Este poemario estructura las etapas de una relación, asemejándolo con el mar ya que al igual éste sube y baja la marea, unas veces explota el temporal y otras la calma.
Por Nacho Figueroa
Las olas que Madrid no tiene a veces te pueden barrer con su fuerza, entre silencios y ausencias, recuerdos y palabras nunca dichas (o repetidas demasiado). La infancia nos persigue como un eco, creando una coraza que nos proteja de sentir o haciéndonos aceptar algo que quizás no merecemos pero que nos hace sentir queridos. Somos la generación cobarde.
Cantándole al amor sin saber qué es, si es que existe, ni dónde encontrarlo. Huyendo del sentir, porque ni siquiera sabemos identificarlo. Pero no sólo el amor romántico sino también el amor propio que a veces se nos esconde entre grietas de lo que fuimos, no supimos ser o nos obligaron a ser. Pero aunque suene incomprensible, a veces el único modo de evitar la afonía cuando nos quitan la voz es querernos mucho más alto. Como en estos versos que se juntan para dar vida al libro que tienes entre tus manos.

Natalia G. Santamaría escribe “La generación cobarde” cuando era pequeña, durante una estancia en el hospital. Le enseñaron a leer con tres años, y a los cuatro ya leía con gran fluidez. Los libros han marcado su vida desde entonces.
“La generación cobarde” lleva siendo un proyecto en la cabeza de la autora desde hace cinco años, hasta que terminó la versión definitiva.

Escribió este poemario en un momento en el que creía que las olas que Madrid no tiene le habían barrido con tanta fuerza que jamás conseguiría volver a la orilla. Pero consiguió volver, abrazarse y dejarse llevar por la marea. “La generación cobarde” ilustra la búsqueda, salvación y comprensión de una persona. Habla de errores, miedos, y de fantasmas del pasado. Dejar ir para nadar por nuestros propios medios es la enseñanza que transmite este poemario.

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