ENTREVISTA A RICHARD FLASH, EMPRESARIO Y FUNDADOR DE ARTEMISA MOULIN LOUNGE

El empresario de éxito, inspirado por las grandes mujeres de la historia, “sirve arte” en su nuevo restaurante Artemisa Moulin Lounge.

Por Redacción Slocum


Entrevistamos al empresario de éxito Richard Flash que, desde este mes de septiembre, inspirado por las grandes mujeres de la historia, “sirve arte” en su nuevo restaurante Artemisa Moulin Lounge.

Desde que llegó a Madrid hace 30 años, Richard Flash ha sido un ejemplo de superación con una gran historia familiar detrás. Todos los viernes, desde la época de sus bisabuelos, su familia donaba carne al pueblo. Hoy, Richard dona alimento y material escolar a los niños de su pueblo gracias a los beneficios de sus restaurantes. Después de abrir Artemisa Moulin Lounge, la asociación con su hermano —chef con tres estrellas Michelin— convierte a este nuevo restaurante en pleno centro de Madrid en una fórmula destinada al éxito.

El nuevo y maravilloso concepto fusiona las gastronomías española, francesa y africana en un local repleto de referencias al celebre cabaret parisino. Busca atraer a personas que sepan valorar la buena comida, acompañada de un buen vino y un cóctel, para rematar una velada llena de sorpresas para todos los sentidos. Este restaurante sorprenderá a los comensales que se acerquen a disfrutar de la alta calidad del producto y del impecable trato al cliente.

SLOCUM MAGAZINE: ¿Cómo has llegado a tener este restaurante?

RICHARD FLASH: Es una idea que llevaba tiempo madurando, porque tenemos más locales. Siempre me han inspirado las mujeres poderosas de la historia, las que han gobernado el mundo. Por ejemplo, Némesis. Tenemos otra empresa que se llama así por la diosa, y ahora tenemos esta, Artemisa, otra diosa griega. La avioneta que tenemos en el restaurante es una inspiración de la cantante afroamericana Aaliyah, que falleció en 2001 al viajar desde La Habana a Estados Unidos tras grabar su último disco.

S.: ¿Por qué un restaurante?

R.F.: El centro de Madrid está lleno de comida rápida; la gastronomía real se está perdiendo. Aquí lo que queremos es convertir el arte, el ambiente y la fiesta en gastronomía. Algo clásico, algo que cuando la gente lo pruebe diga: ‘¡Guau!’. Todo lo que damos aquí, excepto el alcohol, es casero. Si comes una empanada, una croquetita de pollo… todo lo preparamos nosotros. No damos producto congelado a nuestros clientes, ni comida que lleve tres meses en el restaurante.

S.: Nos parece fantástica la idea de fusionar la gastronomía francesa, con la española y la africana.

R.F.: Somos africanos, aunque hayamos vivido casi toda la vida aquí. Llevo 30 años en España, tengo 40, y eso es el 90% de mi vida. Si ofreciera gastronomía internacional en Madrid, sentiría que estaría traicionando a mi patria si no incluyera algo local. Es cuestión de honor. Respeto la comida. Comer no es solo llenar el estómago: es un acto que merece respeto.

S.: ¿Consideras que la comida es arte?

R.F.: La comida es arte y la comida se respeta. El que no respeta la comida solo se llena y se va. Yo prefiero esperar a tener tiempo para sentarme, agradecer a Dios por mi plato, respetarlo y disfrutarlo. Comer con respeto es un arte.

S.: ¿Cuál es el plato estrella en Artemisa Moulin Lounge?

R.F.: Prefiero mantenerlo en secreto por ahora (risas). Esa pregunta la dejamos para el futuro (sonrisas).

S.: ¿Que el público venga y lo pruebe?

R.F.: Exacto. Tenemos un plato que cuesta más de mil euros, que realmente no lo hemos puesto nuestra carta todavía, porque también queremos el perfil del público antes de publicar cosas que asustan a la gente. A mí me gusta el vino, por ejemplo: el vino Pingus. Nosotros tenemos botellas a 40 mil, 60 mil euros, pero no está nuestra carta, ni siquiera lo hemos mencionado todavía. A nosotros nos gusta elegir el público, que la gente que venga elegante: “Vale, vamos Artemisa Moulin Lounge”, que se vistan especialmente para este restaurante, para sentarse y respetarlo como si fuera un teatro, como si fuera otro tipo de espectáculo en otro lugar que no sea un restaurante. Voy a ver una ópera, voy a ir a disfrutar la música, disfrutar este arte; o me voy a esa biblioteca a leer un libro. Yo creo todavía en esa gente. Un señor que beba un buen vino, cenando o comiendo, es un arte. Pero tiene que saber comer igual que beber. Beber tiene su respeto. No es solo llenar el vaso. Imagínate un buen whisky, un Macallan, por ejemplo, que a mí me gusta. Un cubito de hielo, una copita bien elegante y te la tomas. No es lo mismo que el que coge la botella, vaso lleno, y luego sale como un payaso. Es decir, bebiendo mal, te estás faltando respeto. Todo tiene su concepto.

