ENTREVISTA A CLAUDIA FONTANALS, EXECUTIVE COACH Y AUTORA DE ‘YO TAMBIÉN PENSÉ QUE NO PODÍA’

Convertida en comunicadora, conferenciante y coach, Claudia irradia la energía contagiosa de quien por fin respira en coherencia por dentro.

Por Estíbaliz Cazorla


Hay una generación a la que le (nos) vendieron un guion in para alcanzar la felicidad: encadenar sobresalientes, formarse en instituciones importantes, fichar por una multinacional y asegurar un buen sueldo a los veinticuatro años. Claudia Fontanals siguió esas instrucciones al pie de la letra buscando la excelencia, pero descubrió a tiempo que el gran premio se parecía sospechosamente al cansancio emocional y a vivir en piloto automático. Lejos de resignarse, dio un volantazo.

Hoy, convertida en comunicadora, conferenciante y coach, Claudia irradia la energía contagiosa de quien por fin respira en coherencia por dentro. Tras revolucionar las redes con su pódcast Solo y sin azúcar y liderar un equipo interdisciplinar de psicólogas y coaches, acaba de materializar su viaje en su primer libro, Yo también pensé que no podía.

Fiel a su esencia, Claudia no pretende aleccionar desde una nueva cima, sino ofrecer herramientas, preguntas y compañía para que cada persona pueda encontrar su propio significado de éxito. Dispuestos a descubrir cómo se ve la vida cuando, por fin, decides construirla a tu medida. En este Portrait, me siento con ella para celebrar el enorme alivio de soltar la perfección, de darle peso a la vulnerabilidad y la fascinante aventura de redefinir lo que verdaderamente significa triunfar.

Slocum Magazine: Claudia, en tu libro describes la promesa de la vida perfecta con una imagen genial y desoladora a la vez: «¿En serio el éxito era ir a la oficina, recalentar el táper y ver Netflix?». Suena casi a comedia si no fuera porque a todos nos ha pasado. ¿Cómo fue ese momento en el que se apagó el piloto automático? ¿Hubo más vértigo o más bien un ataque de risa al ver la ironía de haber corrido tanto para llegar ahí?

Claudia: La verdad es que no fue una sola vez. Como cuento en el libro, ese momento no aparece de golpe, sino que se repite muchas veces. Es esa duda que te pasa por la cabeza una y otra vez, hasta que decides dejar de ignorarla y tomártela en serio.

Y sí, hay mucho vértigo. Porque en el fondo es una pregunta que no quieres hacerte, porque “no estás tan mal”. Pero en tu interior sabes perfectamente que necesitas hacerlo. Es incómoda, pero también es el inicio de algo mucho más honesto contigo misma. No recuerdo tanto un ataque de risa, sino una especie de ‘clic’ interno. Ese que dice “esta vez si”.

S.M: Desaprender algo que tienes integrado es mucho más difícil que aprender algo nuevo. Venías de la exigencia de ESADE y del ritmo de una multinacional. Renunciar a esa validación externa asusta, pero imagino que también tiene que ser increíblemente liberador. El día que decidiste que ya no tenías que cumplir con el papel de la «niña perfecta y exitosa», ¿qué fue lo primero que sentiste al despertarte a la mañana siguiente?

C: No es algo que pase de la noche a la mañana. Ojalá fuera tan simple como tomar una decisión y despertarte al día siguiente sintiéndote completamente libre, pero no fue así en mi caso. Fue (y sigue siendo) un proceso mucho más gradual.

Durante ese proceso lo que sentí fue una mezcla bastante contradictoria: por un lado, vértigo, porque estás soltando una identidad que te ha dado seguridad durante años; y por otro, alivio.

Ahí es donde empieza la lucha entre el miedo y la esperanza que tenemos constantemente sobre la mesa. Lo que ocurre tras un cambio así, es que toda tu energía debe estar puesta en la esperanza y debes entrenarte para lidiar con el miedo y la incertidumbre – que no es nada agradable de buenas a primeras. Pero ahora, visto con perspectiva, merece mucho la pena.

S.M: Aclaras que “Yo también pensé que no podía no es un manual de autoayuda, sino tu propia historia puesta al servicio de los demás”. Yo creo que hay muchísima luz en darte cuenta de que tus tropiezos pueden ayudar a otros a levantarse. Desde que publicaste el libro, ¿qué es lo más bonito o sorprendente que te han devuelto los lectores al verse reflejados en tus páginas?

