la vida ya es suficiente?

S.M: Por último Vicente, ¿qué es lo que más te gusta de Slocum Magazine? 

V: Me gusta precisamente que no parece una revista hecha con prisa ni con ansiedad por llamar la atención. Eso, hoy, ya es muy raro y muy valioso. Percibo una manera de mirar que tiene gusto, sensibilidad y fondo con una intención clara, no solo estética. Me gusta esa idea tan vuestra de observar con intención y de apostar por una belleza más honesta y menos obvia. Creo que en un mundo saturado de impacto rápido, Slocum transmite criterio y acompaña al lector con profundidad. Y eso me parece muy difícil de conseguir y se agradece mucho cuando sucede.

Creo que nos hemos creído la trampa de que valemos exactamente lo que producimos, de ahí la gran lección de Soy más que mi trabajo. La vida pasa por el acto cotidiano de llegar a casa, dejar las llaves en la entrada y no arrastrar el estrés de la oficina hasta el salón. Pasa por recordar cada mañana, antes de encender la pantalla, que somos mucho más que la firma de nuestro correo electrónico.

Charlar con Vicente me deja con una sensación de alivio casi física. Es como si, de repente, alguien te diera permiso para soltar una mochila pesadísima que ni siquiera sabías que llevabas. Quizá el verdadero éxito sea justo ese: llegar a la próxima cena, que nos pregunten a qué nos dedicamos, y sonreír sabiendo que la respuesta a esa pregunta es, con diferencia, lo menos interesante que tenemos que ofrecer.

Para hacerte con tu ejemplar de Soy más que mi trabajo, aquí. 

Y te dejo todo el universo de Vicente en sincronizatutalento.com

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