ANTONIO ALBELLA: 30 AÑOS DE PURO ARTE

Entrevista a Antonio Albella, uno de los rostros más conocidos del grupo musical ochentero “Locomía”, deejay y, sobre todo, gran actor de teatro. En exclusiva para Slocum.

Por Nacho Figueroa


Antonio Albella nació en Madrid, concretamente en el gran municipio de Alcalá de Henares. Su carrera artística, que cumple este 2021 treinta años, le avala como cantante, DJ, showman y sobre todo como gran actor.
Presentamos la entrevista concedida a Slocum por este talentoso y reconocido artista.

—SLOCUM: Naciste en Alcalá de Henares a finales de los años 60, en la denominada “década del cambio” en España. ¿Qué supuso para un futuro cantante, showman y actor nacer en un lugar tan tradicional en un momento clave en la sociedad española? ¿Qué recuerdos guardas de tu infancia?
—ANTONIO ALBELLA: Uno no elige donde nace, evidentemente. Pero estoy muy contento con el lugar donde me ha tocado nacer. Es la cuna de Cervantes, y hay mucha tradición con esto, más desde que la ciudad fue nombrada patrimonio de la humanidad en el año 1998. Es una ciudad muy cuidada, y cuando yo era pequeño ya me hacían saber que esa era la ciudad donde había nacido Cervantes. Por lo tanto la obra y el teatro de Cervantes están muy promocionadas en la ciudad.
Desde muy pequeño ya oía a Cervantes, y tenía una vocación de actor muy clara. Haber nacido en Alcalá de Henares ha sido un beneficio para mí.

—SLOCUM: ¿Puede que nacer en un sitio como Alcalá de Henares haya potenciado tu vocación?
—ANTONIO ALBELLA: No, porque esa vocación nació conmigo. Hubiera podido nacer en cualquier otro sitio, porque mi vocación era tan fuerte que hubiera buscado igualmente el camino para llegar a ser actor. Esa vocación la hubiera desarrollado en otro sitio como hubiera podido. Cervantes no potenció mi sueño en ese sentido. Nacer en Alcalá fue una circunstancia.

—S: ¿Cómo empezaste en el mundo actoral?
—A: Me formé para ser actor y estudiaba en Alcalá de Henares con mi grupo de teatro. Tuve una gran maestra en ese momento: Paz Carrero. Fue una profesional muy importante dentro del teatro y el cine. Es de las personas de las que más he aprendido, a pesar de todos los profesores que he podido tener después en el mundo del teatro. Después estudié Arte Dramático en Madrid. En ese momento hacía pequeñas cosas, como figuración en cine, que es como todo actor empieza. Me apuntaba a agencias e iba haciendo cosas de modelo, anuncios… cosas pequeñas. Pero empecé a moverme muy pronto.

—S: El inicio de tu carrera artística vino de la mano de Consuelo Berlanga, presentando el programa matutino de televisión “Tan contentos” en Antena3. Este programa era un clásico formato del que han nacido muchos otros, e incluía actuaciones musicales, concursos, entrevistas, reportajes y tertulias sobre crónica social. Por ese entonces, tenías 23 años.
Cuando empezaste a trabajar en televisión, un joven en potencia, ¿qué supuso para ti entrar por la puerta grande en las mañanas de Antena3 de la mano de la gran Consuelo Berlanga?
—A: Entrar en un programa de televisión como presentador en Antena3 fue algo muy impactante. Hacía un poco de todo porque no se sabía muy bien lo que Consuelo Berlanga quería de nosotros. Hacíamos muchos sketchs, así desarrollaba mi carrera como actor. También presenté culebrones, artistas, entrevistas, cantantes… Yo me inventaba cada día una presentación diferente para que el programa funcionara. Consuelo era la protagonista, pero yo iba, presentaba, salía siempre haciendo algo. La valentía de la juventud me permitió atreverme a hacer esto.

—S: ¿Qué recuerdos guardas de esta época?
—A: Para mí fue una experiencia maravillosa. Fue un año muy bueno y aprendí mucho, además guardo unos recuerdos increíbles de la cadena. “Tan contentos” me permitió conocer a muchísima gente porque a las dos de la tarde empezaba la entrevista fuerte del programa, la hora estrella. Vinieron personas muy conocidas que tuve el inmenso placer de conocer. Antonio Molina, Imperio Argentina, Nati Mistral, Encarnita Polo, Antonio Gala… También Lolita, con la que guardo una gran amistad que después ha derivado en su hija Elena Furiase.

