Obra galardonada con el Premio Lumen 2026, habla del matrimonio y de los pactos invisibles que sostienen las relaciones duraderas.
Por Estíbaliz Cazorla
En El amor inventado, obra galardonada con el Premio Lumen 2026, la escritora Paula Klein no busca firmar un relato sobre la impostura periodística o el escándalo mediático, sino componer una anatomía delicada del matrimonio y de los pactos invisibles que sostienen las relaciones duraderas. Y es que hay historias que parten de un estallido público para terminar observando las grietas más silenciosas del espacio íntimo.

La trama arranca con la caída libre de Charles Mornay, un reportero célebre que admite haber inventado sus artículos más aclamados antes de desaparecer sin dejar rastro. Sin embargo, el foco narrativo esquiva el ruido de los periódicos para detenerse en Miranda, directora de documentales y su esposa. Mientras intenta asimilar el abandono, ella se refugia en el rodaje sobre una pareja mayor que lleva más de sesenta años compartiendo una vida serena en el bosque de Rambouillet. A través de esa doble mirada, la autora indaga en cuánto de verdad, de omisión y de misterio consciente habita en la convivencia cotidiana.
Doctora en Literatura Comparada y profesora titular en la Université Clermont Auvergne, Paula Klein despliega la voz exacta para analizar las renuncias invisibles, el peso de los cuidados y la tentación del autoengaño dentro del hogar. Una conversación pausada sobre la arquitectura de la intimidad, la gestión del tiempo propio y la necesidad humana de inventar relatos para proteger el amor es la que hemos tenido para Slocum Magazine.

Slocum Magazine: Paula, a menudo reflexiono sobre cómo los vínculos duraderos se construyen en espacios privados. Planteas en la novela que los matrimonios sólidos no son los más sinceros, sino los que dominan el arte de la omisión. ¿Hasta qué punto la intimidad duradera exige una ceguera afectiva voluntaria frente a esta obsesión contemporánea por decirlo y mostrarlo todo?
Paula: Desconfío de esa idea de que mostrarlo y decirlo todo es sinónimo de tener una pareja honesta. ¿Por qué habría que saberlo todo del otro? No creo que la intimidad funcione así. El amor inventado reflexiona, justamente, sobre las ficciones que los matrimonios eligen contarse para hacer durar el amor. Siri Hustvedt decía que el amor que sentía por Paul Auster estaba basado en la admiración, pero también en esa zona secreta, en esa puerta cerrada con llave que representa siempre la persona amada. Creo que hay que aceptar que nunca vamos a terminar de conocer al otro, y que eso puede ser bueno para la pareja.
S.M: El tiempo y su cadencia definen nuestra forma de habitar el mundo, y en base a ello, y frente al éxito rápido de Charles, la convivencia pausada de Hélène y André en la casa de Rambouillet transmite una serenidad distinta. Ante la enfermedad neurodegenerativa de Hélène, ¿es el cuidado diario un refugio genuino contra la fragilidad del vínculo?
P: Miranda es directora de documentales y empieza a analizar su relación con Charles a través del prisma de Hélène y André, una pareja de ancianos que llevan más de sesenta años juntos. Al principio, se acerca a ellos buscando entender cómo se cuece un amor tan sólido. Quiere pegárseles, observarlos de cerca, con respeto y amor. Esa mirada afectiva y púdica es también una forma de cuidarlos. Pero, a medida que avanza el documental, lo que ve empieza a modificar la imagen que tiene de su propio matrimonio. Hélène y André le muestran que el cuidado va cambiando de manos a lo largo de la vida. Durante su juventud, Hélène se ocupó más de su marido y de sus hijos; ahora, frente a la enfermedad, es André quien se ocupa de ella. Confrontada con ellos, el egoísmo de Charles se vuelve cada vez más insoportable.

S.M: Paula, entiendo el tiempo propio como un valor esencial. Sin embargo, Miranda posterga su carrera para acompañar la ambición de su marido, asumiendo una maternidad no idealizada. En la pareja contemporánea, ¿sigue siendo el tiempo de la mujer una renuncia silenciosa para sostener el éxito profesional masculino?
P: Creo que hemos hecho avances, pero todavía hay demasiadas mujeres que hacen enormes renuncias profesionales y personales para contribuir al éxito de sus parejas. Y sigue rondando la idea de que ese sacrificio femenino es necesario para que el núcleo familiar se mantenga en pie. Miranda también vivió dentro de ese esquema. Pero frente al abandono de Charles, decide dejar de renunciar; “vivre sa vie” como en la película de Godard. Ella va a asumir su ambición y a terminar su documental. La ausencia la obliga a preguntarse qué habría sido de ella si durante todos esos años hubiera apostado por sí misma con la misma convicción con la que apostó por su marido.
S.M: La literatura siempre ha explorado los abismos humanos, pero me fascina cómo tu obra sitúa el misterio en el centro del hogar al plantear una pregunta cotidiana tan sencilla como incómoda: si de verdad conocemos a la persona con la que dormimos cada noche. ¿Nos enamoramos del individuo real, o necesitamos un pacto de ficción para construir una seguridad emocional dentro del hogar?
P: Es natural crear ficciones consentidas para reforzar los vínculos. El enamoramiento, pero también las amistades verdaderas (que implican una dosis de seducción) te hacen ver una imagen idealizada del otro. El amor inventado plantea que tal vez nunca lleguemos a conocer del todo a la persona a la que amamos. Y también nos cuestiona sobre las mentiras que se filtran en la intimidad. A veces, esas mentiras terminan diciéndonos más sobre nosotros mismos y sobre aquello que elegimos no ver, que sobre la persona que miente.

