ACCIONES CLAVE PARA TRANSFORMAR LA CALIDAD DE VIDA EN LAS CIUDADES

Desde el mobiliario urbano hasta el comercio local, estas acciones pueden convertir tu ciudad en un lugar más saludable, seguro y sostenible.

Por Paulina Bernal


La fisionomía y las características de las ciudades son unos factores clave para el bienestar de sus habitantes. A medida que las urbes crecen y enfrentan desafíos como la contaminación, el tráfico y la pérdida de espacios verdes, es fundamental implementar políticas y acciones que promuevan un entorno más saludable, seguro y sostenible.

En la década de los noventa, varios estudios demostraron que cualquier ciudad que superase los 250.000 habitantes, iba inevitablemente a sufrir fallas en su gestión, más allá de la buena voluntad y de las capacidades y buen hacer de sus administraciones.

Así mismo, existen diferentes estudios médicos y científicos que han confirmado la importancia de esta regla: que veas tres arboles desde el balcón de tu casa, que tu barrio cuente con un espacio verde de por lo menos un 30% y que tu vivienda tenga una distancia de menos de 300 metros de un gran parque. Lo que se ha demostrado es que en la población que no tenga acceso a esta regla, se multiplica hasta por siete el riesgo de sufrir un importante riesgo psíquico.

En los últimos años, las principales ciudades del mundo occidental han enfocado sus esfuerzos en la sostenibilidad y en la movilidad activa. La tendencia hacia la creación de zonas peatonales y ciclistas se ha acelerado, con ciudades como París, Londres, Milán y Los Ángeles ampliando sus áreas peatonales en el centro urbano. Además, la inversión en espacios verdes ha sido prioritaria: según el informe “Urban Green Space” de la ONU, las ciudades globales aumentaron en promedio un 10% sus áreas verdes en los últimos cinco años. La digitalización y el uso de datos abiertos también están transformando la gestión urbana, haciendo las ciudades más participativas y eficientes.

A continuación, unas medidas que pueden transformar significativamente la vida urbana, acompañadas de la tendencia actual en las principales capitales
internacionales.

Mejorar el mobiliario urbano y aumentar la limpieza. Un mobiliario urbano cómodo, accesible y bien mantenido fomenta la interacción social y la comodidad de los ciudadanos. La limpieza de calles y espacios públicos también es esencial para prevenir enfermedades y mejorar la percepción de bienestar y seguridad. Muchas ciudades, como Barcelona, han invertido en mobiliario sostenible y en programas de limpieza que incluyen el uso de tecnología para mantener las calles limpias en tiempo real. Sin embargo, sorprende, en negativo, como en ciertas zonas de Madrid, la suciedad en las aceras sea protagonista a cualquier hora. Nos referimos a zonas muy céntricas, con una falta absoluta de decoro urbano y de limpieza, como ocurre en barrios como el de Malasaña. Se sigue dando prioridad a los coches, aun siendo las aceras extremadamente pequeñas. Algo que no permite una movilidad cómoda (hablaremos más delante de este aspecto). A menudo hay que “torear” con cristales rotos, papeles y objetos tirados en el suelo, además que con los temidos bolardos de hierro que tanto afectan a diario a las rodillas de los peatones y a conductores.

Incrementar las zonas verdes y la plantación de árboles. Los espacios verdes no solo embellecen la ciudad, sino que también mejoran la calidad del aire, reducen el efecto de isla de calor y promueven la salud mental. Londres, por ejemplo, ha ampliado sus parques y plantado más de 100,000 árboles en los últimos años, consolidando su compromiso con la naturaleza urbana. En la gran mayoría de las ciudades del sur de Europa, donde las temperaturas en veranos son extremas, se están implementando o se está programando el hacerlo en tiempos breves, zonas verdes en las cuales los ciudadanos puedan encontrar refrigerio, incluyendo además zonas de sombra y chorros de agua vaporizada. El calor que sale del cemento a veces resulta insoportable. Hay que tener en cuenta también a los perros, que en verano al tener su cuerpo más cerca del suelo, sufren de forma exagerada las altas temperaturas. No
hay que olvidar que el grado de civilización de una nación, se puede medir por como trata a sus animales.