—S: ¿Fue complicado entrar en una cadena generalista en esa época? ¿Qué recuerdos guardas de esta etapa?
—A: Fue un casting que hizo la propia Consuelo Berlanga, y yo me enteré gracias a un compañero, el actor Jesús Cisneros. En ese momento trabajaba en una tienda de lujo en un conocido centro comercial, y tuve una falta de responsabilidad enorme. Cerré la tienda y me fui a hacer el casting porque pensaba que iba a ser solo una hora, pero fue mucho más. Tuve que llamar al compañero con el que trabajaba para que me hiciera el inmenso favor de abrir la tienda y me cubriera si llamaban los jefes, la prueba se alargó mucho. Así que a él también le estaré eternamente agradecido.

—S: ¿Cómo fue ese casting? ¿Había alguien conocido?
—A: En el casting nos conocíamos muchos de otras agencias o de haber hecho figuración. Éramos compañeros al fin y al cabo. Yo ya había hecho muchos castings también. En esa prueba también estaba Penélope Cruz, de hecho ahí nació mi fascinación por ella. Penélope era ya muy conocida por el programa “La quinta marcha”, pero quería hacer otras cosas y se presentó al casting de “Tan contentos”.
Penélope me fascinó desde el primer momento que la vi, sobre todo su forma de hablar. Ahí supe rápidamente que iba a ser una gran estrella porque yo me quedé alucinado con la imagen de esa niña. Vi claro que Penélope iba a ser una estrella, y no me equivoqué. Tenía un magnetismo en la cara, en su voz… unos ojos muy hipnóticos de color negro con un párpado muy grande.

—S: El magnetismo del que hablas de Penélope Cruz, creemos que también lo tienes tú. Sobrepasas la pantalla en todo lo que haces, y eres capaz de conectar con tu público de una manera extraordinaria. Es algo innato que va contigo.
Bueno, no lo sé… Está claro que hay una telegenia o fotogenia, hay estrellas que tienen ese tipo de magnetismo. Quizá lo tenga yo también, pero no soy yo el que deba decirlo… no lo sé.

—S: El cambio entonces fue bueno. De trabajar en una tienda a presentar un programa de máxima audiencia con Consuelo Berlanga…
—A: Sí, me convertí en el héroe del centro comercial y de mis compañeros. Yo di mis quince días de preaviso, y tuve que hacer televisión por la mañana e ir a la tienda por la tarde. Además, en esa época también estaba haciendo figuración en el Teatro de la Zarzuela en la ópera “Rinaldo” de Händel. Cuando eres joven tienes energía para hacer cualquier cosa.

—S: Entonces te cogieron a ti y empezaste a trabajar en las mañanas de Antena3. ¿Hubo otros candidatos?
—A: Fuimos cerca de doscientos candidatos. Yo tenía el número 193, y entré gracias a una amiga modelo, que insistió y pidió que teníamos que entrar los dos. Eran las tres de la tarde, y decidieron cortar y terminar el casting, dejando fuera a los que no lo habían hecho.
Consuelo me hizo hacer unas improvisaciones y le encanté desde el principio. En ese momento yo era muy guapo y quedaba muy bien en cámara. Entramos dos actores, un compañero que duró quince días porque le salió otra cosa, y yo que estuve un año entero.

—S: Me imagino que no tuvo que ser fácil comenzar a trabajar con un talento destacado del mundo de la televisión, y sobre todo del periodismo, como es Consuelo Berlanga. Ella ya tenía muchas tablas, pero tú estabas empezando. ¿Cómo fue trabajar con ella? ¿Te lo puso fácil?
—A: Sí, me lo puso fácil. Fue bastante dura conmigo porque ella tenía muy claro lo que quería, pero lo agradecí. Aprendí mucho con ella.

—S: ¿Qué le dirías a Consuelo Berlanga si estuviera leyendo esta entrevista?
—A: Lo primero, gracias por fijarte en mí de entre doscientas personas. Gracias siempre. Es una de las palabras más utilizadas en mi vocabulario. Hay que ser agradecido con todo el mundo.

