Tras el fenómeno mundial de Los ojos de Mona, el historiador del arte Thomas Schlesser cambia el lienzo por la palabra escrita en su nueva novela, El gato del jardinero. Nos invita a explorar cómo la poesía, el amor y la mirada empática hacia los animales pueden convertirse en nuestra mayor fortaleza.
Por Estíbaliz Cazorla
Hay libros que actúan como pausas necesarias. Obras que sirven como recordatorio de que la contemplación, la ternura y la belleza siguen siendo actos de profunda resistencia. Thomas Schlesser —historiador del arte, profesor de la École Polytechnique de París y director de la prestigiosa Fundación Hartung-Bergman— logró un fenómeno mundial en 2024 con Los ojos de Mona, enseñando a más de un millón de lectores a encontrar su propio reflejo en las grandes obras maestras de la historia del arte.
Thomas Schlesser regresa con El gato del jardinero, una novela en la que desvía su mirada del lienzo pintado hacia la palabra escrita. Ambientada bajo la luz tamizada de la Provenza tras el paso de una tormenta devastadora, la historia reúne a dos almas aparentemente opuestas: Louis, un jardinero colosal e hipersensible que ha enmudecido ante la enfermedad terminal de su gato rescatado, y Talía, una profesora de literatura jubilada que le ofrece un pacto luminoso. Él restaurará su jardín arrasado y, a cambio, ella le enseñará cómo la poesía lleva milenios dándole nombre a lo inefable.
Hablo con Thomas Schlesser sobre el arte de «habitar poéticamente la tierra», el poder sanador de los versos y la capacidad inagotable de la literatura para reconstruir aquello que creíamos irremediablemente roto.

Slocum Magazine: En Los ojos de Mona, nos invitaste a mirar el mundo y la vida a través de la pintura antes de que la luz se apague. Y en este libro, nos propones escuchar la poesía cuando el dolor o el silencio nos paralizan. Como historiador del arte acostumbrado al peso de la imagen, ¿cómo ha evolucionado tu propia relación con la belleza durante esta transición entre la fascinación visual de las galerías y el ritmo inmaterial de los versos?
Thomas Schlesser: Para mí hay dos respuestas importantes aquí. La primera es que en mi vida, en mi vida personal, el amor por la poesía viene mucho antes del interés por las bellas artes. Cuando era adolescente, descubro pues la poesía y de cierta manera siento que salva mi existencia porque era un mal estudiante y la poesía era como una especie de puerta de salida, una escapatoria. La pintura llega más tarde, cuando tenía 20 años más o menos y estoy haciendo mis estudios, pero la poesía es mi gran pasión. El segundo elemento de esta respuesta que quiero dar es que, desde mi punto de vista, la belleza, lo bello, es, como dice Baudelaire, siempre extraña o rara. Es una frase bastante singular y bastante imperativa, porque cuando tenemos en mente que la belleza siempre es extraña, quiere decir que se reinventa constantemente. Y la poesía, por su lenguaje a veces un poco perturbado y perturbador, también es una claraboya específica sobre lo extraño de la poesía.

S.M: Hay un pasaje fascinante en este libro donde Thalia afirma que no es el amor lo que engendra la poesía, sino que es la poesía, el lenguaje, el canto, el mito, etcétera, lo que inventa y moldea nuestra forma de amar. Si la literatura no hubiera puesto palabras al deseo o a la pérdida a lo largo de los siglos, ¿amaríamos de manera diferente? ¿Quizás peor, menos profundamente?
T: Gracias por esta pregunta, que muestra que hay una lectura muy atenta y hasta el final del libro. Es digamos mi pasaje preferido, pero Thalia, ella también especifica que realmente no está tan segura de lo que dice, porque esta propuesta intelectual es como muy audaz, que incluso dudamos a la hora de formularla. Pero sí, creo que amamos como amamos porque el lenguaje, y especialmente nuestra cultura literaria y poética, forjan imágenes del amor donde a día de hoy somos nosotros los objetos que lo vivimos.
Y es bastante evidente que nuestras grandes referencias, que son la poesía, pero también el cine y también bueno, la música, las canciones, esto forja nuestra manera de gestionar nuestras emociones. Y en este sentido, los artistas tienen una responsabilidad enorme. Nos invitan, nos llevan a ser personas de una naturaleza mejor, esperando que seamos acogedores, generosos, respetuosos… Creo, por ejemplo, que todos los debates, conversaciones feministas actuales, nos permiten ver claramente hasta qué punto la cultura que mete demasiado, que pone demasiada importancia en la sexualidad agresiva o en la masculinidad, puede tener un punto contrario muy tóxico. Entonces sí, creo que Thalia tiene razón, es la poesía la que orienta nuestra manera de amar.