Fortalecer la seguridad ciudadana. Un entorno seguro fomenta el bienestar, la confianza y la participación ciudadana. La inversión en iluminación pública, cámaras de vigilancia y presencia policial efectiva son medidas que muchas ciudades del mundo, como Tokio, han implementado para reducir la delincuencia y aumentar la sensación de seguridad. Un buen gobierno y una buena administración tienen que facilitar las labores de las fuerzas del orden.

Apoyar y preservar el comercio pequeño y local. El comercio de proximidad ofrece productos de calidad, fomenta la economía local y mantiene viva la identidad de los barrios. Ciudades como París y Medellín han promovido programas para potenciar a los pequeños comerciantes, facilitando su acceso a mercados y mejorando la infraestructura comercial. El alma de las ciudades y, más aun, de los barrios, reside en sus comercios locales. El encanto, la calidad y la experiencia de los pequeños comercios es un valor que hay que preservar.

Potenciar el transporte público y la movilidad sostenible. Un sistema de transporte público eficiente y accesible reduce el uso del coche privado, disminuye la contaminación y mejora la movilidad. En Singapur, el sistema de transporte público es uno de los más eficientes del mundo, con un alto porcentaje de población que lo utiliza diariamente. En este sentido, hay que destacar la buena labor que se ha realizado en Madrid.

Fomentar el uso de bicicletas y crear zonas peatonales. Las infraestructuras para bicicletas y zonas peatonales no solo promueven la actividad física, sino que también reducen la congestión y mejoran la calidad del aire. La ciudad de Copenhague es un ejemplo destacado, con el 62% de sus habitantes que usan la bicicleta como medio principal de transporte. Hablando de zonas peatonales, un ejemplo a seguir puede ser el del Barrio de las Letras de Madrid. Un barrio con circulación reducida de coches que, por ejemplo, otras zonas de Madrid podrían utilizar como referencia. Antes hablábamos del Barrio de Malasaña, que podría ser una autentica joya pero que, sorprendentemente, sigue siendo una zona donde moverse andando resulta extremadamente incomodo. Calles como la Calle Pez, la Calle Espíritu Santo, la Plaza de San Ildefonso o la Calle Valverde podrían formar un conjunto peatonal maravilloso.

Sería más fácil mantener vivo el comercio local que caracteriza estas zona, la limpieza de las calles e incluso la seguridad. Se podrían promocionar más terrazas externas, controlando y limitando de forma eficaz los horarios para que el ruido no afecte a los vecinos. Menos coches circulando, mejor seguridad, limpieza, resultados para los comercios y bienestar para los ciudadanos.

Promover la participación ciudadana y la gobernanza inclusiva. La implicación de los residentes en la planificación urbana garantiza que las políticas respondan a sus necesidades. Ciudades como Helsinki o Madrid han desarrollado plataformas digitales para que los ciudadanos puedan participar en decisiones sobre movilidad, espacios públicos y servicios.

Implementar políticas de sostenibilidad y eficiencia energética. El uso de energías renovables, la gestión eficiente de residuos y la construcción sostenible contribuyen a mitigar el impacto ambiental. Nueva York ha establecido metas ambiciosas para reducir sus emisiones y aumentar el uso de energías limpias en sus edificios públicos. Fomentar la innovación tecnológica y los datos abiertos. El uso de tecnología y datos en tiempo real permite gestionar mejor los recursos urbanos y responder rápidamente a las necesidades de los ciudadanos. Barcelona, por ejemplo, ha desarrollado una plataforma de datos abiertos que mejora la gestión del transporte y la gestión de residuos.

Impulsar la educación y la cultura urbana. La promoción de actividades culturales y educativas en espacios públicos fortalece el sentido de comunidad y mejora la calidad de vida. París, con su red de museos y espacios culturales, ha demostrado cómo la cultura puede ser un motor de bienestar urbano. Promover actividades culturales en la ciudad es añadir bienestar para sus ciudadanos. La música, el teatro, la danza, las exposiciones… siempre conllevan una aportación benéfica; nunca lo contrarío.

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