C: Para mí lo más bonito ha sido darme cuenta de que lo que yo pensaba que eran cosas “muy mías”, en realidad eran mucho más compartidas de lo que creía. Recibir mensajes de personas diciéndome ‘esto lo podría haber escrito yo’ o ‘me he sentido muy acompañada leyéndote’ ha sido muy impactante.

Y creo que lo más sorprendente ha sido ver cómo algo que en su momento viví desde la duda o la inseguridad, ahora puede convertirse en un punto de apoyo para otros. Esto le da un segundo sentido a ese camino que recorrí.

Al final, más que sentir que estoy ayudando, lo que siento es que se está generando una especie de espacio seguro en el que las personas se dan la oportunidad de plantearse su realidad y su futuro. Y para mi eso tiene muchísimo valor porque es lo que determina que te puedas decir “estoy muy bien donde estoy” con convicción o quieras un cambio. Ambas opciones son igual de válidas, pero es importante saber que has decidido tú.

S.M: Tu pódcast, ‘Solo y sin azúcar’, como café lover que me declaro, he de decir que me encanta. Es toda una declaración de intenciones. Reivindicas mostrarte no solo como coach, sino como amiga, hermana o novia, pero sin edulcorantes. Quitarle el filtro de perfección a la vida, ¿es también una forma de pasárselo mejor y de disfrutar más del día a día sin tanta presión?

C: Sí, totalmente. El pódcast nunca fue creado —ni es— una fuente de ingresos, ni mucho menos. Para mí es un espacio seguro donde poder mostrarnos desde otro lugar, conocernos mejor y salir del contenido rápido de menos de un minuto. Es un espacio donde puedo parar, profundizar y aportar de verdad.

Y en ese sentido, el libro es casi como un pódcast escrito. Siento que recoge mucho de la esencia de Solo y sin azúcar, pero llevado a otro nivel: con más profundidad, más orden y también con muchas cosas que nunca había compartido antes.

Cada vez vemos más que se vuelve a llevar el contenido largo y no es casualidad. La gente necesita más espacio para confiar y conocer de verdad (pasa en la vida real igual que en redes). Con conversaciones de medio minuto no terminas de conocer a nadie. Y esos espacios son los que verdaderamente te permiten crear lo que para mi es uno de mis mayores logros: una comunidad comprometida e identificada contigo.

S.M: Claudia, me parece fascinante que, tras dejar el mundo corporativo tradicional, hayas creado tu propio ecosistema: un equipo interdisciplinar de psicólogas y coaches para sostener procesos de cambio profundos. Pasaste de la competitividad al acompañamiento humano. ¿Cómo se siente liderar y trabajar cada día bajo unas reglas del juego que esta vez sí has elegido tú?

C: Es una sensación muy distinta, sobre todo porque esta vez las reglas del juego no vienen dadas, sino que las hemos construido nosotras. Y eso es muy bonito, pero también implica mucha responsabilidad.

Para mí, el mayor cambio no ha sido solo pasar de la competitividad al acompañamiento, sino la intención con la que se hacen las cosas. Ya no se trata de hacerlo mejor que otros, sino de hacerlo de una forma coherente con lo que pensamos y sentimos, y de poner de verdad a la persona en el centro.

Y a nivel personal, lo siento mucho más alineado. Y eso cambia completamente la forma en la que trabajas, te relacionas con el equipo y tomas decisiones.

S.M: Tu gran propósito es que cada persona encuentre su propio significado de éxito, lejos de los altos logros si no les hacen sentir que tenga sentido. Si cerramos la puerta de aquella oficina y dejamos atrás el táper recalentado… ¿A qué sabe, cómo suena o qué imagen visual define un «día de éxito total» en la vida de la Claudia Fontanals de hoy?

C: Una parte muy importante del libro es precisamente esa: la redefinición del éxito. Entender que no hay una única forma válida de vivirlo. Hay personas para las que esa vida de oficina, rutina y táper es exactamente su éxito, y me parece algo completamente válido y maravilloso.

En mi caso, hoy un día de éxito total tiene más que ver con el impacto que con el formato. Es un día en el que siento que, de alguna manera, he tenido un impacto positivo en la vida de otra persona. Da igual si es a través de una sesión, un contenido o una conversación. Para mí, el éxito es que alguien, después de interactuar conmigo o con alguien de mi equipo, esté un poco mejor de lo que estaba antes. Más tranquilo, con más claridad o con una sensación distinta. Eso, para mí, es un día que tiene sentido.

