EL VERANO ES PARA VACIAR LOS ESPACIOS DE RUIDO Y LLENARLOS DE INTENCIÓN

El diseño contemporáneo actúa como traductor de un estilo de vida que prioriza lo perdurable.

Por Estíbaliz Cazorla 


Primero, educar y entrenar la mirada. Sí,  antes de seleccionar objetos, hay que definir el criterio, y para encontrar una voz propia se requiere método y observación. Desde Basilea, la valenciana Sara Lloris desde @honolalab ejerce esta labor de prescripción de una manera tan calmada como interesante. Su trabajo desglosa la estética contemporánea y demuestra que el interiorismo nace de la inteligencia espacial: descartar lo obvio, mezclar con propósito e identidad, y entender la sofisticación como un ejercicio de contención. Ella marca el punto de partida visual, tú decides lo que seguir y lo que no. Con el permiso de Sara, me posiciono en este artículo como esa voz que te deja ideas para este verano. Espero hacerlo tan bien como ella lo hace en sus vídeos.

Por ejemplo, con la estructurar del exterior. El paso inicial podría ser disolver la frontera arquitectónica. El exterior asume el control de la casa, pero este vacío necesita anclaje. Diseños como los de Gandia Blasco resuelve esta transición mediante la geometría con su aproximación al mobiliario, de trazo sobrio, ordena el espacio. Las piezas no decoran sino que construyen y sostienen el descanso, otorgando a la terraza la jerarquía principal de la vivienda. Me viene a la mente su ARENA, la primera colección de formas puramente orgánicas de Søren Rose. Como ellos mismos describen: «sus elementos y tipologías evocan una cierta conexión con el mobiliario tradicional de médula y con la artesanía de la cestería, por sus abultadas formas redondeadas y el remate de sus bordes. Por otro, sus anchas lamas curvadas recuerdan al trabajo en chapa de madera propio del diseño escandinavo».

Creo que la importancia del peso de los materiales no puede pasar desapercibido. El verano se mide por el contacto físico con el entorno, y la artesanía textil devuelve la escala humana a los espacios diáfanos. Nanimarquina aplica este principio al suelo mediante la recuperación de técnicas manuales y el uso de fibras naturales, transforma la alfombra en un elemento estructural que aporta densidad, textura y arraigo bajo los pies. O el centro de gravedad, así es como yo veo las mesas en los espacios, como el centro de gravedad que funciona como el eje social de la casa. La sobremesa tiene sus propios códigos estéticos y requiere herramientas precisas, y verano aún más. Vajillas de Ultramar defiende este ritual a través de la cerámica de loza fina. Sus piezas hechas a mano, alejadas de la simetría de producción en cadena, actúan como el soporte material de la conversación y consolidan el valor del trabajo artesanal en el uso diario.

Por último, los espacios interiores. Allí la redefinición de los volúmenes. Con la caída del sol, la luz artificial altera la percepción del refugio. En el exterior, la iluminación cenital cede el paso a un formato más cercano. La selección de lámparas portátiles de Nedgis ilustra esta movilidad. Estas piezas crean islas de luz que acompañan la escala de la conversación, delimitando el espacio y esculpiendo las sombras sin alterar el entorno.

¿Y qué me dices de la arquitectura invisible? El interiorismo culmina en la percepción no visual porque, en mi opinión, la identidad de una casa se fija a través del olfato. El catálogo de Mar de Aromas ejerce un diseño olfativo que opera como una última capa que envuelve las estancias y sella el recuerdo del lugar con precisión. En el caso de Mar de Aromas, vamos directamente a Alicante, a ese rincón del Mediterráneo en el que se ha gestado un ecosistema donde la cera de soja y los aceites esenciales se trabajan con el cariño, la paciencia y el mimo debido. Un taller artesanal que está demostrando que la mejor estrategia es ponerle corazón.

El diseño, entendido bajo esta premisa, deja de ser un ejercicio estético para convertirse en una herramienta que moldea el tiempo. Un refugio estival alcanza su sentido cuando todos sus elementos dialogan cuando la mirada encuentra orden, la geometría del mobiliario sostiene las horas y la textura del hilo nos ancla a la tierra. Es la coordenada exacta donde la cerámica acoge la conversación, la luz portátil resguarda la noche y el aroma inscribe el recuerdo. Orquestar este ecosistema representa la forma más honesta de sofisticación.

Al final, no se trata de decorar una casa, sino de diseñar el escenario para vivir un verano despacio.

Estíbaliz Cazorla es especialista en comunicación estratégica e identidad verbal para marcas. Fundadora de Mirar para Crear. Más aquí.

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