LENCERÍA: LAS TENDENCIAS QUE CONQUISTAN CORAZONES Y ARMARIOS

La lencería rompe los límites de lo privado, oscilando entre la seducción y la audacia, con una elegancia que revela más de lo que oculta.

Por Vega López de la Cruz


En este artículo de Slocum Magazine te hablaré de las tendencias del momento y de alguna que otra curiosidad acerca del sector de la lencería.

El look lencero para esta temporada no es sólo una tendencia, sino un gesto audaz: sacar a la luz lo que suele permanecer oculto, abrir un diálogo sobre el significado de la elegancia y la fuerza del cuerpo femenino. No es una novedad, sino una reinterpretación que la moda femenina elige reinterpretar y contar con una nueva perspectiva. En los últimos años, la moda ha experimentado una transformación radical en cuanto a la manera en que las prendas íntimas se incorporan a los looks cotidianos. Las nuevas tendencias han capturado la atención de diseñadores, fashionistas y amantes de la moda por igual, proponiendo una visión innovadora y atrevida de la ropa interior, que trasciende su función tradicional para convertirse en un elemento clave en la creación de estilos sofisticados, seductores y modernos.

No es casualidad que grandes firmas internacionales como Gucci, Chloé, Dolce&Gabbana – y otras marcas de renombre – hayan incluido en sus colecciones prendas de lingerie visibles o inspiradas en ella.

Desde los desfiles más exclusivos hasta las calles, las fashionistas han comenzado a lucir con orgullo piezas como slips ultracortos, corsets románticos, sujetadores en encaje con tonos tendencia y en estilos diversos, que ahora se utilizan como parte integral del outfit, sin necesidad de esconderse debajo de una camisa o chaqueta.

Esta tendencia invita a experimentar con diferentes combinaciones y a jugar con la sensualidad y la elegancia, logrando looks que revelan la delicadeza del encaje, la transparencia de las telas y la sofisticación de los detalles. La clave está en desterrar la idea de la lingerie como algo exclusivamente íntimo y convertirla en un elemento visible, funcional y lleno de estilo.

Una de las piezas estrella en esta tendencia contemporánea es el sujetador en encaje blanco, que puede sustituir a un top convencional y combinarse con pantalones o faldas en tejidos similares, con detalles en transparencias y bordados. Los modelos a elegir son variados: desde los tradicionales “balconcino”, que realzan el escote, hasta los triángulo, que aportan un aire más casual y desenfadado. La elección del corte dependerá del tipo de silueta y del efecto que se quiera conseguir.

Por otro lado, los slips en tonos neutros y cortes minimalistas se han convertido en prendas de vestir en sí mismas. Estos se llevan con abrigos largos o blusas transparentes y en tonos a juego, logrando un efecto que da la sensación de una pieza única y armoniosa. La tendencia también contempla el uso de los famosos sujetadores en tela semi transparente, en colores oscuros o en tonos vibrantes, como alternativa a los tops tradicionales, combinados con prendas de corte largo o micro shorts, para un estilo más atrevido y seductor.

El liguero, un clásico que ha regresado con fuerza, deja de ser solo un accesorio para las ocasiones íntimas y pasa a ser un elemento visible y estilizado, siempre con la idea de sugerir más que mostrar. Se puede dejar suelto, quiere decir no atado. Pero, como decía el “rey” Giorgio Armani, “sugerir y dejar intuir vale mucho más que exhibir”.

El corset, que en su momento fue símbolo de elegancia y seducción, en este otoño 2025 se reinventa como una prenda versátil y moderna. Se combina con pantalones de tiro alto o faldas, aportando un toque vintage con un aire contemporáneo. Los baby doll, que en el pasado eran asociados con la lencería de dormir, ahora se llevan como vestidos cortos y sexys, perfectos para ocasiones especiales o para añadir un toque atrevido a los looks diurnos. Eso sí, tiempo permitiendo. Ya que dependerá mucho de las temperaturas que nos esperan para las próximas semanas.