—S: En 1992, terminó tu andadura televisiva en la generalista Antena3, y justo un año después ya empezaste en el maravilloso mundo de Locomía. ¿Qué supuso para Antonio Albella formar parte de un grupo que vendió más de 60.000 copias con su primer álbum, logrando numerosos discos de oro?
—A: Yo entré en la segunda formación de Locomía. Para mí supuso un paso y una experiencia más en mi carrera de actor, y sobre todo me permitió viajar por todo Sudamérica: Venezuela, Brasil, Argentina, Chile… países que no hubiera tenido la oportunidad de conocer si no hubiera sido por el grupo.
Me llamó el mánager del grupo, en ese entonces José Luis Gil, otra persona muy importante de mi vida profesional. Y un grandísimo profesional. Él ya me conocía de la televisión, incluso de antes. No me lo pensé dos veces porque me llamó él directamente, sin pasar ningún casting. Así me lancé al mundo de Locomía.

—S: El éxito de este grupo fue incalculable, ¿cuál fue la clave?
—A: Fue una de las primeras boybands, que no era algo habitual en España en ese entonces. Ocurrió que la estética era muy particular porque llevábamos una ropa muy reconocible y bailábamos con abanicos. Las claves del éxito de Locomía fueron la sorpresa, la aparición y una música muy buena que apoyaba esta imagen. Las canciones de Locomía están en todas las fiestas que se precien. La música del grupo ha sobrevivido, y ha hecho historia dentro del pop español precisamente por eso, por su música y su estética.

—S: Muchos artistas españoles adquieren más éxito en América Latina que en España. Hay numerosos ejemplos, entre ellos la gran Mónica Naranjo, que colaboró con Locomía dando soporte al álbum “Party Time” (1993) como corista.
—A: Ella aparece en ese disco, pero todavía no era Mónica Naranjo. Era una chica de dieciocho años, novia de nuestro productor Cristobal Sansano, con el que se casó posteriormente. Ellos ya estaban preparando el lanzamiento de ella como artista. Como trabajábamos todos juntos, ella puso los coros en nuestro disco. La voz de Mónica era extraordinaria y una barbaridad, y lo sigue siendo. Con Mónica me pasó lo mismo que cuando vi a Penélope Cruz en aquel casting de “Tan Contentos”, yo tenía claro que iba a ser una gran estrella. No era normal la voz que tenía con esa edad. A Mónica la admiro muchísimo, y ella me tiene muchísimo cariño.

—S: Me imagino que habrá millones de anécdotas de esos años que fuiste parte de Locomía. ¿Hay alguna que guardas con especial cariño?
—A: Al ser la segunda formación del grupo, en Sudamérica, al principio (solamente en la primera gira) se produjo un gran rechazo por nosotros. Los clubes de fans, que eran muy potentes, no aceptaron el cambio que hubo en Locomía. Tuvimos muchísima repercusión y nuestro equipo tuvo que protegernos mucho. Para mí, una gran anécdota fue que me agredieron en directo en un programa de televisión en México. En parte nos vino bien, porque nos hicimos más populares en América de lo que ya éramos, causó un gran impacto a nivel de promoción, pero el golpe me lo llevé.
Había algún grupo de fans que no nos querían allí, un grupo que se hacía llamar “Las viudas” (de Locomía). Ellas se vestían de negro y aparecían en muchos programas haciendo gestos, y aunque estábamos muy protegidos, apareció una de ellas y en medio de la canción me empezó a pegar y a cogerme del pelo.
La emisión del programa tuvo que cortarse en directo, y el presentador dio una charla moral muy buena. Terminó diciendo que si no querían vernos, podían irse. Esto fue una humillación para ellas, claro. Se las echó del plató al final.
Pocas semanas antes, un fanático de la tenista Mónica Sales la apuñaló en pleno partido de tenis. Por eso, el tema de la exageración del fanatismo y a lo que podía llevar esto, estaba muy caliente en ese momento. Eso contribuyó a que la noticia de la agresión que sufrí, tuviera mayor importancia todavía.

