Conoce cómo el diseño de interiores redefine la calidez para hacer de tu hogar, tu santuario.
Por Estíbaliz Cazorla
Enero y febrero tienen una mala reputación injustificada. Se le acusa de ser los meses grises, el de la resaca emocional post-navideña. Sin embargo, enero y febrero también ofrece el lujo más codiciado: retirarse.
Con el termómetro bajando, la vida social no desaparece, pero sí cambia de escenario. Se traslada de la terraza de casa al salón. Hablo del movimiento «Hygge elevado»: una tendencia que toma el concepto danés de la comodidad y lo pasa por el filtro de la alta costura y el diseño de vanguardia.
Bienvenidos a la estética del confort extremo.

Olvídate de la chimenea rústica de ladrillo. Las nuevas protagonistas de los salones más sofisticados son las chimeneas suspendidas y pivotantes, como los icónicos diseños de Focus, o las lineales de bioetanol integradas en muros de mármol Travertino o piedra caliza. Ya no se trata solo de calentar, el fuego se convierte en el punto arquitectónico alrededor del cual orbita la conversación, sustituyendo definitivamente a la televisión como el altar del salón.
El imperio del tacto. Si el verano es visual, el invierno es táctil. Vestir la casa es tan importante como vestirse uno mismo. Las mantas y plaids dejan de ser accesorios para convertirse en protagonistas absolutos. Por ejemplo, la excelencia de Loro Piana Interiors o Brunello Cucinelli, donde el cashmere, la vicuña y la lana virgen se trabajan con la misma maestría que un traje a medida.
La tendencia dicta el layering con cojines de terciopelo o de seda, alfombras de lana de oveja neozelandesa y cortinas de lino pesado que aíslan del mundo exterior.

La resistencia analógica es la biblioteca privada. Poseer una biblioteca física es el símbolo definitivo de estatus y paz mental. Enero es el mes de la lectura lenta. Las nuevas bibliotecas privadas se diseñan como santuarios de silencio: estanterías de nogal o roble ahumado, iluminadas estratégicamente por lámparas de lectura de diseño. Piensa en una Snoopy de Flos o una Tizio de Artemide. Es el rincón donde el tiempo se detiene, acompañado de una buena lectura y el calor lejano de la chimenea.

El bar en casa. Recibir amigos en casa en invierno requiere un ritual a la altura. Cuando los invitados llegan huyendo del frío, es el momento de abrir el gabinete de curiosidades que es el bar privado. La cristalería tallada de Baccarat o Saint-Louis atrapa la luz tenue del invierno, mientras sirves un par de copas de coñac Louis XIII o de whisky japonés de malta pura, como un Yamazaki de 18 años.
El aroma a madera, cuero y vainilla de la copa se funde con el olor de la casa, creando una atmósfera densa, cálida y absolutamente embriagadora.
Te hablo del placer de «no salir”. Este invierno, el plan más sofisticado no es reservar mesa en el restaurante de moda, sino quedarse. Convertir el hogar en un refugio sensorial donde el frío exterior solo sirve para hacernos valorar, aún más, el calor del interior.

Estíbaliz Cazorla es especialista en comunicación estratégica e identidad verbal para marcas. Fundadora de Mirar para Crear. Más aquí.