S.M: Dicen que somos los lugares a los que vamos, pero también las historias en las que nos refugiamos y las que decidimos compartir con los que queremos. Déjame colarme en tu mesilla de noche o en tu historial de streaming para conocer a la Claudia que descansa cuando se apagan los micrófonos… ¿Cuál es ese libro que has regalado, la serie que recomiendas casi a diario y esa película a la que siempre vuelves?

C: En mi mesilla de noche ahora mismo está Deja de ser tú de Joe Dispenza. Es un libro que me regalé a mí misma y que también he regalado a otras personas; habla mucho de cómo podemos cambiar nuestros patrones mentales y emocionales, y me resuena un montón con lo que trabajo en coaching. Siempre estoy leyendo algo que me pueda ayudar con mis clientes o me de ideas para contenido y poder crear mensajes de valor.

En cuanto a series, casi siempre recomiendo Suits. Si no hubiese sido coach, probablemente habría sido abogada, y esa serie me fascina por cómo muestra la dinámica de poder, estrategia y también la manera en que las personas interpretan roles que a veces no sienten propios, intentando encajar o destacar.

Y si hablamos de películas, va un poco de la mano pero desde otra perspectiva (aunque ahora que lo veo siempre tiene que ver con un “estafador”) – Atrápame si puedes es un clásico al que siempre vuelvo. Me encanta porque refleja perfectamente cómo el ser humano es capaz de inventar y sostener un papel que no le pertenece para adaptarse a lo que se espera de él. Frank Abagnale Jr. se mete en identidades que no le corresponden, y lo hace de manera brillante y peligrosa; y al mismo tiempo, la película te hace cuestionar cuánto de lo que vivimos a diario es también un papel que hemos aprendido a interpretar para encajar. Para mí, es un recordatorio divertido y profundo de la importancia de ser auténticos. Y como, al final (sin spoilers): tu talento te encuentra un sitio (aunque no sea el que esperabas).

S.M: Para terminar, Claudia te cuento que en Slocum defendemos el lujo de la pausa, el valor de las historias cocinadas a fuego lento y la belleza de detenerse a mirar. Es una rebeldía estética que resuena muchísimo con tu propio mensaje de bajarse de la rueda del hámster y apagar el piloto automático. De este espacio que compartimos hoy, ¿qué es lo que más te atrae o te inspira del universo Slocum y de nuestra forma de contar el
mundo?

C: Lo que más me atrae es, en primer lugar, el cuidado y el espacio que se da a cada cosa. Como comentábamos antes, se trata de alejarse un poco del contenido fugaz y reivindicar la pausa: permitir que cada historia, cada detalle, tenga su tiempo y su lugar.

Y también me inspira muchísimo la estética y el cuidado que hay detrás de todo. Puede parecer algo superficial a simple vista, pero detrás hay muchísimo trabajo y atención, y eso se nota.

Muy agradecida por esta entrevista y por regalarme un espacio en vuestro universo, ojalá podamos mejorar un poquito el día de alguien.

Me queda claro que lo importante no es llegar más alto ni más rápido, sino en llegar al lugar correcto. La trayectoria de Claudia me demuestra que el piloto automático y las expectativas ajenas son trajes que, aunque acaben asfixiando, otorgan una falsa y seductora seguridad. Sin embargo, el vértigo de quitárselos, ese salto al vacío entre la exigencia corporativa y la honestidad personal, compensa por completo cuando descubres la ligereza de vivir alineada con tus propios valores.

Me llevo tres aprendizajes. Primero, que la redefinición del triunfo deja de ser un destino estandarizado (la oficina, el sueldo, la multinacional) para convertirse en una métrica de impacto emocional. Triunfar es, sencillamente, que alguien se sienta un poco mejor y más aliviado tras haberse cruzado en tu camino. Segundo, que el fin de la impostura es dejar de interpretar un papel que no nos pertenece solo para encajar en el guion social. Su mayor logro ha sido dejar de actuar para, por fin, permitirse ser. Y tercero, que el poder de la vulnerabilidad compartida es muy potente. Al crear su pódcast y publicar Yo también pensé que no podía, se ha posicionado como una compañera de viaje, y ha transformado sus propias dudas en un espacio seguro donde otros pueden detenerse a pensar si la vida que llevan es la que realmente han elegido.

Tienes a Claudia en @claudia.fontanals y encuentras su libro Yo también pensé que no podía, aquí. 

Estíbaliz Cazorla es especialista en comunicación estratégica e identidad verbal para marcas. Fundadora de Mirar para Crear. Más aquí.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *