El creciente abandono del lápiz y el papel, en favor de los ordenadores y la inteligencia artificial, conlleva una disminución de la capacidad de memorización y creatividad.
Por Paulina Bernal
Escribir a mano es una actividad que se practica cada vez menos, progresivamente excluida de la vida cotidiana. Desde hace más de una década, la escritura digital ha sustituido progresivamente a este hábito históricamente transmitido. Una de las ventajas de este nuevo método es la rapidez de una escritura completa y ordenada.
Pero, el creciente abandono del lápiz y el papel, en favor de los ordenadores y la inteligencia artificial, conlleva una disminución de la capacidad de memorización y creatividad.

No sólo hay que tener en cuenta la escritura en sí, sino también sus formas de reproducción. Se ha constatado un problema generalizado en la enseñanza primaria: allí donde sobrevive la escritura a mano, la cursiva se enseña cada vez menos. «Esta evolución es un reflejo de la tendencia a centrarse menos en enseñar a escribir y más en qué comunicar», afirma Hetty Roessingh, profesora de la Universidad de Calgary (Canadá).

Esta profesora ha demostrado cómo los alumnos que escriben con fluidez demuestran una mayor capacidad de memorización y planificación. Además, la complejidad de nuestro vocabulario personal también depende de este hábito: un estudio realizado por la profesora demuestra que de 250 alumnos de entre 9 y 10 años de una escuela de Alberta, sólo la mitad alcanzaba el umbral mínimo de destreza en la escritura. Estos mismos alumnos mostraron una capacidad insuficiente para comunicar ideas y conceptos complejos.

Pero, no sólo la transposición gráfica de los pensamientos está sumida en la confusión, sino también los propios pensamientos. En efecto, la escritura afecta a los procesos de aprendizaje y memoria.
La razón nos la ofrece una perspectiva de investigación denominada «cognición incorporada», según la cual la comprensión de la realidad depende de la interacción del cuerpo humano con el mundo circundante.

A esta necesidad responde perfectamente la escritura a mano, ya que desencadenaría procesos sensoriomotores articulados, que requerirían un análisis y un procesamiento más complejos de las coordenadas espaciotemporales.
En este sentido, el teclado es «un dispositivo que funciona con una implicación sensorial mínima», que por tanto no facilita los procesos de memorización y aprendizaje.

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