El Boutique Hotel San Roque no es solo un hotel, es una conversación viva entre pasado y presente, entre historia y mirada contemporánea.
Por Estíbaliz Cazorla
En Garachico, al noroeste de Tenerife, hay una casa color teja que guarda una historia de belleza, sensibilidad y legado. Es el Boutique Hotel San Roque, una joya arquitectónica del siglo XVIII transformada en refugio de calma y elegancia contemporánea. Entre patios interiores, luz atlántica y obras de arte cuidadosamente elegidas, todo parece respirar el aroma de quienes entienden la hospitalidad como un acto de cultura y emoción.
Al frente, Dominique Carayon, custodio de un proyecto familiar que ha sabido evolucionar sin perder su esencia. Su forma de entender el lujo no tiene que ver con el exceso, sino con los detalles, con la autenticidad y con el vínculo humano que se crea entre el huésped y el lugar. Hoy charlo con Dominique sobre familia, la relación con el entorno, la gestión del equipo y esa pasión que mantiene intacta después de casi tres décadas. Una conversación serena y luminosa, como un atardecer en Garachico.

Slocum Magazine: Desde su apertura en 1996, el Boutique Hotel San Roque ha sido mucho más que un alojamiento: es la expresión de una visión familiar que convirtió una casa señorial del siglo XVIII en un icono de elegancia y autenticidad en Canarias. ¿Cómo ha evolucionado esa herencia a lo largo de las generaciones y qué valores originales siguen siendo el corazón del hotel hoy?
Dominique: Cuando pienso en la herencia del Boutique Hotel San Roque, inevitablemente vuelvo a mis padres. Fueron ellos quienes, con valentía y sensibilidad, imaginaron que esta casona señorial del siglo XVIII podía renacer como un lugar donde la historia, el diseño y la hospitalidad convivieran en armonía.
Durante los cuatro años de restauración yo aún estudiaba, pero desde la apertura en 1996 supe que este proyecto formaría parte de mi vida. Entré a trabajar porque mis padres me necesitaban: los comienzos fueron muy duros, en una época en la que Tenerife se promocionaba casi exclusivamente como destino de sol y playa. Un hotel como el nuestro, centrado en la calma, el diseño y la experiencia, se adelantó mucho a su tiempo.
Desde que mi padre falleció en 2007, lidero este proyecto con orgullo y responsabilidad. Sigo contando con mi madre, que es mi pilar y mi brújula. Me considero una persona afortunada, porque tengo pasión por mi trabajo, que para mí es también una forma de entender la vida.
Tras 29 años, hoy somos un equipo de 20 personas para 20 habitaciones, y contamos con un restaurante de primera calidad en un entorno inigualable. Esto nos permite un nivel de dedicación y cuidado que va más allá del servicio: damos un trato cercano, atento, elegante y nunca invasivo. Cuidamos el silencio, la privacidad, la calma.
Somos un hotel familiar, y eso nos permite una flexibilidad y una atención que serían difíciles de encontrar en estructuras más grandes. El equipo es fundamental: son ellos quienes transmiten, día a día, los valores que definen nuestra filosofía: la educación, el respeto, la dedicación y la hospitalidad sincera, sin servilismos: un lujo que no se exhibe, sino que se siente.
Hemos evolucionado siempre hacia adelante, pero sin perder jamás nuestra esencia: acoger, cuidar, escuchar y crear recuerdos inolvidables entre nuestros huéspedes.

S.M: Ubicado en un enclave donde la historia, el arte y la naturaleza conviven con una serenidad única, el Hotel San Roque ha sabido dialogar con su entorno sin perder su esencia contemporánea. ¿De qué manera ese paisaje influye en la identidad estética y emocional del hotel?
D: El entorno en el que se encuentra el Boutique Hotel San Roque forma parte inseparable de su identidad. Siempre digo que la casa y Garachico dialogan entre sí: uno no se entiende sin el otro. De mis padres heredé un profundo respeto por la historia del edificio: cada piedra restaurada, cada carpintería original recuperada, cada decisión tomada para preservar su alma.
A esa raíz histórica se sumó, casi de forma natural, nuestro descubrimiento de los diseños de la Bauhaus. Con el tiempo también llegaron a nuestra vida obras de artistas canarios como Ildefonso Aguilar, Gonzalo González o Cristina Gámez, y de artistas peninsulares como Mikel Navarro, Carmen Calvo o Susy Gómez. Cada pieza ha sido elegida con la misma sensibilidad con la que cuidamos esta casa, y hoy todas ellas forman parte del alma del hotel.
San Roque es, en esencia, un encuentro entre la arquitectura tradicional canaria del siglo XVIII y el arte y diseño del siglo XX.
Vivimos en un pueblo que ha sabido preservar su esencia, su ritmo lento, su autenticidad. Garachico no solo nos rodea: nos complementa y nos completa. Su carácter es parte fundamental de lo que somos como hotel.
S.M: Dirigir un hotel independiente de alta gama implica construir una cultura interna sólida. ¿Qué estrategias empleas para formar y motivar al equipo? Quiero saber cómo logras que todos compartan la misma filosofía.
D: Para mí, dirigir nuestro hotel es, ante todo, construir una cultura común, casi familiar, en la que cada persona del equipo entienda que su papel es esencial. Las estrategias que empleamos no son complicadas; nacen de algo muy simple: el compromiso con el proyecto y el deseo genuino de hacer bien las cosas, de mejorar cada día, y de tratar a las personas, compañeros y huéspedes, como a uno le gustaría ser tratado.
Una de nuestras mayores fortalezas es la estabilidad del equipo. La media actual de antigüedad es de 16 años, y solo ha bajado porque recientemente se han jubilado dos miembros que llevaban con nosotros desde casi el inicio. Cuando abrimos el hotel, todo el personal era muy joven, muchos sin experiencia previa. Nosotros los formamos desde cero, no solo en tareas operativas, sino en la filosofía del hotel: la importancia del detalle, la elegancia discreta, la atención, el cuidado y ese «lujo silencioso» que ofrecemos. Hoy, todo eso lo llevan integrado en su forma de trabajar.
Fomentamos un ambiente laboral profundamente humano y cercano. Aquí todos se conocen, se cuidan y se ayudan; todos entienden que el éxito del hotel es un logro compartido. Esto solo es posible gracias a la confianza y la honestidad que existe entre todas las personas que formamos parte del equipo. La comunicación con la dirección es completamente abierta, sin barreras: cada día hay un flujo natural de diálogo en ambas direcciones para mejorar, ajustar y crecer juntos.
Otro pilar fundamental es nuestro compromiso con el equipo, siempre con una visión clara de futuro. Queremos que el hotel sea un lugar donde cada persona pueda desarrollarse profesionalmente y también crecer a nivel personal. Para mí, el equipo es esencial, y me implico cada día para que mis empleados se sientan valorados y motivados al venir a trabajar. Cuido de mi equipo en la misma medida en que lo hago con nuestros clientes: sin un buen equipo, sencillamente no puede existir un buen hotel.

S.M: Después de casi tres décadas de trayectoria, el Boutique Hotel San Roque ha alcanzado una madurez única. ¿Cuál es la visión para el futuro?
D: Actualmente estamos culminando un proyecto muy importante para nosotros: la renovación de nuestro tono de comunicación y de nuestra identidad, es decir, quiénes somos y cómo queremos expresarlo. Durante años hemos crecido de manera orgánica, impulsados por el día a día, y ahora sentimos que es el momento de afinar aún más nuestro relato: transmitir con mayor claridad quiénes somos y qué puede sentir un huésped cuando se aloja en nuestro hotel.
Esta renovación implica una transformación que va más allá del ámbito del marketing. Abarca todos los elementos con los que el cliente interactúa: la papelería, los canales digitales, los textos, la estética, los procesos y, por supuesto, la propia filosofía de servicio.
Una vez finalizada esta etapa, iniciaremos un proyecto que nos llena de ilusión: la celebración del 30 aniversario del hotel el próximo año. Ya estamos trabajando en las acciones con las que queremos conmemorar esta fecha tan especial mirando hacia el futuro.
Y, por encima de todo, seguimos enfocados en lo esencial: mejorar cada día. La satisfacción es importante, pero también lo son la autoevaluación y la autocrítica. Creemos firmemente que siempre existe margen para elevar la calidad y seguir evolucionando sin perder nuestra esencia.

