El prolífico escritor italiano, que ha encontrado en España su territorio narrativo, convierte el thriller en una experiencia total: del papel al oído, de la intuición al vértigo. En conversación con Slocum, recorre su camino, sus ciudades y su desembarco en Audible.
Por Guillermo Domínguez
Hay autores que escriben con método. Otros, con obsesión. Y luego está Riccardo Braccaioli, que escribe como quien persigue algo que siempre está a punto de escaparse: una idea, una imagen, una sombra que se desliza entre dos ciudades. Casi 40 libros después —una cifra que parece más propia de una vida entera que de alguien que aún no ha llegado al medio siglo de vida—, el nombre de este prolífico escritor italiano, afincado en España, empieza a sonar con la cadencia de quienes no solo producen, sino que construyen un universo.
Braccaioli recibe a este redactor de Slocum con la serenidad de quien ya ha entendido su ritmo. O, al menos, ha aprendido a convivir con él. “Mi primera novela se publicó el 29 de agosto de 2021”, dice. Y en esa fecha hay algo fundacional, casi ritual. “Desde entonces me dedico profesionalmente a escribir, a tiempo completo”. No hay épica en el tono, pero sí una determinación que explica lo demás: la velocidad, la continuidad, la naturalidad con la que una historia lleva a la otra.
La serie de Álex Cortés, ambientada en Barcelona, fue el primer gran punto de anclaje. “Los casos fueron desarrollándose con mucha fluidez, al mismo tiempo que los lectores se iban enganchando al personaje”, relata el autor, nacido en Carpi —a unos pocos kilómetros al norte de Módena— pero que lleva ya tres décadas residiendo entre varias ciudades españolas. Esa palabra, ‘fluidez’, aparece varias veces durante la conversación. Como si escribir, para él, fuera menos un acto de esfuerzo que de canalización.

El origen: una película y una intuición. Todo thriller tiene un origen, pero en el caso de Braccaioli hay dos. El primero es una escena doméstica: un niño de 13 años viendo Seven, la afamada película dirigida por David Fincher y protagonizada por Brad Pitt, Morgan Freeman y Kevin Spacey, entre otras estrellas del celuloide. “Me impactó profundamente”, confiesa a Slocum, “marcó un antes y un después”. No es difícil imaginar ese momento como una grieta: la conciencia de que el mal puede ser narrado con belleza, con ritmo, con una estética propia.
El segundo origen es más íntimo, casi involuntario. “En una competición en la que participaba mi padre, al no aparecer, pensé por un instante que alguien podía haberle hecho daño”. No ocurrió nada, pero la idea quedó suspendida. “Acabó convirtiéndose en mi primera novela”, confiesa.
Ahí está, quizá, la clave de su literatura: no tanto en lo que sucede, sino en lo que podría haber sucedido. En ese territorio intermedio donde la mente construye historias para llenar los huecos de la realidad.

