Madrid tiene días que se beben despacio. Días que empiezan con café y siguen con botánicos. El pasado 24 de febrero, en el imponente Centro Riojano de Madrid -en plena calle Serrano- fue uno de esos.
Por Guillermo Domínguez
Madrid tiene días que se beben despacio. Días que empiezan con café y siguen con botánicos. El pasado 24 de febrero, en el imponente Centro Riojano de Madrid -en plena calle Serrano- fue uno de esos. Un día en el que este redactor de Slocum deja de escribir sobre las cosas para empezar a saborearlas. Porque no es lo mismo contar el vermut que enfrentarse a él con una copa, una ficha de cata y el silencio expectante de una sala que huele a historia… y a sabiduría.
El edificio que alberga el Centro Riojano -que preside mi buen amigo José Antonio Rupérez Caño- impone sin necesidad de levantar la voz. Techos altos, madera noble, ese aire de club antiguo donde cada detalle parece decirte que aquí han pasado cosas. Y pasan. Ese martes de febrero, el vermut artesano reclamaba su lugar en España y en el mundo.

El peso de una copa
Ser jurado suena mejor de lo que es. O peor, según se mire. Porque aquí hay responsabilidad, y más si como compañeros de viaje tienes a personalidades de prestigio como los sumilleres Jesús Flores, Marina García y Paloma Lombana, el maestro en destilados Carlos Liévano y los periodistas gastronómicos Concha Crespo, María Giménez y Ernesto Gallud.
Sin olvidar, por supuesto, a esa auténtica enciclopedia que responde al nombre de Pascual Ibáñez —presidente del concurso, sumiller y maestro catador de todo tipo de productos—, todos bajo la dirección y atenta observación de Susana Herranz, presidenta de la Asociación de Vermuts Artesanos de España.

El arte de decidir
No es fácil puntuar. Nunca lo es. ¿Cómo se mide la emoción? ¿Cómo se traduce un recuerdo en números? Y, sin embargo, hay que hacerlo. Aroma, sabor, equilibrio, originalidad. Todo entra en juego.
El panel está formado por sumilleres, enólogos, gente que lleva media vida afinando el gusto. Profesionales que saben detectar un matiz donde otros solo encuentran alcohol. Y aun así, hay dudas. Siempre las hay.
Recuerdo uno en concreto. Complejo, casi desafiante. No gustó a todos. Pero a mí me dijo cosas, tenía algo. Ese punto imperfecto que hace que quieras volver a él. Dudé. Dudé mucho. Y eso, en una cata, es buena señal.

Madrid, capital del vermut (otra vez)
Durante años, el vermut fue cosa de domingos y abuelos. De barras de zinc y sifón. Hoy ha vuelto. Y lo ha hecho con otra piel. Más inquieta, más creativa, más libre. Este concurso es, en el fondo, un síntoma. Una manera de decir que el vermut artesano no solo existe, sino que importa. Que hay una generación empeñada en hacerlo bien. Sin atajos.
Pero más allá de los premios, lo importante es el conjunto. La sensación de que algo está pasando. De que el vermut ha dejado de ser un actor secundario.
Por ello conviene rendirle este sentido y merecido homenaje, más teniendo en cuenta que este texto se redactó en vísperas del Día del Vermut (23 de marzo).
Probamos la friolera de 23 vermuts cada uno de los miembros —salvo el valiente de Pascual que, como buen catador que es, se atrevió con todos— de todo tipo: rojos, blancos, rosados y dorados. Concedimos un Gran Oro (Tres Rucio Rosado), seis Oros y 12 Platas. Los restantes… bueno, lo intentaron presentándose a concurso.
Aquí la relación de vermuts galardonados en esta II edición de Vermuts Artesanos de España:
GRAN ORO 2026
Vermut Tres Rucio Rosado
ORO 2026
Vermut Quitapenas Rojo
Vermut Loa Rojo
Vermut Veleto Rojo
Vermut Camins de la Creu de Pedra Rojo
Vermut Xalar Dorado
Vermut La Vermood Rojo
PLATA 2026
Vermut Txurrut X Aniversario Rojo
Vermut Marcaró Rojo
Vermut Curro Garaje Rojo
Vermut Cabecita Loca Rojo
Vermut Ecológico Cítrico Robles Dorado
Vermut Martínez Lacuesta Reserva Rojo
Vermut La Creu de Pedra Rojo
Vermut Bendita Locura Blanco
Vermut Conzia Martínez Lacuesta Rojo
Vermut La Gaviota Mariola Reserva Rojo
Vermut El Quinto
Vermut Dabuti