S.M: Más allá de la gestión y la visión empresarial, hay siempre una historia detrás de cada proyecto. ¿Qué te sigue emocionando personalmente de este oficio?
D: Lo que más me sigue emocionando es la relación humana: interactuar con las personas, ya sean huéspedes o miembros del equipo. Me encanta ver cómo los clientes sienten este lugar, cómo cambian su expresión cuando entran en el Hotel o simplemente cuando se dan cuenta de que aquí pueden dejar atrás el peso del día a día.
Me gusta escuchar sus historias, sus motivos para viajar, lo que buscan y lo que encuentran aquí. A veces son conversaciones breves y ligeras; otras, encuentros profundos. Con el paso de los años, muchos de esos huéspedes han dejado de ser solo clientes para convertirse en verdaderos amigos, casi parte de la familia del hotel.
También me llena ver cómo crece mi equipo, cómo cada uno aporta algo único y cómo juntos conseguimos crear una experiencia que va más allá del alojamiento. Todo esto me hace crecer como persona.
S.M: Los libros, las películas y las series también son ventanas que nos invitan a otros mundos y nos revelan nuevas perspectivas. ¿Podrías compartirnos un libro, una película o una serie que hayan marcado tu sensibilidad y que me recomendarías?
D: En cuanto a cine, una película que me marcó profundamente es Tomorrowland. Me recordó lo importante que es no «futurizar», especialmente en negativo. Vivimos muchas veces anticipando escenarios que no existen, cuando en realidad lo esencial es vivir cada día, estar presente y con la esperanza de que mañana siempre pueda traer algo bueno, sin expectativas que nos limiten.
Como serie, actualmente estoy viendo El amor en el espectro autista (Netflix). Mi hijo es autista y esta serie me toca de cerca. La sinceridad, la pureza, los miedos y la forma tan honesta que tienen las personas con neurodiversidad de relacionarse con el mundo es algo que me emociona y que me hace reflexionar sobre la importancia sinceridad con uno mismo y con los demás.
Y como libro, hay uno que nunca he olvidado: El perfume, de Patrick Süskind. Me impactó la manera en que transmite que el talento, cuando está desligado de la humanidad, conducen al vacío. Sin amor hacia uno mismo o hacia los demás, incluso el mayor exito termina siendo hueco, sin sentido.

S.M: Una curiosidad inevitable, ¿cómo es un día normal en tu vida al frente del Hotel San Roque? ¿Existe una rutina que mantengas, o cada jornada trae consigo un ritmo diferente?
D: Cada día es distinto. Sé cómo empiezo el día, pero nunca sé cómo terminará. En un hotel como el nuestro, adaptarse es esencial: puedes tener una agenda perfectamente organizada, pero siempre surge algo inesperado. Esa capacidad de adaptación la practico cada día. Es, en parte, lo que hace que este trabajo nunca deje de sorprenderme.
S.M: Por último, ¿qué es lo más que te gusta de Slocum Magazine?
D: Lo que me gusta de Slocum Magazine es la calidad de sus contenidos, todos escritos con una mezcla de sencillez, calidez y frescura muy auténtica. No hay pretensiones ni artificios. El último artículo que leí fue «Tiempo libre: ¿cuánto necesitamos para ser felices?”. Me hizo pensar mucho en la importancia de escucharnos, de encontrar tiempo de calidad para uno mismo, para hacer lo que verdaderamente nos haga disfrutar.

El Boutique Hotel San Roque no es simplemente un negocio, sino un ecosistema emocional donde convergen tres pilares: la memoria, el arte y la humanidad. Lo que hace que este proyecto destaque tras casi tres décadas no es solo su impecable arquitectura del siglo XVIII o su diálogo con la vanguardia de la Bauhaus, sino la coherencia vital de su director.
Dominique ha logrado transformar la gestión hotelera en una extensión de sus propios valores: la paciencia frente a la inmediatez, el respeto por el entorno de Garachico y, sobre todo, una cultura de equipo basada en la lealtad y la honestidad. el tiempo se detiene, donde el personal se siente valorado y donde el huésped, más que un número de habitación, se convierte en parte de una historia familiar que sigue escribiéndose con sensibilidad y esperanza hacia el futuro.
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Estíbaliz Cazorla es especialista en comunicación estratégica e identidad verbal para marcas. Fundadora de Mirar para Crear. Más aquí