—S: ¿Qué fue lo más excitante para ti de trabajar en el mundo de la música durante los años 90? ¿Cómo fue el fenómeno fan del grupo?
—A: Locomía fue tremendo, tenía unas dimensiones enormes. Actuábamos delante de muchísimas personas, y sobre todo en América tenía tintes de leyenda. En España fue un fenómeno brutal también. El fenómeno fan fue muy grande y exagerado. Ahora pasados casi treinta años de Locomía, mucha gente de aquella época me ha localizado por redes sociales, me presentan a sus hijos… El grupo trajo una red de gente impresionante.

—S: ¿Los fans se comportan de la misma manera antes que ahora?
—A: Ahora es muy fácil poner un like en Instagram a tu artista favorito, pero cuando no existían las redes sociales la gente se preocupaba de escribir cartas, meterlas en un sobre y llevarlas a un buzón. Eso realmente es el fenómeno fan. Yo mismo pongo likes a Kim Kardashian, por ejemplo. Pero yo aún guardo miles de cartas de seguidores, eso sí son realmente fans. Los de ahora también lo son en otro término, pero es muy diferente.

—S: ¿Te sientes orgulloso de tu paso por Locomía?
—A: Sí, claro. Me siento muy orgulloso de todo lo que he hecho en mi carrera. Absolutamente orgulloso.

—S: Tras tu paso por el exitoso grupo musical, te centraste en tu faceta como actor, donde hemos podido disfrutar de ti en numerosos papeles de teatro, destacando “La telaraña de Agatha Christie” (2019), y televisión, entre los que destacan “La casa de los líos” (Antena3), “Al filo de la ley” (TVE), “Amar en tiempos revueltos” (TVE), “La hora de José Mota” (TVE) y un largo etcétera.
¿Qué es lo que más te gusta hacer o disfrutas haciendo?
—A: Disfruto de todo lo que hago. Como actor que soy, cada una de esas cosas son personajes. Tuve mucho éxito después de Locomía presentando programas de teletienda, por ejemplo. Y para mí eso también fue un personaje. Mis trabajos y cada una de las partes de mi carrera han sido personajes. Cuando hacía teletienda era un personaje que hacía de presentador de televisión. Cuando era chico Locomía, hacía un personaje de cantante con fenómeno de fans. Cada cosa que he hecho lo he tomado como un personaje de un actor, que es lo que soy.

—S: Dentro del mundo del arte estás considerado como un profesional muy versátil. Pudimos disfrutar del lujo de verte actuar en teatro, y tu actuación fue deslumbrante. Al mismo tiempo tu look y estética hacen que tu presencia sea de las más cotizadas en los photocalls y eventos. Tienes una gran experiencia y un gran éxito también como showman y DJ. ¿Cómo te defines tú? ¿Qué mundo es tu pasión o en cuál te sientes más cómodo?
—A: Yo me defino como artista, es una bonita palabra que engloba todo. Para mí, es una buena definición. Mi pasión es todo lo que hago, por ejemplo ahora tengo muchas ganas de volver al teatro porque antes de la pandemia estaba con dos espectáculos que tuvimos que cancelar, y desde entonces no me he subido a un escenario a hacer teatro. Lo estoy deseando.

—S: Con todo lo que has hecho… ¿hay algo pendiente?
—A: Me encantaría dar el paso al audiovisual y hacer una serie o una película de cine. He hecho televisión, videoclips, capítulos de series… pero no he tenido la oportunidad de hacer cine. Es algo que me encantaría, pero es muy complicado porque no encuentro la forma. Tampoco la busco a estas alturas de mi carrera, porque me he cansado de buscarla. Los directores de casting ya lo saben: estoy aquí. Y más ahora que todo el mundo sabe donde localizarme, a través de las redes sociales, por ejemplo.

