ENTREVISTA A ANTONIO HUERTAS, CEO DE MAPFRE

Acaba de recibir la acreditación como Embajador Honorario de la Marca España, de manos de Felipe VI, en un acto celebrado en el Palacio Real de El Pardo. Antonio Huertas: “En tiempos de zozobra geopolítica, el seguro es más necesario que nunca”.

Por Guillermo Domínguez 


Antonio Huertas no rehúye el foco, pero tampoco lo busca. El CEO de Mapfre comparece tras recibir la acreditación como Embajador Honorario de la Marca España —en el acto correspondiente a la XI Promoción celebrado en el Palacio Real de El Pardo y presidido por SM el Rey Felipe VI— con un discurso medido, sin estridencias, aunque cargado de mensaje. En tiempos convulsos, viene a decir, hay sectores que no solo resisten, sino que se vuelven imprescindibles. El de los seguros es uno de ellos.

“En momentos de zozobra, el seguro es más necesario que nunca”. La frase, directa y sin rodeos, pronunciada ante este redactor de Slocum, resume la tesis de un directivo que lleva casi cuatro décadas en la casa y que ha visto pasar crisis de todo tipo. No es un eslogan: es una declaración de principios.

Un reconocimiento con aviso incluido. El acto, respaldado por la Corona y por las principales instituciones, no se limita a la foto. Huertas lo deja claro desde el primer momento. “Es una responsabilidad”, repite, en línea con el mensaje trasladado por el Rey durante la jornada. No hay complacencia. Ser Embajador Honorario de la Marca España implica algo más que prestigio: supone, en palabras del propio Huertas, “no olvidar que representamos a nuestro país”. Y ello obliga a redoblar esfuerzos para proyectar una imagen solvente de España en el exterior. Habla de talento, de capacidad, de atraer inversión y de consolidar a España como destino económico fiable. Un discurso reconocible en el ámbito empresarial, pero que en su caso se apoya en una trayectoria difícilmente discutible.

Huertas no es un ejecutivo al uso. Su carrera en Mapfre arranca desde abajo, como becario, tras salir de Extremadura “para abrirse camino”. Hoy, 38 años después, dirige una de las mayores aseguradoras españolas con presencia global. “Mapfre permite progresar si uno se esfuerza”, asegura, en una defensa explícita de la meritocracia. No es casual. En un contexto donde ese concepto suele ponerse en cuestión, el CEO reivindica el esfuerzo, el sacrificio y —matiza— una “ambición sana” como motores del ascenso profesional.

Su propio recorrido refuerza el argumento: formación jurídica, paso por áreas tecnológicas, gestión comercial y, finalmente, dirección ejecutiva. “Hay que adaptarse constantemente”, insiste. Un mensaje que, más allá de la retórica, apunta a una realidad evidente: el mercado no espera a nadie.

Un grupo global con ADN español. Mapfre juega en varias ligas. Huertas lo resume sin ambages: “Somos la gran aseguradora española en el mundo”. Pero inmediatamente amplía el foco: presencia consolidada en Iberoamérica, peso creciente en Estados Unidos y actividad en Europa y Asia. No es solo una cuestión geográfica, sino de modelo. La compañía cuenta con el respaldo de Fundación Mapfre como accionista estable y con una base de 150.000 accionistas que apuntalan su estrategia a largo plazo. Frente al cortoplacismo dominante en algunos sectores, Huertas presume de estabilidad.

“Somos una empresa comprometida, solidaria y centrada en las personas”, afirma. Una idea que repite varias veces a lo largo de la conversación y que encaja con la imagen que la compañía ha tratado de proyectar en los últimos años. Los números, además, acompañan: presencia en más de 40 países, 31.000 empleados y más de 200.000 familias que dependen directa o indirectamente de la actividad del grupo. Magnitudes que explican, en parte, el tono prudente —casi institucional— de su discurso.

La incertidumbre impulsa al seguro. El contexto internacional aparece de forma inevitable. Conflictos abiertos, tensiones geopolíticas, inflación, cambios tecnológicos… El escenario no es precisamente el más estable. Sin embargo, Huertas introduce un matiz que rompe con el pesimismo generalizado. “La incertidumbre no debilita al seguro, lo refuerza”, viene a decir. O, en sus propias palabras: “la gente busca protección adicional para reducir la volatilidad”.

No hay triunfalismo, eso sí. El CEO de Mapfre reconoce los límites del sector: “No podemos resolverlo todo”. Las guerras, admite, quedan fuera de su radio de acción. Pero sí pueden —y deben— ofrecer algo cada vez más demandado: seguridad. “Tratamos de aportar tranquilidad”, explica. Un concepto que, en el actual contexto, adquiere un valor casi estratégico.

Un negocio con vocación social. Huertas va un paso más allá y reivindica el seguro como una actividad con componente social. “Es la más solidaria que existe”, sostiene. El argumento es conocido: repartir el riesgo para proteger a quienes más lo necesitan. Eso no elimina su carácter empresarial. “Hay que ganar dinero”, reconoce sin rodeos. Pero introduce un matiz que no siempre se escucha en boca de grandes ejecutivos: la función social del negocio. “Entre todos ayudamos a quienes tienen más problemas”, resume. Una visión que encaja con el posicionamiento histórico de Mapfre y con el papel de su fundación.

Pese al reconocimiento recibido y al peso de su trayectoria, Huertas no da señales de retirada. “Quedan muchas cosas por hacer”, afirma. Y no suena a frase hecha. El reto, en su caso, no es solo consolidar el crecimiento de Mapfre en un entorno cada vez más competitivo, sino también ejercer como uno de los rostros visibles de la empresa española en el exterior.

En tiempos de ruido, su discurso apuesta por la estabilidad. En un escenario de incertidumbre, por la previsión. Y en un mercado volátil, por la confianza. Puede parecer un mensaje conservador. Sin embargo, a juzgar por la evolución del sector y por el peso que tiene Mapfre en el tablero internacional, no parece precisamente desacertado.

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