Es importante recordar, que el mundo de la lencería no solo se centra en la estética, sino también en la comodidad y en la capacidad de realzar la figura femenina. La variedad de estilos, tallas y tejidos permite a cada mujer encontrar su opción ideal, adaptándose a diferentes gustos y necesidades. Desde las que tienen poco pecho y prefieren bralettes delicados, hasta las que buscan sujetadores sin aros para mayor soporte, la oferta es amplia y en constante evolución.

La lencería no se reserva exclusivamente para ocasiones especiales o momentos íntimos. Cada vez más, las mujeres la incorporan en su vestuario diario para sentirse seguras, atractivas y empoderadas. Un look atrevido pero elegante puede incluir desde un sujetador en encaje visible bajo una camisa transparente, hasta un corset ajustado que enfatice la cintura, logrando un equilibrio perfecto entre sensualidad y elegancia.

Además, la elección de la ropa interior adecuada puede influir en la percepción que tenemos de nosotras mismas y en cómo nos presentamos ante los demás. La ropa interior de calidad, con tejidos suaves y detalles refinados, no solo mejora la postura y la confianza, sino que también puede convertirse en un acto de cuidado personal y de autoexpresión.

El mercado de la lingerie de alta calidad y diseño es muy diverso, con marcas que se destacan por innovación, sostenibilidad y estética. Algunas de las más reconocidas a nivel mundial son La Perla, Victoria’s Secret, Agent Provocateur, Cosabella, y Savage x Fenty, entre otras. Estas firmas ofrecen colecciones que combinan comodidad, sofisticación y un toque provocador, adaptándose a las necesidades de cada mujer.

En la actualidad, también hay una fuerte tendencia hacia la sostenibilidad y el uso de materiales eco-friendly, sin sacrificar el estilo ni la sensualidad. La incorporación de tejidos orgánicos, reciclados y procesos de producción responsables refleja un compromiso con el medio ambiente y la ética en la moda.

La tendencia actual refleja una evolución en la percepción de la ropa interior, que ahora se ve como una extensión natural del estilo personal y una herramienta para potenciar la confianza y la sensualidad. Incorporar prendas de lencería en los looks cotidianos no solo permite experimentar con la moda y la belleza, sino que también invita a una mayor autoaceptación y a celebrar la propia feminidad. La moda de la lencería ha dejado de ser un tema reservado para momentos íntimos y se ha convertido en un acto de creatividad, empoderamiento y expresión personal, en línea con las tendencias actuales que buscan romper barreras y redefinir los cánones de belleza y estilo.

Dicho todo esto, no olvides que la clave está en la actitud y en la confianza que pongas en cada prenda.

Aquí algunas de las marcas de ropa intima y lencería que más nos gustan:

La Perla;

Victoria’s Secret;

Agent Provocateur;

Soft and Wet Undies;

Cuup, Nnide;

Le Petite Trou;

Gooseberry Intimates;

Woomahood;

For Love & Lemons;

LATTE The Label;

Na Na Underwear;

Savage x Fenty;

Livy Studio;

Bluebella;

Intimissimi;

Kiki de Montparnasse;

Yse Paris;

Maison Close;

Only Hearts 1978;

Bordelle;

Cosabella;

Coco de Mer;

Lonely;

Fleur du Mal;

Chitè;

Love Stories Intimates;

Studio Pia;

I.D. Sarrieri;

Hopeless Lingerie;

Dora Larsen Lingerie;

Shh;

Tisja Damen.

Un poco de historia, para adentrarnos más en el sector de la lencería y para conocer más a fondo como ha evolucionado.

Sabías que las antiguas griegas no llevaban nada debajo de la túnica? ¿Sabes cuando nació el sujetador? Vamos a descubrir juntas, estas y otras curiosidades acerca de la ropa interior.

¿Saldrías sin bragas? ¿Irías a la oficina sin sostén? Incluso si eres hombre, no es difícil imaginar que sin estas dos prendas la mayoría de las mujeres se sentirían, como mínimo, incómodas. Sin embargo, ha pasado mucho tiempo antes de llegar a una lencería cómoda y sin costuras, conjuntos sexys, tirantes transparentes que no llamarán la atención, etcétera. Lo que las mujeres han llevado debajo de la ropa a lo largo de los siglos es fascinante porque narra la evolución cultural, la relación entre géneros y sexualidad en el mundo occidental.

