Jesús Bernad es Global Wine Ambassador de Bodegas Arzuaga Navarro y, gracias a su larga trayectoria internacional y de excelencia, es uno de los expertos mejor valorados en el sector. Entrevista en exclusiva para Slocum Magazine.
Por Óscar Costa
Si pensamos en cosas características de España, uno de los productos más típicos que nos viene a la mente es el vino y es que nuestro país no solo es uno de los productores de vino más importante a nivel mundial, también y de una forma muy especial, destaca por la calidad que tienen los vinos creados en nuestra tierra.
Es por ello que nuestro país también es cuna de algunos de los mejores catadores a nivel mundial y hoy os queremos presentar a Jesús Bernad, Global Wine Ambassador de Bodegas Arzuaga Navarro, quien ha trabajado como sumiller en nuestro país, EEUU e incluso en Australia; además, tiene un libro publicado en el que nos recomienda diferentes vinos y durante el confinamiento nos lanzó vídeos sobre su pasión que nos pusieron los dientes largos y, en más de una ocasión, encargamos algún vino por Internet.

Hablamos con él para conocerle mejor y aprender del mundo vinícola en la antesala de la fantástica cata didáctica de vinos con la que Jesús y Bodegas Arzuaga deleitaron a Slocum magazine y a sus invitados en el fantástico show room de Madrid de dicha bodega, y de la que os hablaremos en los próximos días.
—SLOCUM: ¿Qué es lo que recuerdas con mayor cariño de tu tiempo como sumiller?
—JESÚS BERNAD: Realmente lo mejor es la gente, el placer que proporcionas al elegir la botella adecuada en función de la persona y escoger el vino que redondea la experiencia gastronómica y sensorial. Recomendar un vino que te guste mucho, no tiene nada que ver tus gustos o tu cultura enológica con la de la persona que está sentada a la mesa.
—SLOCUM: ¿Un vino español debe salir de las fronteras para ser “profeta” fuera de su tierra y adquirir nombre?
—JESÚS BERNAD: Es importante que las bodegas españolas salgan fuera y compitan con vinos extranjeros para saber en que posición están. Recientemente hemos estado en una feria en Holanda representando los vinos de Arzuaga, en la que hemos podido comprobar que tenían una fantástica aceptación, aunque la denominación de origen Ribera del Duero no es tan conocida como otras de Francia o Italia.

—S: ¿Cómo es el vino en el resto del mundo?
—J: En estos momentos los máximos productores somos España, Italia y Francia por la tradición mediterránea, pero en El Nuevo Mundo han encontrado espacios muy adecuados para producir vino. Pero, cada uno con su personalidad: producir el mismo tipo de vino no es sinónimo de que tenga el mismo sabor, porque las condiciones climatológicas y el suelo hacen que dos vinos sean completamente diferentes. La unión de la uva, el clima y el suelo, hacen única cada zona vinícola.
—S: Imaginemos que tenemos 22 años, poco dinero y quiero celebrar una cena especial ¿qué vino recomendarías?
—J: Hay una serie de vinos que son muy placenteros a la hora de beber para personas con un paladar menos desarrollado, por ejemplo, nosotros tenemos un vino cuyo nombre es La Planta, con seis meses de crianza, en el que predomina mucho la fruta y está muy equilibrado, que no tiene un cuerpo muy potente, la acidez está muy en equilibrio y por tanto se trata de un vino muy placentero. Hacemos también un Chardonnay en La Mancha llamado Pago Mota que es una auténtica delicia de vino blanco.

—S: ¿Qué aconsejas para disfrutar del vino?
—J: Lo primero es la temperatura, hay veces que te encuentras un tinto demasiado caliente o un blanco demasiado frio, que no te permiten disfrutar de la experiencia sensorial. No se debería beber nunca un vino tinto por encima de los 18 o 20 grados, así que no hay que tener reparo en meterlo algo de tiempo en la nevera. Otro punto importante son las copas: la calidad de la copa es fundamental, por eso nosotros utilizamos Riedel. Y por último pensar mucho en lo que se va a beber en base a lo que se va a comer.
—S: ¿Cómo podemos identificar un buen vino?
—J: Saber si un vino es bueno o no, va a depender de su cultura enológica. Cada vino tiene su momento y al igual que no todos los días te vistes igual, no todos los días puedes beber el mismo vino, porque hay que tener en cuenta la compañía, el lugar en el que te encuentras…

—S: Hablando de Bodegas Arzuaga, ¿cómo se plantea la próxima década?
—J: El próximo año se cumple la trigésima vendimia uniendo la personalidad de la Ribera con la finura y la elegancia, gracias a entender más el viñedo, con crianzas más cortas en la barrica y con el roble francés. Estamos muy contentos con la progresión y una buena muestra es que, en una cata a ciegas para la prestigiosa revista inglesa Le Decanter, tanto el crianza del 2018 como el reserva del 2018 consiguieron 97 puntos sobre 100, lo cual indica que vamos por el buen camino. Y Arzuaga, en cuanto a ecoturismo se refiere, es la número uno de la Ribera del Duero, con una media de 40.000 visitas al año, y aúna muchos elementos que la hacen muy atractiva, ya que por un lado está el entorno natural en el que se encuentra el viñedo y donde se ha respetado al máximo la fauna de la zona (ciervos, jabalís, muflones…), lo cual lo convierte en un entorno único en el páramo, y por otra parte tenemos la bodega con un aspecto muy castellano, que además alberga dos restaurantes: el tradicional, muy conocido por toda la gente que pasa por la zona y prueba la cocina castellana, como el lechazo, y por otro lado desde hace varios años contamos con el Taller Arzuaga que es un restaurante con una estrella Michelin y dirigido por el chef Víctor Gutiérrez. Finalmente, contamos con un hotel cinco estrellas y con un spa, por lo cual es un lugar idóneo para el disfrute.

—S: Las botellas de vino que tengo en casa, ¿cómo las conservo?
—J: Lo mejor que se puede hacer con una botella de vino es bebérselo. No hay que esperar mucho tiempo, cuidando en su conservación que la temperatura no sea muy alta y que sea un espacio oscuro. Pero, hay que estar muy pendiente para que no se pase.
—S: Para terminar, ¿alguna anécdota divertida que quieras compartir con los lectores de Slocum?
—J: Una de las anécdotas más simpáticas que atesoro en mi trayectoria profesional, es la siguiente: en una ocasión en la que estaba viajando por Australia haciendo catas, conocí a un enólogo de la zona que me invitó a una cena con más enólogos y en la que cada uno debía llevar una botella. Él me dijo que se encargaba de llevar la mía y cuando tocó catar mi vino, catamos un jerez australiano y un jerez de Jerez de la Frontera. Yo presenté el vino y los diferencié rápidamente, pero el resto de los enólogos me dijeron que estaba confundido por que la botella que yo presentaba era claramente australiana y viceversa, me disculpé como cura de humildad, pero el enólogo que me había invitado dijo “tiene razón Jesús, he cambiado los vinos de botella porque sabía que os ibais a fijar”.

Créditos fotografías: Carmela García
