A pesar de las diferencias físicas y de comportamiento que los distinguen, perros y gatos pueden llegar a ser excelentes compañeros e incluso amigos.
Por Valentina Cicconelli
Con unos simples trucos, la convivencia entre perros y gatos puede resultar especial.
Si pretendemos mantener a estos dos maravillosos animales en la misma casa, es acertado recordar que pertenecen a dos familias animales diferentes, caracterizadas por estilos de vida y comportamientos diferentes.
Por lo general, el perro es un animal “de manada”, al que le gusta estar en compañía, tanto de seres humanos como de los de su especie, mientras que el gato es una criatura independiente y reservada, que pasa la mayor parte del tiempo solo.
Además, la forma que tienen las dos especies de relacionarse con los suyos o con los seres humanos es muy distinta y es precisamente por ello que suelen surgir muchos malentendidos entre los dos peludos.

Cuando el perro está contento, mueve la cola con fuerza, arqueando y sacudiendo todo el cuerpo, comportamiento que en la especie felina se lee como un estado de agitación y un posible ataque.
Cuando el perro conoce a nuevos similares tiende a oler la parte trasera del cuerpo del otro, comportamiento que molesta mucho a los gatos, ya que no se utiliza como método de presentación en su especie.
El gato, por su parte, no tiene problemas en acercar su cara a la de otros gatos en momentos de familiarización, mientras que para el perro un encuentro “cara a cara” con otro can es visto como el inicio de una posible pelea, un gesto de desafío.
Hay muchas otras diferencias de comunicación entre los dos, pero con las precauciones adecuadas se volverán inexistentes y su vida en común podrá fluir felizmente y sin peleas.

Para facilitar y fomentar la convivencia, una de las mejores técnicas es adoptar a los animales cuando ambos son cachorros, para que la presencia del otro resulte más natural.
Sin embargo, si el segundo invitado llega más tarde, no te desanimes, la paciencia es la primera herramienta con la que traer armonía a tu hogar.
Comienza por evitar invadir los espacios del “primer” inquilino, organiza en tu hogar dos habitaciones o espacios bien separados, dentro de los cuales los dos animales puedan sentirse seguros y protegidos, para refugiarse cuando lo consideren oportuno.
El momento de su primer encuentro es crucial; trata de estar relajado y asegúrate de que los animales también lo estén. Déjalos estudiarse el uno al otro y mantén al perro atado si notas una actitud demasiado nerviosa. Por el contrario, si el gato está molesto, coloque estantes o cajas elevadas, para que pueda estar «a salvo» si es necesario. Si notas demasiada agitación, detén las sesiones de aprendizaje y reanúdelas cuando las cosas se hayan calmado. En el caso de que los animales estén excesivamente agitados, contacta con un especialista, que seguro sabrá cómo intervenir.

El horario de alimentación también es muy importante, de hecho los animales deben comer al mismo tiempo, pero bien separados. Arregla dos tazones diferentes con su comida. De hecho, en la naturaleza el primero en comer suele ser el más fuerte.
No olvides animar a los animales con snacks y premios y, por supuesto, con muchos mimos cada vez que interactúen de forma armoniosa, para así fomentar actitudes positivas.