Empecemos por la antigüedad. Parece que la ropa interior nació en el antiguo Egipto, cuando las mujeres nobles comenzaron a usar una túnica en contacto directo con la piel debajo de la exterior, como una especie de enagua. Los antiguos romanos y griegos, menos modestos que sus sucesores, no llevaban nada debajo de sus túnicas y esto se aplicaba tanto a mujeres como a hombres.

En algunos casos, para hacer actividad física y como traje de baño, se conformaron con un vendaje pectoral, como los que se pueden ver todavía en diferentes mosaicos de la antigua Roma, primeros testimonios artísticos de «ropa interior».
Queda por definir lo que sucedió con la ropa interior durante la Edad Media, también porque quizás las telas pictóricas dedicadas al tema se fueron degradando hasta desaparecer a lo largo de los siglos y no existen escritos de la época que hablen en detalle de la ropa interior en aquel periodo histórico.

Sin embargo, hace poco tiempo, los arqueólogos de la Universidad de Innsbruck hicieron un descubrimiento interesante en el castillo austriaco de Lengberg. Durante las excavaciones encontraron lo que podría ser un sostén del siglo XV, sorprendentemente similar a los modelos de la década de 1950.

Lo que sabemos con certeza es que en aquel período nació el término «mutanda» (braga), que deriva del latín medieval mutare, o «lo que hay que cambiar». En italiano sigue llamándose de esa forma. Parece que la italiana Caterina de’ Medici, esposa del rey Enrique II de Francia, introdujo el uso de bragas ajustadas para ocultar las partes íntimas durante las cabalgatas. Por lo tanto, con la única función de cubrir las piernas de las damas durante la equitación. Como curiosidad anecdótica, ella fue también la persona que importó a Francia la idea de utilizar el tenedor (hasta ese momento se comía con las manos) y la idea de ir preparando diferentes platos (primero, segundo, guarnición), en lugar que servir todo junto en forma de plato único.

Pero, volvamos a la ropa intima. Pronto las bragas (más tarde llamados «braghesse»), se convirtieron en un instrumento de seducción: estaban confeccionadas con telas de oro y plata, adornadas con bordados y piedras preciosas. Llevarlas, por tanto, se convirtió en un signo de excesiva frivolidad y libertad de costumbres. La iglesia se opuso a ellas definiéndolas algo obsceno y lujurioso. Las prostitutas las convirtieron en símbolo de su profesión, y por eso desaparecieron entre los aristócratas. Se estima que a principios del siglo XVIII solo los usaban 3 mujeres nobles de cada 100. En los años siguientes, sin embargo, volvieron a triunfar, hasta entrar en el vestuario de la gente común.

Durante el Renacimiento aparecieron las primeras ligas, corsés y las famosas crinolinas, las jaulas para poner debajo de la falda. Gracias a las crinolinas, la ropa interior también volvió a ser de uso común, para evitar que cualquier viento o movimiento brusco dejara entrever las partes íntimas.

En el siglo XVI, las autoridades venecianas impusieron el uso de las bragas a las cortesanas, por razones de higiene y decoro público. Llegaban hasta la rodilla, y a menudo estaban bordadas y adornadas con cintas.

El corsé será el protagonista del vestuario femenino durante al menos 400 años, convirtiéndose en un instrumento de tortura y seducción, causante de malformaciones e incluso muertes. Era una faja alta reforzada con huesos de ballena, que apretaba la cintura y levantaba los senos.

Hubo una época en la que incluso (y erróneamente), se llegó a difundir el mensaje de que el llevar los corsés podía resultar beneficioso para el sistema respiratorio y tener el poder de curar el reumatismo y la indigestión.

La forma del reloj de arena fue realzada en el siglo XIX, dando vida a la típica “avispa”.