—S: ¿Puede ser que alguna parte de tu carrera te haya separado de otra?
—A: La industria del espectáculo en España es muy raquítica. Aunque hay muchas plataformas y se están haciendo buenas series, es un mundo que entiendo como rancio en la actualidad. Yo ahora he conseguido vivir de mi carrera, no como cuando era joven que tenía que hacer muchas cosas. Así como en Estados Unidos todo cuenta y todo suma, en España se encajona mucho a las personas. Por ejemplo, Hugh Jackman es cantante, hace musicales, películas dramáticas y también es un héroe de acción de Marvel. Todo suma, pero en España no.
No he tenido tanto recorrido en la parte audiovisual porque no me han dado la oportunidad. Los directores de casting no me ven como padre, como abogado, como asesino… A lo mejor ahora con esta pinta de hombre mayor me dan algún papel así (risas). Tengo muchas ganas de hacer personajes más mayores, como los reyes de Shakespeare: un rey Lear, Ricardo III… me apasionaría.

—S: Entonces, dejando a un lado la parte más actoral de tu trayectoria, ¿es el propio Antonio Albella un personaje creado para actuar en su día a día?
—A: No, no lo creo. Bueno… no lo sé. Un poco sí porque seré un poco personaje, pero me siento bien haciendo lo que hago. La pregunta es un poco compleja (risas), pero me parece muy interesante.
Es muy difícil encontrar a alguien verdaderamente puro. Los niños son puros hasta que empiezan a hacerse mayores. Todos somos un poco personajes de una manera u otra. A mí me gusta vestirme como me visto, no me pongo tal ropa por extravagancia. Me gustan los colores cuando hace sol, el negro cuando quiero ir más elegante… Ahora que llevo el pelo largo, me pongo una coleta… No sé, no lo pienso tanto. Con las redes sociales todo está más pensado para hacerse una foto, y seguro que yo entro también en ese juego, pero si no tengo un post durante una semana no pasa nada. Yo soy así, tal cual me ves.

—S: Luego te convertiste en DJ de fiestas y eventos muy importantes. ¿Cómo te lanzaste a esto?
—A: No nace como necesidad de reinventarme, sino de una manera totalmente casual. Iba por la noche a una discoteca donde hacían una sesión de domingos, “Que trabaje Rita”, y yo conocía al dueño de la discoteca y me invitaba a ir a pasármelo bien. Me encontré con un espectáculo maravilloso, unos chicos jóvenes que bailaban, unas travestis que hacían playbacks… una auténtica maravilla. Y me empecé a hacer habitual. Los organizadores de la sesión me insistían en que tenía que hacer algo, y pensamos el qué. Se me ocurrió decirle al que lo organizaba que me hiciera una lista con los éxitos de Locomía, para que yo inventara un nuevo personaje dentro de mi carrera de actor: un deejay profesional. Desde el principio resultó un éxito muy grande y a mí me gustó porque estaba haciendo un personaje más que además me divertía. No sé si fue bueno sacar y exponer los abanicos de Locomía de nuevo, porque ha pasado mucho tiempo y yo soy un actor diferente dentro del mundo, pero me encantó.

—S: ¿Te dio miedo que te volvieran a encasillar en Locomía?
—A: En parte sí y en parte no. Como he dicho antes el mundo del espectáculo te encajona mucho, y por eso no quería estar bailando quince minutos con abanicos, sino que solo los sacaba al final. Quise dar prioridad a la música. Ocurre que la gente piensa que no he hecho otra cosa que bailar con abanicos. Ser deejay me divierte mucho mientras lo hago, pero tengo ciertos reparos siempre porque al final todo el mundo vuelve al nombre de Locomía. No tengo preocupación porque es un trabajo más, y sobre todo porque es un personaje. No moví nada para ser deejay, ni me promociono como tal, pero los promotores de fiestas me empezaron a llamar por ver fotografías que cuelgo en mis redes sociales. El mismo chico que me juntó los catorce minutos de canciones de Locomía me hizo una sesión nueva de una hora, y después de mucho decir que no era deejay pensé: ¿por qué no? ¡Estaba perdiendo trabajo! Y ahí me lancé. Catorce minutos de Locomía y el resto canciones españolas de Tino Casal, Marta Sánchez, Pedro Marín… también divas americanas como Madonna o inglesas como Kylie Minogue.