S.M: El sufrimiento silencioso del gato y su nombre, y la aparición mística de Archivald, ese cocker spaniel, le confieren una dimensión sagrada a la novela. ¿Por qué era tan esencial que el despertar poético de Louis pasara por una mirada atenta y empática hacia los animales y la fragilidad de los seres vivos?
T: Lo primero que asumo es que, bueno, yo mismo siento una espiritualidad muy fuerte. Yo soy muy creyente en la trascendencia, o sea, soy de cultura católica, a ver, no soy practicante en absoluto, pero sí que me habita una especie de fe. Y de manera un poco extraña, digo que aquello que a veces alimenta esto es la mirada que yo tengo sobre los animales, o la idea que tengo sobre ellos. Me siento como lleno de esperanza, de confianza y, y también de esta, ese espíritu de trascendencia cuando miro la mirada de un animal, de un caballo, de un pájaro, de un perro, de un gato… Es casi inexplicable, pero es así. Y de ahí también veo la mirada de los animales en general, una empatía desmesurada. Y evidentemente, para mí, la idea de un gato que sufre en silencio porque tiene un tumor, es algo al mismo tiempo profundamente doloroso y es algo que te mueve. Pero en el libro, ahí tenemos este contrapunto con esta fuerza tranquila, que es la fuerza de Archivald, que es esta especie de potencia o poder sobrenatural, pero también muy afectiva de un perro, que de repente aparece. Y para concluir esta pregunta, me gustaría decir que la frase que se repite, que Louis repite, se repite mucho y yo también, y en la cual yo creo, es que al final, los perros salvan el mundo.
S.M: Uno de los detalles más hermosos de este libro es la biblioteca construida por Nicolas. Unas estanterías talladas en el sauce derribado por la tormenta, que han conservado su alma salvaje. ¿No es la literatura precisamente eso, una manera de construirse un refugio luminoso en medio de los escombros de lo que la vida ha devastado?
T: Sí, es verdad que la literatura es un refugio, pero cuando reflexiono, lo que intento, sobre lo que intento mostrar en este libro, es más que un refugio, es una acumulación de archipiélagos que forman un continente inmenso. En el gato del jardinero, Thalia tiene digamos, más de 10.000 libros en su biblioteca. Y en fin, evidentemente esta biblioteca también parece, bueno, es una habitación, pero se parece a un refugio, tal vez también es una puerta abierta a miles y miles de horizontes distintos. Cuando pensamos que en un solo verso de un poema, tal vez en este, o en un refrán de una canción, tenemos la impresión de que de repente estamos sufriendo de alguna pena o que descubrimos un nuevo territorio. Y cuando reflexionamos a la totalidad de la literatura mundial, pues a la vez es algo que sorprende y es también prodigioso, y la verdad es que sí, es maravilloso.

Si el ruido del mundo te abruma o si alguna vez has necesitado un refugio, esta historia te está esperando. Sumérgete en las páginas de El gato del jardinero y descubre por qué, a veces, la verdadera salvación se esconde en la belleza de un verso, en la quietud de una biblioteca o en la mirada compasiva de un animal. No te pierdas la conmovedora nueva novela de Thomas Schlesser. Te dejo el Gato del jardinero, aquí.
Estíbaliz Cazorla, jefa de Redacción. Es especialista en comunicación estratégica e identidad verbal para marcas. Fundadora de la agencia boutique Mirar para Crear. Más aquí.