A principios del siglo XX, la ropa interior femenina comenzó a ser más llevadera, si no francamente cómoda. El nacimiento del sujetador, la alegría de toda mujer, se remonta a 1889, gracias a Hermine Cadolle, una diseñadora parisina. La patente, sin embargo, llegó solo en 1914, cuando una mujer adinerada de Nueva York compró un vestido de noche muy caro, pero una vez usado notó que el vestido era muy ligero y resaltaba el contorno del corsé. Con la ayuda de su sirvienta, construyó un sostén que constaba de dos pañuelos, una cinta y una cuerda. Poco después, patentó su invento y lo vendió a Warner Brothers Corset Company por $ 15,000.

Los calcetines también eran imprescindibles a principios del siglo XX. Durante la Segunda Guerra Mundial, las mujeres trazaban una línea en la pantorrilla para que la gente pensara que las estaban usando. Después de 1955, este truco dejó de funcionar porque la costura desapareció. Las pantimedias llegaron poco después, en 1959, a Estados Unidos.

En aquella época, la ropa interior empieza a ser más ostentosa. ¿Quién no recuerda a Marilyn inmortalizada en 1954 por fotógrafos al cruzar una reja del metro de Nueva York que le levanta el vestido? No importa si su esposo, Joe Di Maggio, no apreció mucho la atención que Marilyn recibió de los paparazzi.

Nos vamos acercando a nuestros tiempos. Las vallas publicitarias y los escaparates de las tiendas empiezan a exponer un estilo supersexy de lencería. Ho en día, el confort y lo sexy son los protagonistas de las colecciones más exitosas.

Como hemos podido ver, a lo largo de los siglos, la ropa interior ha entrado y salido del guardarropa de las mujeres, pero hasta el siglo XVIII se consideraba una prenda indecorosa.

Hablamos ahora de diferentes curiosidades y recomendaciones ligadas a la moda intima y a la lingerie.

En cuanto a ropa interior, la elección es muy amplia. La encontramos en todos los tamaños y colores y modelos, desde el blanco hasta otras infinitas tonalidades más o menos chic y sofisticadas. Los materiales utilizados en su fabricación también son muchos, podemos elegir entre ropa interior en algodón, seda, licra, etc.

Si deseas preservar la salud de tus partes íntimas, es importante que sepas que debes elegir ropa interior hecha de un gran porcentaje de algodón, preferiblemente hecha en su totalidad de algodón. Este material permite que la piel respire y absorba el sudor, lo que limita la proliferación de bacterias responsables de malos olores e infecciones.

Para evitar la flacidez de la piel, es recomendable no llevar ropa demasiado ajustada. Una recomendación que también se aplica a la ropa interior. Un tamaño demasiado pequeño comprime la piel, favorece su relajación y también aumenta el fenómeno de la sudoración. Un ambiente húmedo genera más gérmenes y mayores riesgos de irritación, cistitis y proliferación de bacterias.

A nivel europeo, las mujeres francesas son las mayores consumidoras de ropa interior, luego están las italianas, seguidas por las alemanas. Destinan un presupuesto anual a la ropa interior que representa casi el 20% del presupuesto total dedicado a la ropa.

Según los expertos, casi el 64% de las mujeres estarían utilizando la talla de sostén incorrecta. Además del efecto desagradable, esto repercute en su salud. De hecho, un tamaño demasiado pequeño de sostén comprime el seno, promueve su colapso y la obstrucción del flujo linfático, mientras que un tamaño demasiado grande no soportaría adecuadamente el peso del seno, especialmente si es grande, lo que resulta en dolor de espalda y tensión muscular, en el cuello y en los hombros. Un estudio reciente también sugiere que siempre más mujeres estén abandonando el uso del sostén.

Si tu sostén se ha usado con demasiada frecuencia o se ha lavado con demasiada frecuencia ignorando las instrucciones de la etiqueta, te verás obligada a cambiarlo después de seis meses. Estos malos hábitos dañan el tejido y reducen su elasticidad y capacidad de soporte.

El tanga tiene orígenes muy antiguos y se remonta a los pueblos primitivos que vestían su «antepasado»: un trozo de tela. Se dio a conocer a través de la ley promulgada por el alcalde de Nueva York en 1939, que obligaba a las bailarinas y a los bailarines de la ciudad a usar tangas en lugar de exponer su desnudez.

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