S.M: Paula, tu investigación académica profundiza en las fronteras permeables entre la ficción y la no ficción. Al dar a Miranda el oficio de documentalista, utilizas el género documental para examinar la verdad ajena. ¿De qué manera esta herramienta te permitió analizar la intimidad humana con una mirada precisa?
P: Miranda está muy atenta a cada gesto, cada mirada, cada detalle que le permita acceder a la intimidad de Hélène y André. Para construir su personaje volví a mirar películas sobre el amor en parejas de ancianos como Amour, de Michael Haneke, My Love, Don’t Cross That River, de Jin Mo-young, o Jacquot de Nantes, de Agnès Varda. También volví a ver los documentales de Jonas Mekas o Chris Marker que nos muestran la belleza de la vida cotidiana, una felicidad simple y al alcance de todos. La novela está recorrida por esa estética documental.
S.M: Toda pérdida necesita hitos y certezas para resolverse. Para la protagonista, el dolor principal no es el escándalo público, sino la desaparición repentina de su marido sin una explicación clara. Ante un abandono que impide cerrar el duelo, ¿cómo se reconstruye el tiempo propio para habitarlo de nuevo con serenidad (si es que es posible)?
P: El abandono debe ser una de las peores cosas que pueden pasarte. Te deja sin un cuerpo que velar, sin una persona a la que confrontar, a la que pedirle explicaciones. Debe ser un dolor terrible y muy difícil de curar porque el duelo queda obstruido. Miranda va a intentar refugiarse en Emma, su hija de seis años, y convertir el departamento en el que viven en París en una especie de refugio, un lugar que les permita protegerse del vendaval y del escarnio público que las espera afuera. Las dos van a luchar para despegarse de las miradas condescendientes que aparecen cuando te transformás en «la engañada».

S.M: Naciste en Buenos Aires, estudiaste en Francia y hoy eres profesora titular en Clermont Auvergne. Compartes con la protagonista el origen franco-argentino y la vivencia entre dos culturas. ¿Cómo influye la distancia geográfica en tu mirada como escritora a la hora de explorar la impostura, la memoria personal y la necesidad de inventar una identidad?
P: Es una pregunta compleja. Creo que cambiar de país y vivir entre dos culturas determina la manera en que pensamos nuestras raíces, nuestra identidad, incluso la memoria del lugar que dejamos. Como dice Borges, «todo paraíso es un paraíso perdido», y es muy fácil idealizar el lugar del que uno se fue. Para construir el personaje de Miranda me pareció interesante hacerla hija de exiliados argentinos en Francia. Hay en muchos migrantes y exiliados una tenacidad, una voluntad de abrirse camino en el país al que llegaron – aún más si no fueron bien recibidos –, que les da una fuerza vital arrolladora. Y quería que Miranda tuviera esa fuerza.
S.M: Por último, Paula, me encantará saber: ¿qué es lo que más te gusta de Slocum Magazine?
P: Me gusta que Slocum vincula la belleza y la cultura en una reflexión global sobre cómo vivir mejor. Foucault hablaba de una “estética de la existencia”, que también pasa por buscar la belleza en lo que nos rodea. No importa si se trata de un objeto, de una prenda, de una comida o de una práctica de todos los días: lo cotidiano puede ser estético. Y ya el título, que hace pensar en aquel viajero que dio la vuelta al mundo en solitario, es en sí mismo una hermosa invitación al viaje.

La mirada de Paula Klein trasciende el mero análisis de una crisis conyugal. Es una radiografía de la convivencia contemporánea. El amor inventado demuestra que la literatura no necesita recurrir al estruendo mediático, sino que encuentra su mayor fuerza narrativa en los silencios del hogar, la gestión del tiempo propio y la identidad femenina frente al sacrificio tácito. Con la precisión de quien domina el formato documental, Paula Klein sabe observar y domina eso de el misterio es el pilar más sólido que sostiene la intimidad.
Esta obra es, sin duda, una de las grandes recomendaciones de la temporada para aquellos lectores que buscan una prosa madura, honesta y afín al estilo de vida reflexivo. Te invito a seguir de cerca la trayectoria de Paula Klein aquí para no perderle la pista, y a sumergirte en esta historia de reconstrucción personal ‘El amor inventado’, te lo dejo aquí.
Estíbaliz Cazorla, jefa de Redacción. Es especialista en comunicación estratégica e identidad verbal para marcas. Fundadora de la agencia boutique Mirar para Crear. Más aquí.
