DESDE MADRID, ATELIER COUTURE: ASÍ VIVIREMOS ESTA ÉPOCA NUPCIAL

Sobre la pasarela, distintos diseñadores presentaron colecciones que, aunque con diferentes estilos, comparten una misma intención: reinterpretar la elegancia desde una mirada contemporánea, reivindicando la artesanía y el «hecho en España» en el corazón de Madrid.

Por Alejandra del Corral


Qué mejor momento que el mes de las novias e invitadas para traeros un trocito de todo lo que pudimos vivir en la última edición de Atelier Couture. Marzo volvió a convertirse, durante los días 17 y 18, en un escaparate excepcional de creatividad. Bajo la tradición y la innovación, se demostró que la alta costura española está en su mejor momento.

La pureza y el clasicismo de vanguardia. El primer día destacó por una fuerte presencia de la moda nupcial con sello de autor. Ainhoa Salcedo, diseñadora vallisoletana conocida por fusionar la elegancia más clásica con procesos innovadores (incluyendo el uso de la IA en su patronaje), apostó por la pureza con “Esencia de eternidad”. Su colección de cinco vestidos de novia reivindicó lo clásico: líneas limpias, tejidos satinados con cuerpo y siluetas que combinan cuerpos ajustados con faldas amplias. La variedad de escotes aportaba una enorme personalidad a cada diseño sin perder coherencia. Conócela en Ainhoa Salcedo.

En una línea igualmente romántica, aunque más etérea, su paisano Alejandro Maíllo presentó “Ensueño”. Fiel a su seña de identidad, con el cuidado extremo del patrón, las siluetas princesa y las espectaculares colas kilométricas, sus propuestas jugaron con gasas de seda, frunces y pliegues que envolvían el cuerpo con ligereza. Destacaron los escotes que dejaban los hombros al descubierto y una propuesta atrevida que rompió moldes: pantalones amplios combinados con un velo sujeto a un sombrero de ala ancha, una imagen moderna pero tremendamente elegante dentro del universo nupcial. Tienes todo de Alejandro Maíllo aquí.

El contraste visual y la geometría. El contraste llegó de la mano de la firma zamorana Ángel Iglesias, cuyo legado de más de treinta años en la moda sigue muy presente. Con su colección “101”, el rojo, el blanco y el negro dominaron vestidos de corte clásico con detalles estructurados como grandes solapas. Por su parte, la burgalesa Carolina Gázquez aportó una bocanada de frescura con “Vértice”. Con una impecable trayectoria como patronista (formó parte del equipo de Amaya Arzuaga durante catorce años), Gázquez partió de vestidos blancos tradicionales para romperlos visualmente con acentos fluorescentes y formas geométricas muy estudiadas. Ángel Iglesias y Carolina Gázquez.

Uno de los momentos más experimentales fue el de César González, quien dividió su colección “Adagio celular” en dos universos muy marcados: uno más urbano, con chaquetas bomber y encajes geométricos, y otro más voluminoso y escultórico, donde los vestidos se cubrían de pequeños círculos y se acompañaban de velos magistralmente decorados. Te lo dejo aquí: César González 

Explosión de color y feminidad rotunda. El color tomó protagonismo con Didesant, la firma del leonés Santiago García Gutiérrez, que llenó la pasarela de diversidad a través de un trabajo exquisito de bordados, transparencias y tocados con plumas, muy propio de su prêt-à-porter de fiesta. En cambio, Esther Noriega apostó por tonos intensos como el azul marino y el magenta en “Oui c’est moi”, destacando la silueta femenina mediante cinturones joya y detalles brillantes que captaban la luz de los salones del Palacio.

La sobriedad elegante llegó de la mano de Nathan Cubero con “Sintaxis del orden”, donde el blanco absoluto y las líneas rectas convivían con encajes muy sutiles. En paralelo, Raquel Tomillo exploró la feminidad desde otra paleta cromática: tonos tierra y tejidos vaporosos que aportaban un movimiento cautivador y una inusual calidez a la pasarela. Didesant y Nathan Cubero.

Dualidad y romanticismo contemporáneo. En una brillante fusión entre lo clásico y lo contemporáneo, Sara Santiago presentó “Cénit”, con vestidos de novia que incorporaban asimetrías, transparencias y encajes. Mientras tanto, la firma palmera Diazar sorprendió con “Night Lotus”, una colección estructurada en dos actos que combinaba delicados vestidos florales con looks coordinados para hombre y mujer. Jugaron con maestría a los contrastes del total black y el total white, combinando tejidos clásicos con la fluidez y la elegancia de las capas.

La primera jornada se completó con propuestas como la del tinerfeño José Acosta, siempre centrado en la sofisticación de la sastrería tanto masculina como femenina, y la de Inmaculada Rodrigues, cuya colección “Drago” destacó por su rotundo romanticismo, transparencias y espaldas descubiertas que creaban una sensualidad muy elegante. Aquí Sara Santiago y Diazar 

En una fusión entre lo clásico y lo contemporáneo, Sara Santiago presentó “Cénit”, con vestidos de novia que incorporaban asimetrías, transparencias y encajes. Mientras tanto, Diazar sorprendió con “Night Lotus”, una colección en dos actos que combinaba delicados vestidos florales con looks coordinados para hombre y mujer, explorando contrastes como el total black o el total white. Tejidos clásicos combinados con la movilidad y la elegancia de las capas, en tejidos fluidos creando así movimientos muy sutiles.

La jornada se completó con propuestas como la de José Acosta, centrada en la sofisticación tanto masculina como femenina, y la de Inmaculada Rodrigues, cuya colección “Drago” destacó por su romanticismo, transparencias y espaldas descubiertas creando una sensualidad elegante. Te dejo aquí a José Acosta e Inmaculada Rodrigues.

El broche de oro. El 18 de marzo continuó con la misma riqueza creativa. Artola presentó una colección dividida en dos partes: una primera más ornamental, festiva y rica en texturas —con flecos, plumas y pedrería en tonos variados—, y otra centrada puramente en la novia. Aquí vimos perlas, encajes y pedrerías en sintonía con tejidos muy vaporosos y una clara apuesta por el escote palabra de honor. Aquí Artola. 

Finalmente, ASN Madrid con un desfile estructurado en tres bloques, desde vestidos fluidos y satinados hasta propuestas más geométricas y una línea nupcial que combinaba tradición y modernidad, apostando así por colores como el amarillo, el rosa, el blanco y el rojo.

Esta edición madrileña de Atelier Couture dejó claro que la alta costura y la moda de autor española viven un momento de madurez y de gran diversidad creativa. Desde la sencillez más depurada hasta la experimentación más atrevida, cada diseñador ha aportado su propia visión de la elegancia. Nos confirman que la moda sigue siendo ese terreno fértil donde lo clásico y lo innovador pueden convivir en perfecta armonía. Y, sobre todo, nos recuerdan que existe un diseño magistral para cada ocasión y para cada mujer; porque en ese gran día la prioridad es brillar siendo, más que nunca, tu mejor versión.

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Alejandra del Corral es Asesora de Imagen especializada en estilo real y funcional.


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