S.: Entonces, este restaurante no es para cualquiera.

R.F.: Exacto. Es para quien sabe disfrutar de la buena comida y la bebida, y, sobre todo, para quien sabe respetar. Preferimos menos volumen de público, pero con clientes adecuados que valoren y se respeten a sí mismos. Así nos respetan también a nosotros.

S.: Tu hermano, chef con tres estrellas Michelin, es clave en el proyecto.

R.F.: Sí. Lo primero es que no es un empleado, es mi hermano. Ha cocinado para presidentes de España y ha trabajado en hoteles de cinco estrellas durante 25 años.

Tiene fotos con algunos de ellos, uno de los últimos con los que estuvo, fue Rajoy. Le ha dado de comer como chef. Renunció a todo para volver a casa. Es un gran riesgo que ha tomado

S.: ¿Cómo gestiona la creatividad en cocina?

R.F.: Él mismo diseña menús, carta y aperitivos. No tenemos una carta fija durante todo el año: trabajamos con productos de temporada. Respetamos la comida, y por eso renovamos constantemente la propuesta. Nosotros no vamos a dar, como muchos restaurantes, una propuesta de hace 50 años. Yo lo respeto, no tengo en contra de ello. Cada uno tiene su concepto, lo entiendo y lo respeto, pero nosotros no estamos en ese punto.

S.:¿Usáis también producto de proximidad?

R.F.: Sí, todo lo que servimos es de primerísima calidad y de proximidad.

S.: Y la bebida, ¿qué papel juega?

R.F.: En Madrid, después de cenar, la gente quiere tomarse unas copas. Por eso ofrecemos coctelería exclusiva hasta las dos y media de la madrugada. Después de la cena, les damos hasta las dos y media y se pueden tomar sus dos o tres copitas. Se montan un poquito su ambiente, digieren bien lo que han cenado y se van a la cama, porque eso es una cultura madrileña. Muchos madrileños prefieren no tomar postre para poder ir de copas.

S.: ¿Habéis diseñado cócteles exclusivos inspirados en el cabaret?

R.F.: Sí. Básicamente porque el restaurante está inspirado en un cabaret parisino.

Me gustaría profundizar un poquito y contarte una cosa. Desde pequeño he heredado de mi familia la tradición de ayudar a los demás: cada viernes mi familia sacrificaba una vaca para alimentar a quienes no podían comer carne. Mis padres son de Costa de Marfil y de Mali. Ellos tenían negocios en toda Francia, China, everywhere y en toda África. Había mucha gente, muchos niños pobres a los que les daban mucho: cuadernos, material educativo… Mis padres tenían una ganadería con 3.000-4.000 vacas y cada viernes mataban una. Venía una mujer para cocinarla bien para toda la ciudad, para las familias que no podían comer carne en todo el mes vinieran a comerla.

Desde los 12-13 años hago lo mismo que mis padres. Lo que me daban para el recreo lo guardaba, porque me daba vergüenza comer en público hasta ser muy adulto porque yo era muy reservado, y cada viernes llamaba a mis amigos nos tomábamos el té, íbamos al mercado, comprábamos carne y nos la comíamos. Ya es costumbre. Tengo otros restaurantes y, cada viernes, invito a la gente del bar. Hay una gran parte de dinero de esa parte que dono.

S.: ¿Qué porcentaje de los beneficios donas a los niños?

R.F.: No lo sé, no lo sé. En 2023 tenía un propuesto y después, de la pandemia, la cosa ha ido evolucionando. Los impuestos de España han ido evolucionando, entonces no puedo fijar una cifra fija con este restaurante. Esto es una cosa mía, de mi familia que yo he heredado. Ayudar a los más necesitados, los más pobres de mi ciudad, el pueblo donde vienen mis padre, mi madre… otros pueblos, otras ciudades. Cada viernes, cada jueves hago algo cosas para escolarizar el país. Cargo camiones aquí en España con: cuadernos, bolis, pizarras, mochilas… lo llevo allí y me gasto lo que lo que me puedo económicamente en ese momento. Yo lo hago voluntariamente. Cada año, cada mes, cada semana, compro un montón de comida para que la gente coma bien, para que la gente esté bien, para que todos los niños, que casi no comen carne en un mes en su casa, puedan comerla. Ellos solo la disfrutan en las fiestas nacionales del país, en las que comen cordero: La Pequeña, La Grande y el Ramadán.

Si yo puedo alimentar 200, 300 personas por semana, lo hago, cada viernes, como toda la vida. No sé cuánto me gasto, no tengo presupuesto por ello todo lo que pueda dar, ayudo.

Richard Flash: “Artemisa Moulin Lounge no es para cualquiera, es para quien sabe disfrutar de la buena comida”.

Artemisa Moulin Lounge se encuentra en Calle de Echegaray, 16 – Madrid

Para reservas: 603 12 25 10

Para más información, pincha AQUÍ

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