—S: Volviendo a una pregunta anterior, ¿ser DJ te ha podido alejar de hacer otros papeles en la parte audiovisual que mencionabas antes?
—A: Realmente hago mi trabajo con tranquilidad e ilusión. Siempre tengo una doble visión porque me preocupa que los directores de casting españoles me vean así vestido, voy muy arreglado a mis sesiones de deejay. A ellos les cuesta verme como padre o abogado. Pero yo siempre digo lo mismo: es un personaje y ya está. En España no lo ven así… Entre comillas me martiriza un poco, pero últimamente estoy más tranquilo y me da igual, aunque me gustaría acceder a otros papeles. Es una bipolaridad que tengo; me pregunto “¿debería dejar de hacer esto?” sobre todo para que no crean que solo hago esto. Pero luego se me pasa. Disfruto mucho haciendo lo que hago.

—S: A raíz de todo esto nace en 2015 el evento musical anual “El barco ochentero”, una experiencia musical y turística exclusiva en un barco por todo el Mediterráneo, con horas de conciertos, fiestas y música ochentera, donde podemos verte como deejay profesional.
—A: Apareció esta oportunidad para mí y dije que sí sin dudarlo. Un crucero por el mediterráneo que dura siete días y al que van las bandas que todavía siguen en pie desde los años ochenta: Rafa Sánchez de “La Unión”, Javier Ojeda de “Danza Invisible”, Modestia Aparte… hay una parte que son canciones en vivo, y por la noche se hacen sesiones de deejay, y yo hago siempre la última noche. El resto del viaje estoy presentando concursos y otras cosas, me gusta mucho.
Después de la pandemia, regresa a finales de este año. No puedo faltar porque ellos me tienen mucho cariño, y yo a ellos, siempre me lo paso genial. Ya soy parte del staff. Parece un campamento de verano pero de personas mayores, porque se hace cada año. A mí me tienen como un talismán porque para hacer este personaje voy espectacularmente vestido gracias a los creadores de mis estilismos Nacho Rodríguez e Inmaculada Milán. Aprovecho para mandarles un beso enorme.
Tengo la oportunidad de trabajar con marcas muy grandes gracias a mi faceta de DJ, y la verdad es que lo agradezco.

—S: No es la primera vez que trabajas en el mundo de la noche…
—A: Yo ya había trabajado como relaciones públicas desde 1994 a 1996 en la discoteca más bonita y espectacular de Madrid: Joy Slava. La noche es muy dura de trabajar, porque arreglarte a las diez u once de la noche para llegar a trabajar a las doce a mí me mataba. Aunque Joy Slava me permitió conocer a muchísima gente, a grandes estrellas. Ahí conocí a Brad Pitt, Claudia Schiffer, a La Veneno que iba cada noche… Había muchísima mezcla en esa discoteca, y era eso precisamente lo que le hacía mítica. Era un poco como el Estudio 54 de Nueva York, pero en Madrid. A las cuatro de la mañana dejaban entrar a las prostitutas que estaban mezcladas con la gente más importante del mundo del toreo, políticos… era fascinante. El rey Felipe, que entonces era príncipe, también iba mucho por ahí.

—S: Volviendo a tu actuación como Deejay, también hay marcas que contaron con tus actuaciones…
—A: Unas cuantas. Por ejemplo, GHD, una marca muy potente. Hacen fiestas espectaculares en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Desde que les conocí me quedé embaucado de ellos. He trabajado mucho con ellos.

—S: Nos encantó verte en tu versión deejay. Es un personaje estelar.
—A: Es un súper personaje, sobre todo muy enérgico. Hago una mezcla entre una persona del Estudio 54, David Bowie… de todo. Los deejays no son actores, y a menudo pueden resultar algo aburridos. Pero mi deejay es diferente. Tengo el micrófono siempre abierto, hablo, canto con la gente… Si alguien quiere subir al escenario conmigo me encanta, me hago mil fotos durante las sesiones. Yo no tengo problema en ese sentido. He creado un show que es mucho más que un señor detrás de una mesa de mezclas, es algo muy divertido.