El italiano más español. Braccaioli ríe cuando se le sugiere que podría ser “el italiano más español”. Pero hay algo de verdad en la broma. Llegó a España con 12 años. La Costa Brava primero; después, una vida repartida entre grandes urbes que han acabado filtrándose en sus tramas. “He vivido más años aquí que en Italia”, reconoce. Y, sin embargo, mantiene una dualidad que se percibe en su manera de narrar: la precisión italiana, el pulso español.
Madrid ocupa un lugar especial. “Viví ocho años allí. Es una ciudad que me ha marcado mucho”. Barcelona, aunque no la habitó de forma permanente, aparece como un escenario natural: “La conozco muy bien. El thriller encaja perfectamente en ambas. Tienen historia, contrastes, personalidad”. Hay algo casi cartográfico en su manera de hablar de las ciudades. No son solo decorados, sino que se trata de organismos narrativos.
En No matarás, su desembarco en el universo de Audible dentro de la serie El asesino de los Diez Mandamientos, Madrid se convierte en algo más que un telón de fondo. “Hay un Madrid visible, pero también otro más misterioso y subterráneo”, explica. Y es en ese segundo donde se despliega la tensión. Los sótanos del Palacio Real, los interiores del Hotel Four Seasons, el propio centro de la ciudad (con la calle Arenal o la Chocolatería San Ginés)… espacios perfectamente reconocibles que, bajo su mirada, adquieren una nueva densidad. Prefiere no desvelar demasiado. Y hace bien, pues en su literatura hay un pacto implícito que el lector —o el oyente— debe descubrir.
Cuando se le pregunta por el personaje con el que más se identifica, duda. No por falta de respuesta, sino por exceso de ellas. “Todos tienen algo de mí”, admite Braccaioli. Es una idea recurrente en muchos escritores, pero en su caso adquiere un matiz particular: la sensación de que cada protagonista es una versión posible, una variación.
Álex Cortés, Bruno Malatesta… nombres que funcionan como espejos fragmentados. Quizá por ello sus historias avanzan con esa naturalidad: porque no hay una distancia total entre quien escribe y quien actúa.

Escuchar la historia: el salto a Audible. Hay un momento en la conversación en el que la escritura deja de ser visual y se vuelve sonora. Ahí es cuando aparece Audible. “Para un escritor, escuchar su propia historia interpretada por un narrador profesional es una experiencia muy especial”, dice. Y en esa frase hay algo más que satisfacción: hay descubrimiento.
El audiolibro no es solo una adaptación, sino que es una relectura. Una nueva capa. En su caso, esa capa tiene una voz concreta: la de Jordi Salas. “Me siento muy afortunado de que él haya sido el encargado de dar voz a Álex Cortés”. La elección no es casual, ni impersonal. Hay amistad, pero también afinidad narrativa porque el actor catalán “ha sabido interpretar perfectamente el tono y la personalidad del personaje”.
Escuchar a otro decir lo que uno ha escrito es, en cierto modo, ceder el control. Pero también ampliarlo. La historia deja de pertenecer solo al autor y pasa a habitar en la voz, en el ritmo, en las pausas. Ahí es donde Audible juega un papel decisivo: en transformar la lectura en experiencia. En permitir que el thriller se escuche como se vive: con tensión, con respiración contenida, con esa sensación de que algo está a punto de suceder.

Velocidad y vértigo. Hay algo casi deportivo en la trayectoria de Riccardo Braccaioli. No es casual que, al preguntarle qué habría hecho de no ser escritor, responda: “Probablemente habría intentado ser piloto de Fórmula 1”. La imagen encaja. La velocidad, la concentración, la necesidad de anticipar.
Aunque luego introduce un giro inesperado: “O conductor de ambulancias”. Y, de pronto, la velocidad adquiere otro sentido. No se trata solo correr, sino de llegar a tiempo. Estar donde se necesita. Quizá escribir, para él, sea una mezcla de ambas cosas.
El futuro, en su caso, no es una incógnita, sino un calendario. “Hasta 2028 irán publicándose las novelas que continúan No matarás”, explica. Una nueva entrega cada dos o tres meses. Entre ellas, nuevos casos de Álex Cortés. No es solo productividad, es planificación. Una arquitectura narrativa que se despliega en el tiempo, casi como una serie televisiva, pero con la profundidad del texto y la intensidad del audio.
Al despedirnos, queda la sensación de haber hablado con alguien que entiende el thriller no como un género, sino como un lenguaje. Uno que puede escribirse, leerse y, ahora, escucharse.
Riccardo Braccaioli no parece interesado en detenerse. Ni tampoco en repetirse. Su literatura avanza, cambia de ciudad, de formato, de voz… y, en ese movimiento constante, hay algo profundamente contemporáneo: la idea de que las historias ya no pertenecen a un solo lugar. Ni a un solo modo de ser contadas.
