ROMANTIZAR TU DÍA. CUANDO LA RUTINA LA VUELVES RITUAL

El verano, con su tiempo más lento y su luz potente, parece hecho para eso.

Por Estíbaliz Cazorla 


Elegir una taza distinta cada día para el café, encender una vela cuando cae la tarde, escribir dejándote llevar solo para escucharte. Son formas de afirmar que el tiempo no siempre tiene que ser útil. Que también puede ser sentido, sostenido y lento. ¿Qué es el verano sino esto?

La escritora Espido Freire lo explica con claridad cuando defiende el valor de los pequeños hábitos que dan estructura al día. “Un pacto con la vida, revisado hora a hora. […] Porque todo el tiempo perdido, el dedicado a la nada, a aburrirse, a aprender, a disfrutar, al descanso, a la búsqueda de algo, se convierte en lo único que tenemos en nuestro haber”, escribe en su blog. 

A menudo habla de la importancia de caminar sin rumbo, de desayunar con vajilla heredada, de leer poesía antes de dormir. No como excepción, sino como parte de la vida. 

Lo aparentemente menor es en realidad, lo que permite que todo lo demás ocurra. Durante el verano, estos gestos adquieren una dimensión distinta. El calor obliga a bajar el ritmo, las horas parecen alargarse, la luz se vuelve menos urgente. En esa condición, cada acción puede convertirse en un pequeño ritual. 

Ya lo dices Laura Riñón Sirera, escritora y librera: “Un libro puede cambiar una casa. Y también un día.” Yo pienso que leer bajo la sombra de una parra, escribir cartas a mano o servir el aperitivo en una bandeja de madera y tomarlo al aire libre pueden cambiar media vida.

Sostener el instante sin necesidad de nombrarlo. De otorgarle a lo íntimo el valor que nunca debió perder. “El verano es cuando el tiempo se gasta sin culpa. Y eso es casi felicidad” dice el escritor Manuel Jabois.

Romantizar la rutina es, quizá, una forma silenciosa de resistencia. No por nostalgia, sino por conciencia. No solo por estética, también por ética del cuidado. Un modo de decir: aquí estoy. Y esto, aunque nadie lo vea, importa.

Reivindico aprender a romantizar el verano. Como evasión y como forma de estar más conscientes, durante unas semanas. De hecho, todas las ciudades de esta parte del mundo contienen una promesa de campiña. Basta una mesa a la sombra, un par de vasos, una jarra de agua con limón o de sangría. Lo demás puede esperar. Lo esencial, en cambio, está ocurriendo ya.

Romantizar es embellecer y es reconocer que hay una forma de mirar que transforma. Que vivir con atención es un lujo al alcance de quien decide detenerse. Que el verano, si se deja, puede convertirse en la forma más simple y más honda de habitar el mundo.

Estíbaliz Cazorla es experta en Identidad Verbal para marcas, y Fundadora de Mirar para Crear.

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Un comentario en «ROMANTIZAR TU DÍA. CUANDO LA RUTINA LA VUELVES RITUAL»

  1. Me encantó leerte, un placer disfrutar de una tarde de café perdido entre letras de Estíbaliz. Que bonito es romantizar las rutinas, es una manera de hacerlas más bonitas, más divertidas, más dulces.
    Gracias por compartirlo!

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