—S: En el paradigma actual, respecto a la cultura en constante cambio con el surgimiento de diferentes plataformas, formas de arte, etc. ¿Qué piensas de la cultura y el arte actuales?
—A: La cultura y el arte van con el tiempo que vivimos. No sé si es la época que más me gusta respecto a esto. Si hubiera agujeros negros de espacio-tiempo, me gustaría vivir en los años 30, 40 y 50, los años del cine clásico de Hollywood. Además, me encanta el arte de esa época: el Art Decó, el Art Nouveau. Creo que el arte y la cultura del tiempo actual es muy efímera, por las redes sociales, las cadenas de streaming… Es muy efímero porque hay tantas cosas que ver, que es muy improbable que algo permanezca. En redes sociales te fijas en grandes artistas, pero los ves un día y hay tanta gente a la que ver, que puede ser que no les vuelvas a ver más. Ahí en medio hay un artista que hace dibujos maravillosos, pero no le prestas atención. Aunque las redes sociales permiten una buena difusión que favorece la comunicación entre personas, para la cultura y el arte es un desmadre absoluto.

—S: Entonces, ¿la hiperdifusión actual es un problema para la cultura y el arte? Se puede decir que la cultura actual es de usar y tirar…
—A: En mi opinión sí. Con esa hiperdifusión de la que hablas es difícil dejar huella con algo en estos tiempos, porque tienes que ver otra cosa al día siguiente. Es una cultura demasiado rápida. Pero aun así me gusta. Trato de pensar que me adapto, pero sin duda pienso que me hubiera gustado vivir otra época.
Todavía hay grandes artistas más mayores de otras épocas, como Antonio López por ejemplo, que tarda años en acabar un cuadro. Pero por lo general es una cultura muy rápida. Es la época en la que vivimos y también es divertido, porque hay muchos artistas. Cualquiera puede hacer de todo porque hay mucha proyección.

—S: Hablemos de referentes. En otra entrevista, que publicamos en Slocum hace unas semanas, la cantante Amapola López, La Prohibida nos dijo que las personas “somos producto de todos nuestros referentes”. ¿De qué referente es producto Antonio Albella?
—A: Leí esa entrevista, y enhorabuena. Me encantó. Tengo muchos referentes, es muy difícil dar con uno. Pero tengo algunos muy claros de teatro y cine clásico que siempre me han encantado. He tenido la oportunidad de escribir para una editorial de libros de cine, Notorious Ediciones. He escrito sobre Gene Tierney, Rita Hayworth… y mis referentes estéticos también son del cine de los años 30, 40 y 50. Aunque también me encanta el cine de los años 60 por la mezcla de géneros. Me gusta mucho la gente mayor, y mi lectura favorita son las biografías, y más las autobiografías. Esos referentes me gustan, me gusta leer las vidas de las personas, de actores y actrices, y saber cómo han terminado sus días. Mis referentes son el cine clásico y los actores de entonces. Soy un cinéfilo y un auténtico apasionado del cine, desde que era niño.

—S: ¿Qué tienes ahora entre manos? ¿En qué estás trabajando actualmente? ¿Dónde podemos disfrutar del gran talento de Antonio Albella?
—A: Estoy haciendo bastantes cosas, no me puedo quejar. Hago algunas colaboraciones como en el videoclip de Rozalén, por ejemplo. Tengo otra colaboración, un videoclip que se rodará dentro de muy poco. También me han ofrecido dos proyectos fuertes de teatro: hacer de Pérez Galdós y de Salvador Dalí. Este último no está montado aún, la obra que dirige Jesús Torres creo que puede ser muy interesante. La de Galdós sí tiene fecha de estreno, creo que es en octubre en Talavera de la Reina. Es un proyecto programado así que puedo decirlo.
Además, vuelve el crucero “El Barco Ochentero” en octubre, va a ser una locura cuando nos encontremos todos después de la pandemia. La gente de los ochenta es muy fiestera, y fíjate que yo soy más de los años noventa, pero también lo soy.

—S: Por último, algo que te gustaría destacar de la entrevista o de cualquier otra cosa. Algo que se te haya quedado en el tintero. Una declaración de intenciones, por ejemplo.
—A: Soy poco de declaración de intenciones. Solo quiero daros las gracias a vosotros por interesaros por mí y querer saber más sobre mi carrera profesional.

Ilustración: Kike García
Créditos fotografías: Jesús Mayorga
Vestuario: Traje de Lurdes Begada, Syngman Cucala. Camiseta de
Paco Varela. Gafas de L’Atelier Óptica.


Me siento muy orgulloso de todo lo que he hecho en mi carrera.
Absolutamente orgulloso.
-ANTONIO ALBELLA-

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